spot_img
spot_img

Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Juan Grandinetti estrenó «Antes del amor» en España y terminó el rodar en Uruguay: «Trato de mantener viva lo más posible la parte lúdica»

Juan Grandinetti atraviesa un presente laboral surcado entre dos orillas. Por un lado, en España el 16 de junio se estrenó Antes del amor, de nuestro conocido Beda Docampo Feijó. Al mismo tiempo acaba de concluir en Uruguay el rodaje del thriller de supervivencia Caza y pesca, dirigido por Guillermo Carbonell.

-¿Cómo definirías la experiencia de construir una identidad actoral en el extranjero siendo un actor argentino?

Supongo que eso es muy personal. A mí, por ejemplo, me toca en un lugar bastante reconocible. Mi mamá es catalana, es española. Entonces, tengo toda mi familia materna viviendo en Barcelona y desde muy chico que voy a España, a veces a visitar -más tiempo que otros-, a veces también a trabajar. Entonces, siempre fue como un lugar bastante parecido a una casa.

De todas maneras hasta el 2019, el año en que filmé mi segunda película en Madrid, no se me cruzó por la cabeza instalarme allí. A partir de esa película, esa experiencia y por varios factores que también pasaban por lo familiar (tengo sobrinas que en ese momento tenían 7 y 3 años), me dieron ganas de estar cerca de esa parte de la familia, de vivir el crecimiento de mis sobrinas. A partir de allí, lo laboral se empezó a armar. Fue como una confluencia de varias cosas. Y también fue un lindo desafío, porque si bien en España se encontraba la pata familiar -y la posibilidad de la contención-, tuve que empezar de cero a nivel laboral. En Argentina llevaba unos diez años trabajando; con momentos de más o menos continuidad, nunca me faltó. Pero debí dejar afuera ciertas certezas que ya había empezado a construir o ciertos lugares donde sabía que podía recurrir en caso de necesidad. Al comienzo me fue bastante bien, aunque enseguida se paró la actividad por la pandemia, entonces todo quedó como un proyecto trunco. Pero fue una experiencia muy valiosa, que me hizo crecer mucho más allá de lo laboral.

-Ahora se acaba de estrenar la producción española Antes del amor, dirigida por Beda Docampo Feijóo, un realizador que residió muchos años en la Argentina. ¿Qué desafíos específicos te planteó el estreno de esta película en España?

El primero es que no pude estar en el estreno. Y no es la primera vez que me pasa: siempre está esa cuota del trabajo de uno que condiciona los tiempos. Entre el momento en que está filmando y el que se estrena pasan un montón de cosas. No poder estar me generó el sentimiento de decir: «Qué cagada», porque después de tanto laburo que pusimos todos me quedé con las ganas de ver ese resultado final. Pero es parte del trabajo. Ahora me estoy adaptando a convivir mucho más entre España y Argentina. También en Uruguay: donde sea que aparezca el laburo. Si bien es verdad que mi intención siempre fue hacer un puente y tratar de ir y venir, el último año y medio empezó a jugar eso de estar tres meses allá y tres en Argentina filmando, constantemente.

-Aprovechás las oportunidades de trabajo, aunque en el camino haya que perderse situaciones como el estreno español.

No son pequeñeces. Pero parto de la base que es un privilegio poder viajar, trabajar y conocer. Antes del amor se filmó en Canarias y de allí me fui a filmar a Lavalleja, en la sierra de Uruguay. Nunca había escuchado hablar -probablemente por ignorancia- y de repente me encontré con un lugar muy lindo. El trabajo me da esta posibilidad de conocer esos lugares y a su gente.

-¿Lo entendés como un contrasentido filmar en España y Uruguay y no tener oportunidades en la Argentina?

Es una lástima, pero tampoco es la primera vez que pasa. A lo mejor, sí de una manera tan drástica. Así como te puedo nombrar a mi rubro, hay un montón de terrenos donde está pasando lo mismo. No deja de ser una tristeza muy grande. Me despierta una sensación de impotencia muy fuerte y de no poder entender claramente cuál es la razón, teniendo en cuenta lo que significa como identidad cultural y además, la cantidad de gente que vive y que depende de esto para poder seguir día a día con su vida. Es un momento bastante difícil y que lo siento como injusto.

-¿Qué es Caza y pesca, la película de Guillermo Carbonell que terminaste de rodar en Uruguay y en qué consiste tu personaje?

