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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Daniel Hendler estrenó «Un cabo suelto» como director: «La complicidad que se crea con el público me genera alivio y emoción»

Este 2025 fue sin duda el año de Daniel Hendler. Inauguró el Festival de San Sebastián con 27 noches, como director y protagonista, película que está disponible en plataformas. Actúa junto a Carmen Maura en Vieja loca, la ópera prima en solitario de Martín Mauregui. Y el jueves 4 estrenó Un cabo suelto, su cuarto largometraje como director, con Sergio Prina, Pilar Gamboa, César Troncoso, Néstor Guzzini y Alberto Mandrake Wolf, que se exhibe en Malba Cine los sábados y en Espacios INCAA.

Un cabo suelto trata sobre Santiago, un cabo de la policía argentina, que cruza la frontera hacia Uruguay huyendo de otros agentes policiales que lo andan buscando. Valiéndose de su uniforme, va inspeccionando puestos de comida regional, probando lácteos y embutidos para sobrevivir, al tiempo que intenta pasar desapercibido entre los lugareños. Sin dinero ni hospedaje, pero con empatía y astucia, va sorteando obstáculos y comienza a tramar una nueva vida, recibiendo la ayuda de personajes locales que va cruzando en el camino e, incluso, encuentra a quien cree puede ser el amor de su vida.

Además de estos tres títulos, este año participó en las series División Palermo y Los mufas. Como si fuera poco, en enero se estrenó en Uruguay El tema del verano, de Pablo Stoll y en noviembre Quase deserto, rodada en Brasil, ambas como protagonista.

-¿Cuándo detectás que una historia puede ser dirigida por vos, como el caso de Un cabo suelto?

En realidad es una detección relativa. Lo que me pasa es que en un momento no puedo sacarme una idea de la cabeza. Como si me empezara a perseguir la idea a pesar de mis razonamientos estratégicos, porque uno de repente está pensando en hacer otra película. Pero hay una que te enamora y entonces en un momento uno no tiene otra opción que darle espacio a eso.

Después, si eso debe hacerse o no, ya es una pregunta que no puedo responder. Lo comparto con mi socia. Si le entusiasma la idea y después empiezo a desarrollarla -y lo muestro y genera interés y ni qué hablar cuando lo presentamos a concursos y gana- ya no solamente uno se convence de que está bien hacerla, sino que además no le queda otra opción. Como ocurrió con Un cabo suelto.

-La película ganó el WIP Latam en el Festival de San Sebastián 2024. ¿Cómo fue el camino para llegar del proyecto a la realización?

El premio que ganamos en San Sebastián fue para películas ya filmadas. Teníamos un primer armado al que le faltaba la posproducción. Un año antes nos habíamos presentado al Foro de Coproducción, que son interesantes para establecer puentes con coproductores extranjeros. Ese foro fue como un inicio. Pero lo que determinó en realidad el camino de financiación fueron los premios de concurso de guionque ganamos en Uruguay. Hay dos premios: uno que otorga ACAU (Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay) y otro que da el FONA (Fondo para el Fomento y Desarrollo de la Producción Audiovisual Nacional). Son premios anuales y esta vez los ganamos los dos. En las películas anteriores habíamos demorado unos años en acceder a uno de los premios y esta vez tuvo un impacto mejor, fue más efectivo. En Uruguay se dan pocos premios. Es bastante difícil ganarlos. Y tuvimos esa suerte.

Un cabo suelto se estrenó en Venecia, pasó por San Sebastián y se exhibe en salas en Argentina: ¿qué devoluciones recibiste, qué ve el espectador común en esta película?

Estoy recontento. Ya venía contento con las repercusiones que tuvo en festivales, con públicos de otras idiosincrasias que podrían ser lejanos a lo que plantea la película. Aun así hubo una conexión, una complicidad, incluso con risas en la sala, que me generó alivio y emoción. En San Sebastián ganamos una mención especial en Horizontes Latinos. Y Sergio Prina y Pilar Gamboa ganaron un premio en Brasil como actores.

En cuanto a la Argentina, a los estrenos a veces hay que tomarlos con pinzas porque hay mucha gente querida, mezclada, que puede distorsionar un poco esa percepción. Pero después tuvimos una función muy nutrida en el MALBA que estuvo divina, también con risas, complicidades, recibiendo devoluciones muy lindas. Estoy muy entusiasmado: si bien es un lanzamiento chico, en el Gaumont y en el MALBA, hay algo que me genera ilusión de que se mantenga en las salas.

En cuanto a Uruguay, se va a estrenar en abril.

–El Festival de San Sebastián eligió 27 noches para abrir la edición 2025, que integra la programación de Netflix. ¿Qué implica tener dos películas en un mismo festival con dos esquemas de producción tan diferentes entre sí?

Yo no sentí las diferencias que temía sentir en un principio. Sí, claro, 27 Noches está hecha para Netflix y es una película que se podría decir que es por encargo. Pero no sabría cómo dirigirla si no me hubiera apropiado de la propuesta. Creo que esa fue también la idea de Netflix y de La Unión de los Ríos cuando me convocaron: que me la apropiara y la escribiera con un equipo de guion conformado por Martín Mauregui y Agustina Liendo, después de una primera adaptación que había hecho Mariano Llinás. Finalmente, cuando llega el momento -después del proceso de preproducción y de escritura del guion, cuando ya está el equipo conformado-, en el momento de poner la cámara y enfrentarse a esa eventual magia ahí todo se parece. Las diferencias de presupuesto o de ciertas cuestiones de la producción no hacen a la esencia del asunto. Diría que me sentí también muy cómodo trabajando para la plataforma.

