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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

DIRECTORAS, el ciclo de Género DAC y GPS Audiovisual presentan «Baldío», de Inés de Oliveira Cézar, en Cine Arte Lumière

DIRECTORAS, el ciclo de Género DAC y GPS audiovisual en la sala virtual de Cine Arte Lumière (www.cineartelumiere.com.ar), presenta Baldío, de Inés de Oliveira Cézar, el viernes 25 a las 20hs. La presentación se realiza a partir de ese horario, en forma gratuita.

Protagonizada por Mónica Galán (en su último trabajo), Gabriel Corrado, Nicolás Mateo y Rafael Spregelburd, Baldío (estrenada en 2019), explora el camino de una madre que no asiste al mecanismo de destrucción de un hijo adicto al paco.

-Baldío fue una iniciativa de Mónica escrita con Saula Benavente. ¿Cómo fue emprender el camino de esta película entre las tres? ¿Qué aportó cada una de ellas a tu propia mirada?

Mónica y yo éramos muy amigas, y yo también soy muy amiga de Saula. Con Mónica nos interesaba llevar una historia de estas características al cine, por motivos personales y cosas que nos unían. Habíamos filmado La otra piel (que se estrenó en 2018). Allí Mónica también hizo el rol de madre, y con Saula estuvieron muy pegadas. Pero allí sucedió que Mónica sabía que la cosa venía fulera y decidimos rápidamente llevar adelante este proyecto, porque ella tenía muchas ganas de hacerlo y quizás nos íbamos a quedar sin tiempo para realizarlo. Yo al principio estaba muy asustada porque me parecía que, con los tiempos exiguos que teníamos, no íbamos a llegar. Pero contra todo pronóstico, creo que fue la película más fluida que hice en mi vida, y más angelada en todos los sentidos. Pese a que Mónica estaba enferma y que yo tenía dudas si ella iba a aguantar un rodaje tan fuerte. Pero ella estuvo espléndida. Ese rodaje fue la manera que elegimos de despedirnos. No solo con Mónica, también con Saula que es la sobrina y con Graciela Galán, que es la hermana y que hizo la dirección de arte. Éramos como un matriarcado, un grupo de minas con un plan. Mónica no quiso que todos supieran que estaba atravesando ese momento, ni que se hiciera alguna diferencia. Llegó a ver un primer corte de la película, y estaba feliz realmente. Lamentablemente no llegó al estreno.

-¿Cómo se distribuyeron los roles entre Mónica y Saula y qué te aportó cada una?

¡Eramos una banda! Cuando salimos a rodar, internamente lo teníamos cocinado. Había un trabajo claro respecto de lo que se quería contar. Cuando escribimos el guion con Saula me asusté, porque al día siguiente que empecé a guionar esta historia que veníamos imaginando, y la llamé para decirle “tengo que comunicarte que no puedo dirigir esta película si no es en blanco y negro”. Ella me contestó: “ay, ¡qué bueno!”. Cuando le dije a Graciela Galán, la directora de arte, directamente estaba exultante de felicidad. Y Mónica ni hablar: siempre habíamos hablado de hacer una película blanco y negro. Teníamos muy claro que debía ser en blanco y negro porque la temática es muy fuerte, con situaciones impresionantes

-El tema no solo es la conducta de un chico, sino la de la madre.

 Trata de lo que le pasa a esa madre. Y Teníamos muy claro cuál es el eje de lo que nos interesaba narrar: esa soledad que atraviesa esa mujer por lo que le pasa por el hijo, no solo por la disfunción que tiene en su relación del padre con el chico, sino por lo disfuncional que se vuelve tener que atravesar algo así a nivel social. Socialmente es muy difícil una contención frente a situaciones tan complejas, con un chico que ya es grande además, con lo cual tu rango de acción está muy limitado porque no podés tomar decisiones por él, es mayor de edad. Hay situaciones que la dejan realmente muy sola, y de eso queríamos hablar con Mónica.

No me interesaba la cosa espectacular de ver a un chico totalmente drogado. Por eso tenía que ser en blanco y negro.

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