Roberta Sánchez es la productora de Pensamiento lateral, el thriller psicológico protagonizado por Itziar Ituño y Alberto Ammann, que desde su estreno -el 26 de marzo pasado último- viene presentándose en distintas salas del país. De acuerdo a las estadísticas oficiales del INCAA, se trata de uno de los ocho estrenos más vistos del año.
-Después de más de un mes de exhibiciones, donde se presentó la película en distintas ciudades del país, ¿qué experiencia te dejó el contacto con el público?
Ese vínculo es impagable. Creo que es el motivo de por qué hacemos cine: llegar a la pantalla -eso que no nos da la plataforma-, llegar al público, ver cómo reaccionan. Las proyecciones en el cine El Cairo de Rosario fueron una experiencia única. Es una sala gigante y al principio pensábamos que no sabíamos cómo la íbamos a llenar. La llenamos y la sensación fue hermosa. Vale la pena que la gente esté, más allá de que les guste o no la película: el hecho de salir, de dialogar, de pensar, de cambiar, de interpretar de formas diferentes lo que vieron, es maravilloso porque tiene que ver con el pensamiento.
-La sala de cine es ireemplazable.
¡Totalmente! Seguimos en nuestras pantallitas con nuestra realidad chiquitita, pero de repente una película es la excusa para salir, encontrarse, interpretar diferente, preguntar por qué esto o por qué no lo otro. Pensamiento lateral. Y eso es bueno, porque permite tener interpretaciones diferentes.
-En este acompañamiento de Pensamiento lateral, ¿hubo algún lugar o algún momento que te impresionara en particular?
Hubo un momento increíble en Rusia, la primera vez que la proyectamos en público.La presentamos en una sala de 1.700 butacas y con un público totalmente diferente al que uno está acostumbrado.
A pesar de ser un país en guerra, veía hasta con envidia que la gente se produce para ir al cine; sale con la conciencia del encuentro con las amigas, con la familia, con el que sea. Hacen una salida y después se sientan y cuentan o interpretan de forma diferente lo que vieron. Me pareció maravilloso.
-En El Cairo las respuestas del público los impulsaron a agregar fechas, ¿no?
Sí. En la semana del estreno no habíamos conseguido sala en Rosario. Y creíamos que la película debía estar. Habíamos planificado estar ahí para exhibirla en el Centro Vasco, un espacio muy importante. Pero era lo único que tenía. Cuando supe que no conseguimos cine, me desesperé y llamé a El Cairo sin conocer a nadie, a través del amigo de un amigo del amigo. Me recibió alguien a quien no conocía -Ariel- que me dijo: «No, imposible, imposible, imaginate, tenemos toda la programación». Y yo lloraba y decía: «Por favor, un día, un día, ¿cuánto dura? Una hora y media». Y fuimos por una sola fecha. Una única fecha. El me decía: «Yo no puedo hacer eso. ¿Y si después no viene nadie?», mientras yo le prometía que lo íbamos a llenar. El público respondió ¡y nos quedamos cuatro semanas!
-¿Qué te impactó más de los comentarios del público femenino?
La forma en que les llegó. El proceso de creación de Pensamiento… fue muy largo. Hubo muchas opciones y muchos finales, con muchas formas de trabajar el personaje. Lo llevamos para un público femenino y llegamos a un límite en el cual tuvimos miedo; no de que no fuera verosímil, sino de que la mujer no se identificara. Y pasó lo contrario. La primera vez que me ocurrió eso fue en Rusia: hubo mucho público femenino que se quedó horas y horas haciendo conjeturas. Al público ruso no le gusta ver películas subtituladas. Y nosotros llevábamos una hablada en español. Pero la primera función fue muy buena. Y la segunda, aunque teníamos miedo de que fuera poquita gente, fue muchísima. Yo les preguntaba en el final: «¿Vos harías eso? ¿Qué hubieras hecho en ese lugar?». Y cada una me daba su versión. Fue una experiencia impagable.
–Itziar Ituño es una referencia fundamental de la película. Su presencia en la Argentina generó una expectativa inusual. ¿Cómo fue su inserción en el proyecto?
Lo que generó en la Argentina fue imponente. Y más allá de la personalidad que ella tiene fuera de la pantalla, la que impone en la pantalla es increíble. La realidad es que sin Itziar Ituño esa película no existiría. Te lo dice la productora (risas). En todo sentido y en todo momento; o sea, desde el inicio, todo lo que aportó al personaje, durante y después del rodaje (porque hubo muchos audios, mucho doblaje, cambiamos muchas cosas), al tratar de mover la película, es impagable. Todo el elenco es impagable, pero Itziar… bueno, es la protagonista. Y se subió como una mochila la película al hombro. No siempre ves eso siempre en los actores, en los técnicos o en los directores.
O sea, muchas veces el 90% de la industria piensa que una película termina en el rodaje o en la edición y no es así. Hay que seguir trabajándolas porque si la película no llega a la gente, todo ese trabajo no sirve para nada. Son distintas formas de ver los proyectos.
-Con relación a tus proyectos, ¿cuáles son los próximos pasos de 16:9 Cine?
Pensamiento lateral fue una apuesta muy, muy grande en un momento de país muy complicado, con una devaluación gigantesca. Imaginate que nuestro presupuesto hoy es chiquitito, pero fue gigante en su momento. Fue una apuesta muy grande. A nivel números ni quiero pensarlo porque si no directamente no hacemos más nada, pero no es la idea.
Tenemos otro proyecto que estamos terminando: es una coproducción con Paraguay que habíamos hecho el año pasado. También el año pasado filmamos una película en coproducción con Brasil, pero somos minoritarios y nuestra etapa concluyó. Todo queda en manos del coproductor.
Desde al año pasado estamos con un documental que sí queremos terminar, sobre Julio Raffo. No debe querer que diga que existe ese documental. Acabo de cometer ese pecado, pero bueno (Risas). Y estamos también trabajando un documental en Jujuy. Y también con una ficción, que está en etapa de desarrollo. Y también hay otros proyectos. Pero más despacito (Risas).
-Más activa que nunca, entonces.
A mí siempre me dicen que tengo que ir a Productores Anónimos. Porque digo que nunca más, que no quiero saber más nada. Hasta que vuela un corcho y digo: «Empiezo de nuevo» (Risas).
Julia Montesoro


