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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Ana Katz estrena «El perro que no calla»: «Me conmueve cuando me dicen que es una película triste y a la vez optimista»

Ana Katz es la directora y guionista de El perro que no calla, una reflexión sobre la condición humana que gira en torno a la historia de Sebastián (Daniel Katz), un joven de treinta y tantos años con varios trabajos temporales que van y vienen y lo presionan, que abraza el amor cada vez que encuentra la oportunidad.

Se trata de una producción de Laura Cine (Laura Huberman) y coproducción de Oh My Gómez (Pablo Ingercher), que cuenta con la participación de Carlos Portaluppi, Susana Varela, Valeria Lois y Julieta Zylberberg y que desde el jueves 25 se exhibe en el Cine Gaumont, Cinemark (Hoyts, Abasto y Unicenter); Cinepolis Recoleta; Multiplex Cabildo y Showcase (Belgrano, Norte, Haedo y Córdoba).

La película tuvo su preestreno nacional en el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El perro que no calla sigue el periplo incierto de Seba, personaje encarnado por Daniel Katz. ¿Cómo definís ese tránsito y qué buscabas contar?

La película se acerca a esa parte de la vida que me atrevería a decir tenemos la mayoría de las personas, donde las cosas que pasan no son las que se cuentan, o las que se eligen para generar un relato convencional de una vida. En cambio, tienen que ver con lo que más nos afecta: qué hacer con tu perro cuando vamos a trabajar, de qué vivimos, cómo llegamos a fin de mes.

Siento que nos cuesta dar un espacio más humano para hablar lo que de verdad nos pasa. Hay mucho ruido en la comunicación audiovisual, mucho contenido. Pero no necesariamente estamos reflejados dentro de ese contenido.

-Hay una cotidianidad de pequeños gestos muy explícita. Empezando por el vínculo de Sebastián con Rita, la perra.

La dimensión social o política es intensa porque está metida en la vida real de Sebastián. Por un lado en sus propios eventos cuando se enamora, sufre pérdidas o intenta sobrevivir con trabajos que no alcanzan. Por otro, en una construcción más colectiva caótica, dura, que no da espacio. Uno lo ve un mundo duro, con una adaptación social difícil, pero ni siquiera puede ponerse a pensar en eso porque está sobreviviendo.

-¿Sebastián aparece entregado ante esa incertidumbre, como en un estado de resignación?

No lo veo así, para mí es al revés.

-En un momento el personaje de Valeria Lois, ante una frustración laboral, le dice: “después te acostumbrás”.

No lo veo así porque un hombre que tiene un perro y prefiere cambiar de trabajo a dar el perro. Me parece que es un varón de esos que necesitamos desde el feminismo: capaz de cuidar a una persona, a una planta o a un perro. En ese sentido, es más activo que la mayor parte de las personas.

Acciona directamente en contra de los valores que la sociedad promueve. En ese sentido, me siento identificada y lo siento a él más activo que lo que se suele ver en los héroes de la ficción, que suelen adaptarse y tratan de tener ese esquema de ambición que pide la sociedad patriarcal. Ambición que excluye a los demás.

-Es cierto que no tiene las características tradicionales de los personajes masculinos. En todo caso, ¿héroe o antihéroe?

Un héroe, sin duda. Lo que más me pone contenta es que es la primera vez que hago un protagónico de un varón, y que lo cuento desde un lugar distinto al que la ficción suele contarlos. Creo que hay un montón de varones así, que la sociedad rechaza y los llama pasivos cuando, en realidad, son lo que deberían ser. Un varón no es el que tiene la billetera llena y lo mandan a la guerra, y vuelve orgulloso pero con una pierna menos, sino quien sea capaz de cuidar a una planta, a un animal, a hijos, a una madre o a quien lo necesite.

Hace unos días se me acercó un pibe de 20 años emocionado y llorando, y me dijo que se sentía identificado, y que la película le estaba dando lugar a un montón de pibes que la estaban luchando mucho porque no se les está dando espacios. Me pone contenta representar a un montón de varones tan revolucionarios que, en general, tienen un rechazo grande por una cuestión de tener instalado un sistema económico en el que se necesita que los hombres vayan y traigan la plata para seguir comprando heladeras. 

