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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Tino Pereira, codirector con Candela Vey del documental sobre Vlasta Lah: «Cuando ella filmaba no había otra cineasta latinoamericana que hiciera ficción»

Tino Pereira, junto con Candela Vey, es director del documental Vlasta, el recuerdo no es eterno, repararon una injusticia histórica al recuperar la mirada de la pionera que desafió a la industria cinematográfica de los años 60. En el inicio del periplo europeo, el documental se presentará en el Festival de Cine de Pula, en Croacia, la localidad natal de Vlasta Lah. La película aun no fue estrenada comercialmente en Argentina, aunque prosigue su periplo de festivales.

-¿El Festival de Cine de Pula los buscó a ustedes o ustedes se propusieron llevar el documental al certamen?

Un poco y un poco. Veníamos hablando con la municipalidad de Pula desde hace un par de años, cuando inauguramos el Festival de Cine Latinoamericano de Trieste con el cortometraje sobre Vlasta. Aprovechamos que las dos ciudades estaban cerca; de hecho, Vlasta vivió mucho tiempo en Trieste. Tuvimos una cita con representantes de Cultura del gobierno y ahí surgió el tema del festival. Desde ese momento empezamos a activar la idea. Es como suceden en general muchas veces las cosas, ¿no? Costó porque es una programación muy vasta. El Festival de Cine de Pula tiene muchísimas películas, es bastante largo. Pero surgió entonces la idea de hacerle un homenaje, que de alguna manera replica lo que pasó también en Mar de Plata y en otros festivales. Consiste en mostrar sus dos películas (Las furias y Las modelos), recuperadas a partir de una copia de la Fundación Cinemateca Argentina -que es donde encontramos sus películas- y que fueron digitalizadas por Gotika. Ahora, también estamos viendo si le podemos poner una placa a la casa donde ella nació y vivió en Pula.

-Después del paso por el Festival de Mar del Plata se abre una etapa de recorrido europeo del documental. ¿Qué nuevo sentido le encuentran a lo que está pasando y a la película?

En general, los documentales que tratan sobre un personaje histórico suelen tener, en cierto sentido, un recorrido acotado: si el personaje no tiene nada que ver con el lugar, no hay forma de asociarlo. Muchas veces los programadores de los festivales te dicen: «El documental está buenísimo, nos interesa todo, pero acá esa figura no interesa, no la conocen». Entonces, a veces termina primando eso sobre la calidad artística de la película. Eso lo sabíamos. Por eso nos focalizamos en festivales de cine de mujeres, cine feminista, y por otro lado festivales en Italia, que fue donde ella hizo su carrera, se formó y donde conoció a Catrano Catrani, que también fue director de cine argentino. En Italia la película estuvo en varios festivales y Pula era la frutilla del postre, porque sentíamos que tenía que estar ahí sí o sí, porque es una ciudad que no conoce mucho esa herencia. De hecho la figura, que le da el nombre al cine del lugar, es Alida Valli. Es la única persona que tienen como símbolo del cine croata o del cine de Pula. Ahora trataremos de sumar a Vlasta Lah.

-¿Cómo creen que va a resonar el documental ante el público croata cuando se enteren de quién fue Vlasta Lah, pionera del cine latinoamericano y a la vez una compatriota de ellos?

Esperamos que bien. A la vez, estamos intentando que traduzcan el libro que hicimos sobre ella (Por ser mujer). Puede ser al croata o al italiano porque Pula está cerca de la frontera y la gente en general es bilingüe. También, para que se termine de dar a conocer una figura en cualquier ámbito. Es un trabajo bastante largo, que lleva mucho tiempo, que nosotros seguimos haciendo en Argentina. Y ahoa estamos tratando de replicarlo en Pula.

-¿Cómo sigue el periplo europeo?

En Pula, el jueves 16 se presenta el documental y el fin de semana se van a dar sus dos películas en el cine Alida Valli. De ahí nos vamos a Finlandia, para presentar la película en el cine de Aki Kaurismäki. Es una sala que él tiene en su ciudad natal, Karkkila, que se encuentra a una hora y media de Helsinki. De una fundición abandonada, él y otros socios crearon un cine. Es una comunidad muy pequeña -de unos ocho mil habitantes-, pero se hacen movidas culturales y se pasan películas. Luego vamos a Madrid, al mítico Cine Doré, donde ya habíamos presentado hace unos años una versión digitalizada de Las furias, que tuvo sala llena para nuestra sorpresa absoluta. De nuevo hacemos este triple programa: nuestro documental y las dos películas de Vlasta Lah.

-¿Cómo surgió esta posibilidad de presentar la película en la sala de Kaurismäki? ¿Cómo llega a él la existencia del documental?

Estas cosas suelen suceder porque uno empuja y va tirando líneas. Cuando uno viaja a Europa quiere aprovecharlo al máximo y empieza a buscar lugares. Surge de decir: «Bueno, ¿y si conocemos Helsinki?». Y Helsinki es Kaurismäki, y Kaurismäki tiene un cine. Empezamos a charlar, fueron súper abiertos y les interesó la película. A veces es así de simple, ¿no? A veces a uno le da vergüenza, piensa: «¿A quién le va a interesar?». Nosotros en ese sentido ya hemos perdido toda la vergüenza: vamos y preguntamos. Todos los lugares que conseguimos para presentar la película es porque vamos, lo peleamos y lo charlamos. El mundo del documentalismo… Bueno, ustedes lo saben: el director es el productor, el distribuidor, hace un poco de todo.

