Esteban Lamothe multiplica su imagen y sus actividades en las diversas disciplinas del arte. Protagoniza la puesta teatral Secreto en la montaña, coprotagonizada por Benjamín Vicuña y dirigida por Javier Daulte, que se presenta de jueves a domingos en la sala Multiteatro. La obra adapta del cine el famoso relato de los cowboys que se conocen en 1963. A lo largo de los años, ambos deben luchar contra sus propios deseos reprimidos y una sociedad conservadora que los obliga a verse a escondidas.
Protagoniza Envidiosa, la serie de comedia dramática romántica que se emite por streaming, junto a Griselda Siciliani y Benjamín Vicuña, entre otros. Acaba de lanzar su libro de poesía Ser comadreja, editado por Caleta Olivia Editorial. Además, terminó de rodar en Brasil Glaxo, dirigido por Benjamín Naishtat. Y prepara otra obra teatral, a estrenarse en los últimos meses del año.
-¿Cómo recibe el público una obra que es una adaptación de una película muy popular, más allá de que su origen es un cuento?
Notamos que la mayoría del público que va al teatro no vio la película. Y se arma otra cosa, un clima diferente, en el que se comparte la experiencia con la gente y se va muy emocionada. A priori la gente puede decir: son dos actores famosos de la tele, de las novelas, de las series, mucho más grandes que los actores que hicieron la película en su momento. Pero es hermosa la historia y lo que se puede hacer con eso. Por eso se genera un nivel de conexión espectacular.
–Secreto en la montaña plantea una relación homosexual, en el contexto de un fuerte rechazo oficial a las diversidades y las identidades. ¿Este panorama los condiciona, los limita?
No. Espero que no. Nosotros trabajamos este material con un nivel de compromiso y de entrega. Creemos que tenemos que contar esta historia de amor con mucha intensidad, dando todo arriba del escenario. Obviamente, historias así con discursos como los que hay hoy resuenan el doble. Y no sabría decirte si eso es mejor o peor para la obra. Pero es bueno que se den esos debates, esos discursos. Que se hable de las cosas. Ir al teatro es un gesto político. Es un contexto con unos discursos superhomofóbicos, hay como un regreso de unos discursos diabólicos.
-¿Secreto en la montaña se resignifica como una obra política?
Sí, pero sin proponérselo: no es que alguien dijo «armemos una carpeta». Eso me parece interesante. Y no solamente por la temática de la obra y porque cuenta la historia de amor entre dos hombres en un contexto tremendo (mucho peor incluso que el de ahora). Si bien, lamentablemente, hay días que uno dice «¿che, cambiaron las cosas o no cambió nada?». Pero más allá de eso, sí se recontraresignifica mucho.
-¿Cómo te preparaste para interpretar a Ennis del Mar, un personaje marcado por la represión y los silencios?
Yo soy de un pueblo y hubo un momento de mi vida, sobre todo en toda la adolescencia, que tuve mucho contacto con el campo. Tenía un primo y un amigo que tenían campo e iba a veces y además me quedaba los veranos ahí, con los gauchos. Conozco esa gente porque viví en un pueblo muy chiquito hasta los 17 ó 18 años. Estuve en el campo mucho, anduve a caballo; algo de ese espíritu yo sabía. Otro tema fue cómo actuar la contención. Porque ese tipo, Ennis del Mar, lo último que quiere es enamorarse de un tipo. Pero el deseo está ahí, aunque él todo el tiempo trate de negarlo. Por eso es muy lindo de actuar. Los personajes que tienen una contradicción tan grande son los más jugosos, los más interesantes para los actores. Siento que me estuvo esperando este papel un montón de tiempo porque me permite hacer un montón de cosas. Y va a un montón de lugares que tenía ganas de hacer.
-¿En qué género ubicás la obra?
Es un melodrama. Como una de Alberto Migré. O de Tenessee Williams. Un melodramón que también tiene partes graciosas, porque el enamoramiento siempre tiene que ver con el humor. No te enamorás de alguien que no te hace reír. Además de que uno no elige de quién se enamora. Creo que es eso.
-Ese es el leitmotiv de la obra. O por lo menos así la presentan en la campaña de prensa: uno no elige de quién enamorarse.
Nunca mi personaje elegiría enamorarse de su compañero, del otro vaquero. Es lo último que haría. Y sin embargo le pasa.
-Además los silencios son muy contundentes en este personaje, porque representa la represión de estos deseos de los que hablás.
Es un tipo que no puede verbalizar las emociones, lo más lejano del psicoanálisis… y al mismo tiempo es tímido y es más tosco, más rudo que el otro: el personaje de Jack Twist es más histriónico. Lo trabajé así pensando en eso. Y también ayuda la puesta que hizo Javier Daulte, porque con un silencio de 10 segundos tenés que contar que está callado hace 3 horas. Y en el teatro tampoco podés hacer un plano abierto y mostrar las Rocallosas con las ovejas. La obra es realmente distinta a la película y al mismo tiempo tiene ese espíritu.
–¿Cómo trabajaron las escenas eróticas?
Yo sacándome el pantalón (Risas). No tengo el prejuicio de decir «esto lo hago, esto no lo hago». Mostrar el pito o el culo o hacer una escena de sexo realista siempre tiene que ver con el director. Me apoyo en eso. No tengo miedo de nada si confío en el capitán. Puedo hacer cualquier cosa; tanto las escenas de besos (que son realmente muy intensas y muy verdaderas), como que se me vea el culo. Está al servicio de un cuento relindo. No lo tuve que trabajar por separado: simplemente, ocurre eso.
