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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Julieta Cardinali protagoniza la obra «No tiene un desgarrón»: «Es importante refugiarse en lo colectivo porque abre la posibilidad de reflexionar»

Julieta Cardinali protagoniza en Dumont 4040 la obra teatral No tiene un desgarrón, acompañada por Vera Spinetta y dirigida por Rita Cortese. Se trata de una adaptación de Heldenplatz del austríaco Thomas Bernhard, uno de los maestros de la ficción contemporánea. Escrita hace 40 años, tiene una profunda resonancia con la actualidad, porque habla del avance de los discursos de odio.

-¿Con qué se encuentra el público que va a ver No tiene un desgarrón?

Se trata de una adaptación de Plaza de los Héroes (Heldenplatz), una obra de Thomas Bernhard que originalmente tiene tres actos. Rita Cortese la presentó hace muchos años en el San Martín y en esta nueva versión hicimos una adaptación del primer acto, con dos mujeres -Vera Spinetta y yo-, dirigidas por la propia Rita Cortese. Estas mujeres están en un departamento en Austria desarmando la casa donde acaba de fallecer el jefe de ellas. La obra gira en torno a una conversación entre ambas. Y es de una actualidad absoluta porque habla sobre el avance de las derechas, de los discursos de odio, de la vuelta del nazismo, del avance del fascismo. ¿Y qué pasa con la gente que se queda fuera del sistema? ¿Qué pasa con estas dos mujeres que se acaban de quedar sin trabajo y no saben para dónde van a ir?

La obra habla desde un lugar poético. El personaje de Vera viene a echar un poco de luz a esta situación, en tanto que mi personaje, que es más grande, ya pasó por muchas situaciones y empezó a descreer de que las cosas puedan ser de otra manera. Es también una conversación entre dos generaciones.

-¿Cómo construiste a esta mujer con mucho camino recorrido, que transita entre el silencio y la ironía?

La construimos con Rita, con quien yo tenía muchas ganas de trabajar. Es la primera obra de teatro que dirige y demuestra que es una gran directora de actores. Le dimos mucho tiempo a la construcción de este personaje, porque la obra se arma a través de sus textos. Ella habla a través de este profesor que es su exjefe, de cómo ella se siente desplazada, desclasada. O sea: habla a través de la boca de una persona que tiene otra realidad absolutamente distinta a la que tiene ella. Nos pasa mucho que la gente nos espera a la salida del teatro para conversar sobre lo que escucharon. Eso me parece lo fascinante de esta obra, porque conversa mucho con la actualidad. De hecho, nos preguntan si fue escrita ahora. Y fue escrita en 1988.

-El público se reconoce en estas situaciones tan vigentes sobre un texto que fue escrito en los 80: los discursos de odio, la discriminación, la falta de trabajo, de oportunidades… Está muy presente a nivel global, pero parece que describiera a la Argentina, ¿no?

Sí, absolutamente. Empezamos esta obra hace dos años: hicimos unas funciones en el 2024, después hicimos otras en el 2025 y entendimos que el texto es lamentablemente cada vez más actual. Volvimos con la obra este año. Dijimos: «Bueno, hacemos un mes más y frenamos». Pero los textos cobraron otra realidad, otra conversación. Y la gente sale muy conmocionada.

-No tiene un desgarrón nació del deseo genuino de hacer teatro independiente entre amigas. ¿Subirse a un escenario para recrear este tipo de textos, esta obra, es un acto de rebeldía, de refugio colectivo, de resistencia?

Es de resistencia. Y me parece que la palabra que ibas a decir define muy bien: refugio. Es un refugio para nosotros, para los actores, para los directores, para los técnicos que están trabajando con nosotros. Decir estos textos en este momento y que la gente venga a escucharlos, es un alivio también. Es importante refugiarse en lo colectivo. Hay otras posibilidades de reflexionar y la gente tiene ganas de escuchar. Va al teatro a ver una obra como esta porque le ayuda a reflexionar sobre lo que está pasando. A entender por qué volvemos siempre a los mismos lugares, qué repetimos, qué deberíamos dejar de repetir. Habla mucho poéticamente de que somos un pueblo musical y que podríamos dejar de serlo, un mensaje de alerta que se entiende perfectamente.