Es un thriller de supervivencia, palabra que bien cabe para hablar del «Chino», mi personaje. Él está atravesando por un momento bastante particular de supervivencia, más emocional, por el duelo de una separación y por una búsqueda personal que implica volver a encontrarse con él mismo. A raíz de eso organiza un campamento con sus dos amigos de toda la vida. Se van a pescar al lugar donde iban siempre. Logran combinar las tres agendas y cuando se reencuentran, empiezan a pasar algunas cosas. Como un encuentro bastante particular con un grupo de cazadores con quienes al principio no hay problema de convivencia. Pero después la película se va poniendo un poquito más densa e interesante y empiezan a haber ciertos cruces que cambian la óptica. Arranca como algo cotidiano de tres amigos reencontrándose, pasándola bien, cagándose de risa, pescando o lo que sea. Hasta que aparecen problemas externos que exponen la dinámica de los tres amigos. Sirve mucho como espejo para ver qué está atravesando cada uno de esos personajes.

-¿Encontrás diferencias entre filmar en España, en Argentina y en Uruguay?

Sí, sí. A lo mejor es un poco contradictorio, pero en algunas cosas muy pequeñas se ven diferencias muy grandes. Voy a caer en la generalización (hago esta salvedad porque obviamente cada situación es muy particular), pero por la experiencia que me ha tocado vivir y en lo que puedo dar cuenta de lo que difiere un poco, tiene que ver con lo cultural. En Argentina, que es el país en donde crecí y el que más conozco -tanto laboral como culturalmente-, somos una sociedad que ya en su fundación tuvo que rebuscársela, buscarse la vida, rebelarse, resolver. Capaz es un poco grandilocuente lo que estoy diciendo, pero en el trabajo veo esa diferencia. A lo mejor en España todo parece -entre mil comillas-, que funciona un poco mejor y que todo es más protocolarmente respetado. Y cuando hay alguna falla o algún error, primero se denuncia ese error, se eleva a otra instancia y luego se resuelve o se debate para resolverlo. En Argentina, cuando alguien tiene un problema lo primero que hace es resolverlo. Si no puede comunicarlo, mejor; si puede resolverlo no se pierde el tiempo. Y eso se puede traspasar a un montón de cosas. Muchas veces me han hecho la pregunta de cuán parecidos somos. Es verdad que en muchos aspectos somos muy parecidos, pero también somos muy distintos. Eso lo pude comprobar trabajando, haciendo teatro en España y en Argentina. Con respecto a Uruguay también hay diferencias. Pero es como marcar las diferencias entre filmar en Buenos Aires y en Córdoba. Hay una obviedad y capaz un cliché, pero siempre se habla sobre la parsimonia uruguaya, como del cambio menos en el que se vive. Eso se ve en el rodaje también. No es mejor ni peor: simplemente son características. Sí, es diferente y ahí es cuando yo más disfruto, porque me saca de un lugar en el que me puedo poner en piloto automático. Estar atento siempre es algo positivo. Esta bueno incomodarte un poco.

-¿Se toma conciencia del momento en que uno pone pìloto automático?

No es lo mismo mi trabajo hoy que hace diez años, en el que a lo mejor había cierta inocencia más presente, o incluso inconciencia. Hoy se me convierte en algo mucho más determinante porque es de lo que vivo. Entonces, se va perdiendo -aunque trato de que no sea así- cierta diversión que había en ese entonces y que inundaba todo, jugando cien por ciento. No digo que no existan esos momentos, pero también empiezan a aparecer otras cosas que tienen más que ver con el deber, o con la obligación. Me parece que el trabajo consiste en tratar de mantener vivo lo más posible la parte lúdica, y no sentir lo demás como un peso, sino como algo que viene con el crecimiento, con la adultez, por lo que uno tiene que empezar a pensar en otras cosas, mirando más a futuro, poniéndose más previsor o más calculador.

-Más allá del apellido Grandinetti, ¿en qué momento de tu carrera internacional sentiste que tu permanencia en los sets dejó de ser la continuidad de una tradición familiar para transformarse en una necesidad permanente tuya?

Fue virando bastante y no creo que se vaya a instalar nunca fijo en ningún lugar, sino que va a ir moviéndose constantemente. No me pasa lo mismo a la hora de trabajar con mi viejo que sin él. He tenido la oportunidad, la suerte y el disfrute de trabajar con él en varias ocasiones y las sensaciones que van apareciendo son diversas. Me ha pasado y me sigue pasando que muchas veces me llaman por el nombre de Darío. Y yo me divierto, no reniego de dónde vengo, no lo tomo ni lo interpreto ni lo recibo como un insulto o una falta de respeto. ¡Todo lo contrario! Siento mucho orgullo de tener el padre que tengo. Como también de mi madre, que no se cuela tanto en estos ámbitos porque capaz no es conocida. Ante esto hay dos opciones: renegar o abrazarlo y disfrutarlo. Yo miro a los dos y siento un orgullo muy grande de venir de donde vengo. Que me confundan con ellos es un halago. Y en este mundo también está mi hermana, Laura. Es un privilegio poder compartir el oficio con la familia y poder intercambiar dudas, opiniones, consejos. No todos tienen eso.

Julia Montesoro

Related Articles

GPS Audiovisual Radio

NOVEDADES