-¿El teatro te permite otros recursos actorales que por ahí no te suceden en el cine o en las series?
Son deportes distintos, profesiones distintas: el actor de teatro y el actor de películas no tienen nada que ver. El ritual, la forma, la continuidad que tiene el teatro no existe en otro lugar. También aplica con respecto a lo político: hoy, con el uso de la inteligencia artificial y los recursos digitales, el teatro se convierte en más político todavía. Porque vas a ver a unos tipos que se ponen un sombrero de cowboy y tenés que creer que estás en Estados Unidos en el año 1900 y eso es un acto de fe supremo.
-En el teatro se despliegan otros recursos.
Sí, sobre todo emocionales. Hay escenas largas donde vos como espectador ves que le dicen una cosa y que esa cosa lo atraviesa. Hace fuerza para que eso no le ocurra, pero de repente se derrumba. Eso en una película tiene que ocurrir si una escena está bien hecha, si bien está el montaje. Pero en el teatro es directamente algo muy primitivo.
-Pero el cine te interesa y te convoca. Recientemente rodaste en Brasil la nueva película de Benjamín Naishtat, Glaxo. ¿Qué sensación te deja saber que el cine argentino tiene que desarrollarse en otro país?
¡Sí! Filmé Glaxo con Benjamín y estoy recontento porque soy fan de sus películas y quería trabajar con él. Aunque tengo una participación pequeña estoy muy agradecido. Allí también están Alan Sabbagh, Manuel Fanego, Esteban Bigliardi, Lali Espósito y cuatro actores que hacen de ellos cuatro cuando son jóvenes. Creo que esa película va a presentar una camada de actores nuevos muy buenos.
Me genera tristeza que no se haya filmado en la Argentina, pero quiero pensar que va a cambiar. No es un momento de mucha ilusión, de mucha esperanza porque las cosas no están bien en ese sentido. El Estado no está haciendo absolutamente nada por el cine argentino; más bien hace todo lo contrario bastardeándolo, atacándolo sistemáticamente, desfinanciándolo. Una cosa tan importante que es la identidad de un país, de lo nacional. ¿Qué es el nacionalismo para mí? Es el cine, nuestras películas, así como la música, las cataratas o los gauchos. Todo aquello que nos identifica. Desfinanciar eso es despreciar tu patria, tu país.
Sin embargo, un artista tiene que seguir fluyendo. Y Benjamín terminó filmando igual la película, aunque sea en Brasil. Siempre es preferible que un artista haga su obra a que nos frenen.
-Entre las diversas disciplinas que definen a un artista, acabás de lanzar tu primer libro de poesía, Una comadreja. ¿Qué te impulsó hacia la literatura?
Soy bastante lector, pero desde hace unos cinco o seis años casi leo solo poesía. Y hace unos tres o cuatro años empecé a escribir. Me junté con Clara Muschietti, que es una poeta que me encanta, joven y a la vez consagrada. Ella me ayudó a encontrar mi voz poética -si es que existía primero- y cuando empezó a aparecer, a trabajar sobre ella. Es un libro medio bonaerense, que tiene que ver con mi infancia y también habla un poco de la adolescencia, del encuentro con una persona nueva. Los poemas giran alrededor de eso.
-¿Cómo se vincula tu poesía con la imagen de una comadreja?
Me gusta ese animal. Había muchas cuando yo era chico en Ameghino; se veían, andaban por ahí en el pueblo. También hay un poema que habla de la comadreja. Me inspiraron y además mi mamá, que es una pintora bárbara, pintó una y la puse en la tapa.
-¿La escritura te lleva también al cine?
Tengo un guion terminado hace mucho que se llama La mitad de la vida o el remisero absoluto, escrito con Adrián Biniez (el director de El 5 de Talleres) y Juan Manuel Bordón. Se trata de un policial. Con los productores, Iván Eibuszyc y Juan Pablo Miller, estamos en la etapa de búsqueda de financiación.
-Mientras esperás la posibilidad de rodar tu propio guion, terminaste de grabar una serie, Sanamente, sobre salud mental.
La terminé de grabar hace un mes, dirigida por Daniel Barone, con un texto escrito por Darío Tursi con Fernando Krapp y Dana Crosa y con la participación de Inés Estévez, Juan Navarro, Martín Rechimuzzi, Camila Peralta, Gustavo Bassani y Ariadna Asturzzi. Es una producción de Pol-Ka.
-¿Cómo te sentís en este momento de tu carrera con este tipo de personajes tan potentes?
Llegaron en un momento que tenían que llegar. Si Envidiosa llegaba después, iba a ser muy grande para el personaje. En relación a Secreto en la montaña, yo también me ocupé de prepararme como actor para recibir un proyecto así y sentir que lo puedo hacer bien. Me cuesta hacer teatro y algo audiovisual simultáneamente. Esta fue la primera vez y lo hice porque realmente me gustaban mucho los guiones. Me agarra en el mejor momento posible. Estoy solo agradecido por eso.
-Y te metiste de lleno a hacer las dos cosas.
De lleno y fascinado con las funciones, con lo que me pasa a mí actuando y lo que me pasa con la gente. Y además en agosto hago otra obra. Tengo un grupo de teatro hace 20 años con Esteban Bigliardi, Pilar Gamboa y Susana Pampín que se llama La Compañía del Silencio, en el que Romina Paula dirige y escribe. Vamos a reponer una obra que hicimos hace unos quince años en el teatro off, una adaptación de El zoo de cristal, en el Paseo La Plaza los martes. El año pasado la hicimos en un festival en Barcelona y en Reims y nos gustó mucho volver después de 15 años.
Julia Montesoro