-En este trabajo que vienen haciendo con Candela. ¿Cómo dialoga el documental con Por ser mujer, el libro biográfico, que llegó antes que el documental?

La primera idea que habíamos tenido fue hacer el documental. Somos documentalistas, lo pensamos de esa manera. Pero cuando quisimos empezar a hacerlo -hace unos 10 años-, nos dimos cuenta de que no sabíamos nada de esa figura y que no era muy fácil conseguir información. Fueron muchos años de investigación para conocer algo de ella. Terminó siendo tan profunda, nos apasionamos tanto y tuvimos tanta cantidad de información, que pudimos prácticamente reconstruir su vida año a año. Y ahí nos dimos cuenta de que no podía acotarse a un documental, que había que hacer un libro. Ahí escribimos la biografía donde están todos los datos duros, reflejamos toda su vida y también de alguna manera eso nos liberó para hacer el documental. No queríamos que fuera un documental televisivo de cabezas parlantes, sino que fuera otra cosa. Entonces nosotros siempre decimos: «La información está toda en el libro». El documental es otra cosa, es un poco el diario de nuestra búsqueda, ¿no? Y a partir de eso habla de otras cosas de las que no habla el libro también.

-¿Y qué aspectos novedosos tiene el documental, teniendo en cuenta esto que decís vos?

Justamente narra toda la dificultad que tuvimos para encontrar la información y cómo fue apareciendo a veces de maneras muy insólitas o cubriendo muchas partes del globo. De hecho, hay una parte del documental que nos gusta mucho, que es una secuencia de animación, donde al hijo de Vlasta Lah, Víctor Catrani, lo terminamos encontrando gracias a la tumba de una hermana de Vlasta que estaba en Australia. A partir de ahí, en Australia encontramos unos familiares que nos pasaron el teléfono del nieto de Vlasta, que estaba trabajando en Birmania. Y de ahí llegamos a Italia. Tratamos de reflejar ese recorrido, cómo fuimos yendo a cada lugar.

Otra parte importante del documental habla sobre la problemática tan nuestra de la conservación. El problema que hubo para encontrar sus copias, que se pensaban perdidas y que luego aparecieron. Y el problema de qué hacer con esas copias cuando aparecen. El documental toca esas temáticas. También nos interesó tomar sus cartas, una fuente primaria muy importante para el libro, pero con un carácter más sentimental, más emocional. El libro tiene un lenguaje prácticamente académico y nuestro propósito fue dejar algo para que los que vayan a investigar, sea a Vlasta o a otras pioneras de ese momento o posteriores, tengan una base de dónde agarrarse y no tengan que hacer el trabajo que hicimos nosotros. De la misma manera que nosotros nos basamos en un montón de libros de académicos que nos precedieron y agradecemos un montón porque nos simplificaron mucho el trabajo. El trabajo académico es un poco esto: tomar la posta del anterior y seguir. Quisimos hacer un trabajo lo suficientemente serio para que alguien pueda tomarlo y seguir.

-¿Qué proyección hacen sobre el destino del documental?

No sabemos todavía. Nosotros nombramos mucho a Catrano Catrani, el marido de Vlasta Lah. Hasta su muerte, ella fue «la esposa de Catrano Catrani». Nos gustaría que a partir de nuestro trabajo Catrano Catrani pase a ser «el marido de…».

Catrano Catrani fue un productor y un director muy conocido en su momento, pero también fue muy rápidamente olvidado, como muchísimas personalidades de ese momento, salvo las que se pudieron reconvertir en otra cosa. Muchísimos directores del cine clásico argentino han sido absolutamente olvidados a pesar de haber sido muy famosos. Catrano Catrani tiene una historia muy interesante: atada obviamente a la de Vlasta, pero también como pionero en la idea de federalizar el cine argentino. De hecho, si uno hace un recorrido por todas sus películas, casi todas ocurren en provincias distintas. Parece muy interesante esa idea de cómo un italiano cae en Buenos Aires en el 38 y recorre el país filmando. Su primer cortometraje premiado se llama “Catamarca, tierra de la Virgen del Valle”, filmada en Catamarca en el año 41. Hizo un documental sobre las carnes en La Pampa, filmó en el Llao Llao, en Mendoza y en Santiago del Estero en las décadas del 40 y 50. Es muy raro. Pero lo hizo él.

-Eso pudo haber obstruido la figura de Vlasta Lah como pionera del cine argentino y latinoamericano… hasta que llegaron Candela Vey y Tino Pereira para echar luz.

De hecho, en el momento en que ella filma no había ninguna otra cineasta latinoamericana que hiciera largometrajes de ficción. En los 60 no hay ninguna. Lo cual dice mucho de las diferencias tremendas que había -y que sigue habiendo-, en cuestiones de género en la industria cinematográfica. A nosotros nos gusta mucho rescatar de su figura la idea de que fue todo trabajo lo que hizo ella. Y para que ella llegara a hacer su película, hubo otras que no llegaron, ¿no? Entonces, eso nos parece importante rescatar.

Julia Montesoro

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