Por supuesto que en el caso de Un cabo suelto la libertad es abrumadora y uno hasta debe autoimponerse limitaciones para poder dar esos saltos creativos. Es casi un procedimiento creativo: cuando vienen ciertas condicionantes de afuera, la idea es poder jugar y ser creativo para resolver. Uno se encuentra frente a un montón de cuestiones imprevisibles, insospechadas, que te pueden obstaculizar o por el contrario, disparar a encontrar ahí la mejor solución y finalmente la química de la película. Hubo una limitación clara que fue el presupuesto y tuvimos que resolver situaciones difíciles. En el caso de la plataforma, hay ciertos caminos más allanados porque hay presupuestos para cubrir problemas, que el cine independiente a veces no logra.

De todas maneras, en el caso de Un cabo suelto hubo un equipo tremendo que hizo que no tenga que ocuparme de todo: estuvo producida por Micaela Solé, luego coproducida por Wanka Cine y Ezequiel Borovinsky y luego entraron los españoles de Nephilim.

Voy a intentar ser original, no sé si lo voy a conseguir: ¿te interesa más actuar o dirigir? (Risas)

No, no está siendo original para nada. Tengo que decirte (Risas).

-No, por eso lo aclaré antes (Risas)

Ah, OK. Pensé que le ibas a dar un vuelco más original, como por ejemplo decir, «¿qué odias más, actuar o dirigir? (Risas).

En realidad es una pregunta válida que la sigo pensando. Cuando me la preguntan no lo tengo muy claro. Creo que disfruto más dirigir. Aunque hay algo del actuar que tiene que ver también con la necesidad. Por supuesto que también a veces se produce la satisfacción, pero esa satisfacción tiene más que ver con el encuentro con los otros, con los compañeros, las compañeras, con la mirada de los directores o directoras, mucho más que con el acto en sí, que en cine al menos es un acto siempre tensionante. Porque más allá de que podríamos decir que es fácil actuar -aprenderse la letra, ir, pasar a maquillaje, a vestuario, ensayar, cumplir con ciertas marcas, no es tan complicado- lo difícil es que en el momento en que se enciende la cámara y que debe producirse ese encuentro mágico, uno no debe estar invadido por pensamientos que lo distraigan, que lo desenfoquen. Y que tengan la escucha abierta y la relajación propia de alguien que no se siente observado, que ese es el gran desafío. Hay algo durante el día de rodaje de un actor que es levemente tensionante. Y los momentos de disfrute, lo más hermoso de actuar en cine, es el momento de parar para comer, el fin de jornada para ir a tu casa, el momento de juntarte a ver la película terminada.

Pero si tengo que responder, probablemente lo que más disfruto de todo, antes de la pregunta de dirigir o actuar, es actuar en teatro. En cine creo que disfruto un poco más dirigiendo.

-Recientemente se estrenó en Argentina otra de las películas en la que participante como actor, Vieja loca, la ópera prima de Martín Mauregui coprotagonizada con Carmen Maura. Ella nos elogió mucho tu trabajo y agradeció todo lo que le facilitaste que pudiera ir a fondo con ese personaje. Y a la vez nos dijo que disfrutaba actuar porque tenía menos responsabilidades y que ser directora implicaba estar en muchas cosas y no era para ella.

Eso es verdad. Carmen Maura es un monstruo actoral, es difícil compararse con ella. Y menos mal que prefiere actuar: eso explica las cosas que logra ante cámara. Lo que pasa con el actor es que si se te cruza un pensamiento intrusivo en el momento inadecuado, cagaste. No tenés manera de recomponerte y no tenés la seguridad de que vas a volver al estado adecuado para que estés enfocado y alineado. En cambio como director, si en un momento algo te viene a la cabeza o te sentís confundido, te rascás la barbilla, la gente te espera y finalmente en algún momento te va a venir la idea. Es lo que hace que de toda la responsabilidad dirigir sea un poquitito más relajado.

-¿Tenés apuro por volver a dirigir?

-No, no. Como director ahora hice estas dos demasiado juntas y demasiado rápido para lo que yo acostumbraba. Ni siquiera tengo una idea clara sobre otra película. No es que me siento en la oficina a decir: «Bueno, a ver de qué va a tratar mi próxima película». Yo voy investigando y en un momento surge alguna idea, y no necesariamente es la idea que va a llegar a destino, sino que en un momento hay una que me toma. Y no sé cuándo va a suceder eso. No lo tengo previsto. Pero vamos a estrenar como codirector una serie de Daniel Burman, que está en plena producción (El resto bien). En cambio, el año que viene tengo previsto actuar. Hay dos proyectos para cine: voy a participar en una película de Victoria Galardi (Los erizos) y en otra de Federico Veiroj. Esos son mis planes…por el momento.

Julia Montesoro

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