-¿Por qué esta obra hoy?

Estuvimos un año sin hacerla. Cuando nos juntamos a ensayar, agregamos algunos textos para llegar de una manera distinta al final. Y lo que pasó con la obra en su totalidad, una vez que la presentamos y vimos la respuesta, fue que es cada vez más actual. Cada vez que decimos esos textos son más actuales. Esta obra es una propuesta para este momento. Conversar con la realidad de este momento con una obra escrita en 1988 es una decisión. Quisimos hablar de esto, conscientemente.

-Al mismo tiempo que te presentás en el teatro independiente terminaste el rodaje de Chéjov en Rosario, bajo la dirección de Gustavo Postiglione. ¿Qué libertades encontrás en el cine independiente y de autor, que difiere radicalmente del otro cine, el más mainstream?

Son dos cosas muy distintas y al mismo tiempo hacemos lo mismo: estamos contando historias, y trabajando de lo que sabemos y queremos. Postiglione tiene una libertad a la que muy pocos se atreven. Más allá de que en este contexto hacer ya es un acto de rebeldía, tanto No tiene un desgarrón como su obra son dos cooperativas donde las cosas se hacen por amor al arte y vamos para adelante con lo que tenemos. Por supuesto que es mucho más difícil. Es la tercera película que hago con él. Yo lo admiro. Admiro que en este momento haga esta película. Nosotros tenemos que seguir para adelante, tenemos que seguir haciendo. Aunque la situación no sea la ideal, frente a una industria que está frenada, con mucha gente que quedó fuera del sistema sin trabajo. No tenemos que dejar morir nuestra industria. No tenemos que dejar morir lo que hacemos.

-Pasado el impacto de Belén, después de tantos reconocimientos y tanta recorrida nacional e internacional, ¿pensás más en el compromiso social como parte de tu búsqueda?

Estos tres últimos trabajos tienen un compromiso social absoluto. Empezando por Belén, que trae un tema tan importante como el aborto. Es muy interesante que esté en una plataforma y que se vuelva a hablar de nuestros derechos, que siempre están siendo cuestionados, en lo mainstream también. Yo estoy muy orgullosa de que estos últimos tres proyectos tengan una mirada social. Algunas son elecciones mías; en otros casos, como en Belén, me llamó Dolores. También soy consciente de que soy una actriz, que cuenta otras historias también: de hecho, lo último que estrené fue Envidiosa, que es una comedia y habla de otros temas y también fui muy feliz haciéndolo. Pero me parece que nuestro trabajo requiere una conciencia social que es necesaria.

-Tu personaje en Belén representa la falta de ética y de compromiso, justamente lo opuesto. ¿Cómo fue la tarea de componerlo?

Teníamos claro con Dolores que no queríamos la maqueta. Era un personaje border, entonces había que agarrarlo para que no sea una maqueta. Lo trabajamos mucho con Ezequiel Díaz, que además de ser actor también es coach. Dolores es una gran directora de actores. Al ser actriz sabe cómo pedirte, conoce mucho los límites y sabe cuándo te estás pasando. Y tiene un ojo muy elegante para dirigir.

¿Te resultan más atractivos porque te ponen en otro desafío, en otra cuerda, como decir «la mala de la película»?

Así como el personaje de Dolores buscaba traer la justicia a este caso, mi personaje es la cara de la injusticia. Alguien que no está comprometido con lo que hace, que se quiere ir a su casa, que además es prejuiciosa, que piensa que Belén se tiene que conformar con lo que le pasó. Intentamos que no fuese una caricatura. En verdad, esta persona existe y existen muchas como ellas. Cuando Myriam Bregman vino a ver la película me dijo: «Te llevaría conmigo… conozco un montón como ellas». Quisimos hacer a una persona real y creo que lo pudimos cumplir. Es lo que uno trata cuando hace estos personajes que están alejados de cómo uno piensa, de lo que uno diría o de lo que uno haría. Me ha tocado hacer un montón de personajes que están muy alejados de lo que yo haría. Esto es lo interesante de contar historias.

Julia Montesoro

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