El director y guionista Gustavo Postiglione finalizó el rodaje de su nuevo largometraje de ficción, Chejov en Rosario, protagonizado por Julieta Cardinali y realizado íntegramente por un equipo artístico y técnico santafesino.

La película propone un cruce entre la obra de Antón Chéjov y la realidad contemporánea de la ciudad. En un teatro independiente rosarino, un director y dos actrices se reúnen para ensayar textos de El jardín de los cerezos y La gaviota. Lo que comienza como un proceso de trabajo escénico empieza lentamente a desbordarse: las tensiones personales, la fragilidad de los espacios culturales y la crisis del presente se filtran en el ensayo hasta volver difusa la frontera entre ficción y vida.
Con humor, melancolía y una atmósfera de misterio, Chejov en Rosario construye una historia sobre la necesidad de seguir creando en tiempos de incertidumbre. La ciudad no funciona como simple escenario, sino como parte activa del relato: sus teatros, sus calles, su clima urbano y su identidad cultural atraviesan la película.

«A fines del año pasado y luego de empezar a trabajar con mas asiduidad en teatro que en proyectos cinematográficos, comencé a pensar que en esta realidad ya no iba a poder volver a filmar en las mínimas condiciones que se necesitan para encarar una película. Vivimos en el tiempo abrumador de las multipantallas, que nos llevan a ver siempre la misma película, aunque tenga nombres diferentes, actores diversos o aborde distintos géneros o temáticas. De a poco las películas y las series se transforman en la música de la sala de espera y aquello que naturalmente nos acercaba a una sala, en una antigüedad no tan lejana, parece ser borrado de la memoria colectiva. De la misma manera que ya no escuchamos un disco de punta a punta, sino que necesitamos la variedad de la playlist. Hoy el cine deja de ser cine para ser un entretenimiento que depende de la app a la que estemos abonados. Y si le sumamos la falta de recursos para nuestro cine, estamos frente a una verdadero estado de desolación.
Hace unos meses intercambiamos unos mensajes con Julieta (Cardinali) y hablamos de volver a hacer algo juntos y fue allí que de repente recordé a Chejov y el hecho mismo de que sus relatos, sus obras transitan por un territorio en donde vemos, presenciamos y escuchamos situaciones que aparentemente son banales, triviales, pero detrás de las palabra hay algo que no se dice, que se calla pero que habla de su tiempo, de su realidad, de un momento histórico. Y sí Chejov es contemporáneo y tal vez también hable de nosotros.. La sintonía que logramos con Julieta en Singapur (la película anterior), un proyecto muy extremo y que nos llevó unos años, fue muy buena y encontré en ella una actriz con ganas de apostar e ir mas allá de lo que habitualmente se anima cualquier actriz o actor que tienen un prestigio y trabajo consolidado. Sumémosle a esto que es una actriz de versatilidad y talento enorme. Ella disfruta de nadar en las aguas turbulentas de la
incertidumbre, del arte que se anima a desafiar las reglas que ella misma juega habitualmente. El riesgo supone siempre un desafío y los resultados pueden consolidar o destruir las ideas que lo sostienen. En este caso dimos un paso mas hacia un vínculo director-actriz que son de los que siempre sueñan los directores o al menos yo (y quizás también los actores), que supone un entendimiento y una confianza que es necesaria cuando nos jugamos con proyectos como estos, en donde las variables económicas o la idea del éxito no es lo que nos empuja, sino el hecho artístico en sí mismo. Entonces iniciamos una nueva aventura con una banda de personas, colegas y amigos, equipo técnico, actrices y actores, que creemos que hacer, es mejor que esperar que cambien las condiciones, aunque “el hacer” sea con lo que tengamos a mano. El hecho cooperativo bien entendido puede hacer posible una película en los tiempos que corren. Una peli que a su vez pone un espejo frente a actrices y un director que ensayan una obra de teatro. Una peli que también es el espejo de la desolación ante el hecho creativo, ante el destino incierto de una sala de teatro. Y ahi aparece Chejov que llega a Rosario, traducido para esta ciudad, apabullante, encantadora y salvaje. Volver a filmar es un acto de amor en medio de la incertidumbre de una obra que no sabe de destinos. Empecé a hacer una película que surge del deseo pero sin certezas. Hoy hacer cine también es poder sobrevivir en una realidad que se nos impone complicada, pero como siempre, el arte salva, nos salva», reflexionó Postiglione acerca de su nuevo trabajo.

Chejov en Rosario se realizó bajo modalidad cooperativa y representa una de las pocas producciones de ficción previstas en Santa Fe durante el año, reuniendo a artistas y técnicos locales junto a la participación de Julieta Cardinali, quien se sumó al proyecto como protagonista e impulsora de la iniciativa. Esta es la tercera colaboración entre la reconocida actriz y Postiglione. Las anteriores fueron el cortometraje Vidas privadas, incluido en la película sobre relatos de Fontanarrosa estrenada en 2017, y Singapur (2024), proyecto independiente y experimental rodado a lo largo de varios años y exhibido en festivales nacionales e internacionales.
El elenco se completa con Claudia Schujman, Juan Nemirovsky, Daria Obukjova y Gustavo Postiglione. Producción: Andrés Nicolás y Fernanda Taleb. Dirección de fotografía: Marcos Garfagnoli. Asistencia de dirección: Camilo Postiglione. Dirección de arte: Carolina Cairo. Sonido: Alexis Kanter. Música: Gustavo Postiglione y La Banda Imaginada