-No es el arquetipo del varón productivo en términos tradicionales, sino un personaje con una escala de valores donde lo que prevalece es la sensibilidad.

Sí. En una mujer se vive con alegría y orgullo que llore y se emocione o que le cueste dejar una planta, pero un varón tiene que dejarla y conseguir plata y volver. En ese sentido, las mujeres tenemos que hacer un trabajo muy grande para torcer el timón hasta conseguir una igualdad real.

-Hay una decisión estética para describir este tránsito por nuevas formas de masculinidad: por un lado el blanco y negro y por otro, las secuencias de animación, que coinciden con momentos dramáticos de la historia, ¿por qué necesitaste contarlos de esa manera?

En el caso del blanco y negro, me encanta expresivamente ese lenguaje y me ofrecía una posibilidad de tener menos ruido de información. Insisto con esta sensación de que a nivel audiovisual se está viviendo mucha información de mucho consumo (digamos publicidades, redes, películas, series), pero no necesariamente uno se conecta con las imágenes de modo más genuino y más profundo. A veces es puro consumo, como comer un paquete de fideos sin siquiera aceite. El blanco y negro ayudó mucho a concentrarnos en el personaje de Sebastián, a poder mirarlo con un foco más puesto cerca de él. Los directores de fotografía que trabajaron en la película aportaron su sensibilidad para describir estas etapas que el personaje va viviendo a medida que va transformando su vida, intentando cuidar esos valores que comentábamos.

Los dibujos también surgen de la necesidad de proteger la intimidad del personaje y del espectador, y ofrecer la posibilidad de imaginar sin invadir espacios que son muy sensibles. De alguna manera, la película es una especie de recorrido (como si fuese una línea de tiempo que en vez de ser causal sea de emociones) a través de la vida del personaje y de las cosas que le van pasando. Busqué la manera de llegar más cerca de esas emociones como posible espectadora y no el cuento más clásico que, por ahí, se puede mirar más de afuera. La autora es Mariela Ripodas, una directora de arte talentosísima y una gran amiga.

-Es inevitable plantear la analogía entre ese universo ficticio atravesado por un imprevisto, en este caso un meteorito que genera problemas respiratorios y la realidad. ¿Qué te generó la aparición del covid al tener en tus manos el material ya rodado de El perro que no calla?

Fue muy asombroso. Durante el confinamiento más extremo recibía mensajes diciéndome que era una bruja. Esas escenas eran la parte que llamábamos de ciencia ficción. De muy impresionante pasó a ser familiar la sensación de las burbujas, de la gente hablando de protocolos, de normalidad. Tal vez sea cierto que el arte puede conectarse con zonas que están en el aire.

Por otro lado, si lo pensamos, el planeta da múltiples señales de que no lo estamos escuchando. Es simplemente conectarse con eso, aunque a veces desde la alienación de cada uno no es tan fácil y no se tiene tan en cuenta. Pero todo el tiempo hay carteles gigantes del planeta que nos dice basta .

-Estabas con las antenas muy encendidas, evidentemente. Hay escenas que parecen hechas en el comienzo de la pandemia. Y también que permiten interpretaciones diversas: la película tiene una mirada un poco existencialista y un poco esotérica; hay momentos de mucho humor y otros un poco crueles. ¿Qué interpretación recibiste del público que no habías percibido?

Me conmueve mucho cuando me dicen que es muy triste y a la vez muy optimista. Me conmueve porque por un lado hay una mirada imposible de negar que describe un mundo muy duro, que aprieta mucho. Por otro, describe algo muy vital que es la posibilidad y el proceso de transformación. En ese sentido, sí creo que es optimista porque todo el tiempo la película está contando la posibilidad de un movimiento, de una transformación y un devenir constante de los acontecimientos, de la naturaleza, del clima, de las personas, de la vida y de la muerte.

Nunca me pasó que las críticas tuvieran tanta conexión con las emociones. Desde ese lugar me salió la película. Por eso me da mucha felicidad poder tener una relación tan de corazón con un espectador.

Julia Montesoro

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