Luciano Cáceres regresó a Uruguay para asumir la dirección de Peng junto a Soledad Lacassy y con elenco local, que se estrena el sábado 26, como parte de la temporada 2026 de Teatro El Galpón.
Peng es una pieza de Marius von Mayenburg, uno de los nombres centrales del teatro alemán contemporáneo. Construye la historia de un personaje que aparece desde antes de su nacimiento y progresivamente se convierte en una figura de poder. La obra articula tres registros: una narración que reconstruye la vida de Peng, la mirada de quien registra su nacimiento y crecimiento como si estuviera produciendo un programa televisivo, y la dinámica de una familia que observa —sin reconocerlo— el desarrollo de una personalidad cada vez más violenta.

«El nacimiento de esta criatura tiene que ver con el nacimiento de un Trump. Sin duda están emparentados con eso y con muchos Trumps que están apareciendo por todos lados. Personajes que no venían de la política, pero sí que venían por todo. Y de una manera muy particular», destacó Cáceres a socioespectacular.com.uy
«Primero, ya desde el nombre, Peng, un juego con la palabra de algo que está explotando, un disparo. Es alguien que a los cinco años ya tiene una ametralladora. Pero la obra arranca desde el vientre de su madre, abortando a su hermana gemela para ser el único que salga a la luz e ir a la conquista del mundo. El nacimiento de esta criatura tiene que ver con el nacimiento de un Trump. Sin duda están emparentados con eso y con muchos Trumps que están apareciendo por todos lados. Personajes que no venían de la política, pero sí que venían por todo. Y de una manera muy particular», detalló el actor y puestista.
Para Cáceres, allí está uno de los núcleos de la pieza: “Una familia que crea un hijo con problemas y no lo ve. Es la ternurita del hogar. Pero es una mierda de persona (…) Es esa cosa de los padres y las nuevas modalidades de no retar, de no poner un límite, llevada a un extremo exacerbado”.

La obra utiliza el humor como una de las herramientas para abordar esa violencia. Cáceres define el procedimiento como “un absurdo alemán” y explica que el texto combina discurso, ideas y situaciones extremas sin abandonar la dimensión humorística. En su lectura, esa distancia permite que la violencia vaya acumulándose hasta convertirse en algo cotidiano: “lo que vemos ya no nos impresiona. Hasta que nos terminamos acostumbrando a convivir con la guerra”.
Esa convivencia entre humor, violencia y discurso es uno de los elementos que más interesaron al director. Según Cáceres, el teatro alemán contemporáneo posee una capacidad particular para trabajar con ideas sin subrayarlas emocionalmente. Pero cuando esos textos llegan a la Argentina o Uruguay, sostiene, inevitablemente adquieren otra resonancia: “Es imposible que lo ideológico, lo que estás pensando, lo que estás diciendo, no te atraviese emocionalmente”.

Para Cáceres, la llegada de Peng a Montevideo tiene también una dimensión personal. Su relación con la obra comenzó varios años atrás, cuando proyectaba montarla en Argentina. La traducción había sido financiada por el Instituto Goethe y que el elenco previsto reunía a 14 intérpretes, pero los ensayos fueron interrumpidos por la pandemia. Cáceres explicó su interés por la dramaturgia alemana porque decía que en esos textos existe una separación particular entre pensamiento y emoción que, al ser trabajada por intérpretes argentinos, termina produciendo una combinación diferente.
Ahora el proyecto llega finalmente al escenario, con una obra que Cáceres conoce desde una perspectiva particularmente cercana. Ya había dirigido Pieza plástica, también de von Mayenburg, además de trabajos de René Pollesch, entre ellos Esposas de dictadores, Ciudad como botín y Sex, según Mae West. “En teatro, en breve voy a cumplir 30 años como director. Mis últimos trabajos tienen que ver con el teatro alemán”, explicó en la entrevista concedida a Socio Espectacular.


