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Nicolás Savignone estrena «Ni héroe ni traidor»: «Los excombatientes me pedían que no cuente esta historia»

El jueves 12 de marzo se estrena Ni héroe ni traidor, drama de Nicolás Savignone protagonizado por Inés Estévez, Juan Grandinetti, Rafael Spregelburd, Gastón Cocchiarale, Fabián Arenillas, Héctor Bidonde, Mara Bestelli y Agustín Daulte.

El relato pone el foco en la tragedia de la guerra de Malvinas, pero desde un abordaje no convencional: en el impacto que genera la inminencia del combate en un núcleo familiar (Matías -el protagonista-, sus padres, su abuelo excombatiente republicano, su novia) y en un grupo de cuatro amigos veinteañeros que viven en una ciudad ribereña.

Matías acaba de terminar el servicio militar y sueña con irse a estudiar música a España. La urgente convocatoria a las filas militares se lleva por delante esos sueños (como tantos otros) y obliga a modificar comportamientos y a la vez resignificar conceptos como la amistad, la lealtad y la valentía.

Nicolás Savignone dialogó con GPS audiovisual sobre Ni héroe ni traidor.

-¿En qué circunstancia decidiste abordar el tema Malvinas para hacer una película?

Fue un desafío de escritura que arrancó como un ejercicio dentro de la maestría en dramaturgia de la UNA, en el taller de Susana Torres Molina. Hacer la maestría nos obligaba a producir textos continuamente y eso hizo que el proyecto tomara forma rápidamente.

-Como documentalista, ¿te atrajo el tema por la posibilidad de hacer un documental? ¿O siempre fue un proyecto de ficción?

Al comienzo, antes de hacer la maestría, investigué el tema con el objetivo de hacer un documental. Recuerdo haber quedado impactado cuando me enteré de las torturas que sufrían los soldados por sus superiores, los estaqueamientos a la intemperie, enterramientos en fosas, el hambre, el frío, el pie de trinchera, todo eso antes de entrar en combate. Quería hacer un documental sobre eso, sobre el sadismo en las estructuras de poder dentro de la guerra. Con un enemigo interno bajo la lógica sadiana y otro externo, el imperio.

-Pasaron casi 40 años de la Guerra. ¿Qué recuerdos tenés de vos mismo en aquel 1982, y cuáles de esos recuerdos llevaste a la película?

Mi recuerdo son el polvo del potrero, llegar sucio y transpirado al departamento en el barrio de la carne, en la periferia de la ciudad de Rosario y encontrarme a mi viejo escuchando la radio. Mi abuelo falleció el 2 de abril de ese mismo año, por lo que mi madre estaba en duelo. Había un ambiente de mucha tristeza en la casa. De mucho desconcierto y angustia. Quizás por esto no puedo desprenderme tan fácilmente de los recuerdos de esos años.

-El protagonista es un chico que mira extrañado y distante su universo cercano: amigos que se convierten en enemigos; padres que no pueden entenderlo; proclamas a las que no le encuentra sentido. ¿Cuánto de ese chico eras vos mismo?

Hay mucho de mí en ese personaje, muchos de los conflictos son propios, pero también sirvió como punto de partida para llevar la historia a otro nivel y que no sea solo una autobiografía. Por eso creo que Francisco Grassi y Pío Longo fueron claves en sus aportes para sacarme de ese lugar autorreferencial y poder construir una historia universal.

-La película habla de Malvinas a partir del deterioro de la estructura familiar, de la falta de comunicación del matrimonio y de la dificultad, a la vez, de comunicarse con el hijo. ¿Entre ese padre y ese hijo, cuál de los dos personajes te representa?

Me siento más identificado con el hijo, ese muchacho que lucha por su deseo. A pesar de que muchas veces las locuras colectivas lo confunden y lo desvían del camino, tambaleando sigue firme hacia adelante.

-Además de cineasta sos psiquiatra. Tu cercanía a la realidad del paciente psiquiátrico, ¿en qué medida sirvió para delinear la composición de los personajes?

Para construir un personaje siempre parto de un conflicto interno. ¿Qué muestra y qué calla? ¿Cuál es su secreto? ¿Cuáles son sus conflictos inconscientes no resueltos? ¿Sus mecanismos de defensa? ¿Qué pasa cuando esos mecanismos dejan de funcionar? De alguna manera, en todas mis películas se pueden ver estas problemáticas, subjetividades en crisis expuestas a situaciones adversas. La estigmatización en “Hospital de día”, jóvenes descartables en un sistema laboral que demanda hasta quemar a los sujetos en “Los desechables” y en “Ni héroe ni traidor”, los deseos de toda una generación avasallados por los delirios de grandeza de un poder de facto. 

-¿Qué mirada te devolvieron los excombatientes que pudieron ver la película?

Cuando hablé con excombatientes me pidieron que no cuente esta historia, que cuente otras, las de los héroes que sí fueron. Yo los escuché con mucho respeto y admiración, pero yo quería contar la pre-guerra, ¿cómo la noticia de una guerra afectó a esos chicos? Por eso la película muestra varias posiciones y cada unos de los muchachos que recibe la noticia toma su propia decisión y le hace frente a su manera.No se trata de una victimización como algunos piensan, sino en qué posición se ubica cada uno ante la suerte que les toca. La película se queda con Diego y Matías, pero Martín se presenta al cuartel y va a la guerra. Quizás la historia que queda pendiente es saber que pasó con Martin.

-¿Qué encontraste vos mismo en la película terminada que no habías advertido?

Muchísimas cuestiones que no había advertido desde el comienzo. Por ejemplo: los efectos que produce correrse de los estereotipos del héroe y del traidor. Que ser violento, matar y festejar la muerte de otros no te hace más macho (este es un tema que trasciende la película: desde los cantos en la cancha festejando haber matado a un miembro de la hinchada contraria hasta el triste acontecimiento en Villa Gesell, no deja de reproducirse continuamente en nuestra sociedad), y que tener miedo no cuestiona tu virilidad. En un contexto en donde los otros se montan en ideales oscuros e irracionales, tener miedo es lo más saludable que te puede pasar. ¿Qué es ser hombre hoy en una época en donde es necesario repensarnos continuamente?

Norberto Chab

Norberto Chab

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