Palo y hueso, la ópera prima de Nicolás Sarquís basado en el cuento homónimo de Juan José Saer, se exhibirá en la 5ª edición del Bleak Week: Cinema of Despair, muestra programada por la American Cinemateque, que se celebrará en Los Ángeles del 1 al 7 de junio
La película se estrenó el 7 de agosto de 1968 y tuvo como protagonistas a Miguel Ligero, Héctor da Rosa, Juana Martínez, Ramón ‘Moncho’ Beron y Ramón Franco. Como ayudante de cámara trabajó el futuro director de fotografía Julio Lencina. Filmada en San José del Rincón en la provincia de Santa Fe, fue el primer largometraje del director. El argumento es el siguiente: un campesino mayor compra a una mujer joven (hija de un amigo), para tomarla como esposa. Esa mujer y el hijo del anciano se vinculan y deciden escaparse a la ciudad pero son perseguidos.
«Antes de atreverse a hacer Palo y hueso, Sarquís acumuló experiencia profesional como ayudante o asistente de dirección en varios largometrajes de la generación renovadora del ’60 y dirigió un cortometraje titulado Después de hora (1964). Durante 1965 y 1966 fue madurando el guión, con la colaboración del propio Saer y de Raúl Beceyro. Tras obtener un premio del Instituto Nacional de Cine por Después de hora, lograr que un amigo le prestara una cantidad de equipos y obtener la colaboración formal de la Universidad del Litoral, Sarquís se instaló en Santa Fe, reunió a su equipo y encaró el rodaje. Poco antes el realizador había participado del equipo de El encuentro (Dino Minitti, 1965), el primer largometraje sobre Saer, basado en “El taximetrista”, y estaba al tanto del disgusto del escritor por la decisión de trasladar la acción del film a Buenos Aires. No podía cometer ese mismo error en Palo y hueso: todo el film se hizo en San José del Rincón, muy próximo a la ciudad de Santa Fe, entre diciembre de 1966 y febrero de 1967, con gente de la zona. Uno de ellos, Ramón Berón, no sólo interpretó un personaje sino que tuvo a su cargo la construcción del rancho donde transcurre buena parte de la acción, con techo y paredes techo móviles para facilitar la filmación.
Existe un diario de rodaje escrito por Beceyro (que fue ayudante de dirección) y publicado en la revista Tiempo de cine en coincidencia con el estreno porteño del film. Allí se describen con precisión (y con un seco sentido del humor) las dificultades de un trabajo meditado y muy exigente, que se llevó a cabo con un equipo mínimo y muy escaso presupuesto, por fuera de toda tradición industrial: “Día 9 – La producción se resiente por la escasez de dinero. Hay un par de reuniones para organizar mejor los horarios de las comidas. El trabajo es largo y agotador, y recién en este momento comienza la parte fundamental de la filmación: los exteriores e interiores noche en el rancho. La pesadez del verano se supera difícilmente. Por deseo de Nicolás se filman las secuencias en orden cronológico. La unidad temporal del guión y la unidad espacial del decorado permiten esa experiencia poco habitual. Día 34 – Se filman a la tarde las tomas finales del guión, sobre el terraplén. Intervienen los tres actores. No se ensayó lo suficiente con el lente de 300mm. muy difícil de manejar por su escasa profundidad de campo y la filmación es un caos. Gran despliegue de actividad: hay que limpiar 500 metros de terraplén de curiosos y ocasionales turistas de fin de semana. Hay que sincronizar la intervención de los bomberos, camión regador y actores a tres cuadras de distancia de la cámara. Nicolás corre y grita furiosamente”, detalló Fernando Martín Peña en pagina12.com.ar, cuando la película clausuró en 2023 el ciclo «Cine argentino perdido y recuperado» de la Enerc.
Más de 45 películas explorarán los temas universales del sufrimiento humano y la angustia existencial en la nueva edición del evento en su ciudad de origen. Desde su lanzamiento en Los Ángeles en 2021, Bleak Week ha defendido consistentemente la idea de que las historias de devastación bien realizadas y con un gran valor artístico se conectan mejor con salas llenas de personas que ya están predispuestas a la tristeza.
“Reabrimos los cines aquí después de la pandemia y recibimos muchos comentarios como: ‘¡Proyecten comedias! ¡Animen a la comunidad!’ -expresó Chris LeMaire, creador de Bleak Week y director de programación de la Cinemateca-. Pero en cambio, pensamos: ‘¿Y si hacemos justo lo contrario y lo afrontamos todo de frente, con aún más desesperación? Creo que es reconfortante no conformarnos con arte exclusivamente complaciente”.
Ese giro inesperado dio origen a un peculiar ritual de visionado que, irónicamente, ahora depende de atraer a un público entusiasta, el cual sigue impulsando el rápido crecimiento del alcance global del festival. Lo que comenzó como un experimento de repertorio de nicho ahora abarca casi 100 salas de cine en 73 ciudades y ocho países.


