Sebastián Manusovich estrena su documental «El agonista»: «Busco que el público se despoje de la mirada sobre la discapacidad y vea más allá»

El productor y realizador audiovisual Sebastián Manusovich se lanza a la dirección con el documental El agonista, un valiente testimonio autobiográfico codirigido con Pablo Pintor, que evita el relato convencional de superación y pone en cuestión las representaciones habituales de la discapacidad. La película se estrenará mundialmente en a Competencia Argentina del Festival de Mar del Plata, que comienza el jueves 5.

-¿Qué te llevó a convertir tu propia vida en una película? ¿Hubo un momento preciso en el que sentiste que necesitabas hacer El agonista?

La película se construyó a lo largo del tiempo: fueron unos diez años de grabación, de los cuales más de cinco fueron con Pablo Pintor, el codirector. Se construyó en base a cosas que me fueron pasando en la vida real: todo lo que intentamos recrear o hacer algo que escapaba de la vida real terminó no sirviendo. Por eso le decimos que es un biodrama espástico. Está basado 100% en la vida real. Empezamos con la idea de un biodrama, pero nos dejamos llevar por lo que la película nos iba pidiendo. Fue un trabajo muy hermoso que pudimos hacer con Pablo y nos llevó hasta acá, a este momento tan esperado.

-Al estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. ¿Aquí termina o comienza el camino?

Aquí empieza otro camino. Como decimos nosotros, ésta es la segunda parte. La primera fue un trayecto muy largo que consistió en generar una historia, filmar, editar, producir. Y como se hizo con una producción independiente, sin apoyo estatal, costó mucho hacerlo. Ahora llega el otro momento también muy hermoso, que es el de compartir con la gente, de estar presente, de poder mostrarlo. Todavía no lo vio nadie, es el estreno mundial.

-Es una presentación algo sorpresiva, en tanto no hubo información previa. ¿Qué te llevó a mantener el proyecto en secreto?

Estos procesos creativos exigen una disciplina muy fuerte, un trabajo de meterse mucho en el proyecto. Es un laburo de mucha exposición, ya que se trata de abrir mi vida y contar mi carrera, mi vida íntima, hablar sobre mi discapacidad. Es algo que nunca hice antes. Esperaba este momento para poder condensarlo en una película. Por eso preferí darlo a conocer sobre el mismo estreno.

-Antes de la película eras productor. ¿Cómo fue el proceso de convertirte en codirector y al mismo tiempo protagonista?

Fue un trabajo intenso. El problema más grande fue con el productor, que era yo mismo (Risas). Trabajar para otros es muy distinto que hacerlo para uno mismo. Usar toda la experiencia que tengo para mí y no para otro director o para un cliente fue una experiencia buenísima, porque uno enfoca todos los cañones a lo que quiere contar. Esto, sin contar con el equipo que se creó con Pablo, las productoras y los técnicos fue fantástico.

-¿Sufriste o disfrutaste la experiencia?

El disfrute está en que sabíamos que íbamos por buen camino y que teníamos que darle hasta que sintiéramos que la película estaba terminada. Y eso pasó así este año.

-A lo largo de tantos años, ¿cómo fue el proceso de elegir en el rodaje o en la posproducción qué imágenes y qué escenas contar y cuáles no mostrar?

Al tratarse de un biodrama y de una película que habla mucho de la intimidad, de la familia -donde uno se expone de manera entera y a la vez expone a la familia, los hijos, los amigos-, fue un proceso complejo y delicado. Pero siempre nos hemos ceñido a lo que la película iba pidiendo. Digamos que nos dábamos cuenta cuando la narrativa iba pidiendo tal o cuál toma o cuál no. La mayoría de tomas que hemos filmado de archivo quedaron afuera. Nos dábamos cuenta de que hay cosas que no iban: tenemos material como para hacer 10 películas. Pero estamos muy contentos de lo que hemos elegido, porque creemos que la película habla sola y queríamos que diga lo que está diciendo.

-El dolor físico y la posibilidad de una operación cerebral riesgosa atraviesan el relato. ¿Cómo incidieron esta incertidumbre y las decisiones sobre tu cuerpo durante el rodaje?

Fue como un disparador. La posibilidad de una operación cerebral riesgosa que se me plantea ha disparado muchas opiniones en mi entorno. Empezando por mis hijos, mi familia, mis amigos. Eso fue concatenando una serie de hechos que fueron llevando un relato y empujando una acción. De alguna manera nos hace dar cuenta qué importancia le damos a cada momento de la vida de cada uno. Y lo que cada uno está dispuesto a dar por cambiar o por mejorar. Digamos que te abre un planteo más existencial y no tan propio, que hace que uno piense en qué está dispuesto a dar, hasta dónde estaría dispuesto a arriesgar para poder mejorar algo de nuestras vidas. Yo nací con la discapacidad que tengo producto de una mala praxis. Y ahora que se abrió la posibilidad de una operación que podría llegar a curarme (entre comillas), eso genera y abre un montón de interrogantes que se manifiestan en la película y se llevan adelante en la película. Un poco fue desencadenando también la narrativa del documental.

-¿Cuál es el objetivo de hacer el film? ¿Qué esperás que vea la gente o que descubra cuando vea El agonista?

No pretendo bajar ni ponerme en un lugar de ejemplo ni nada por el estilo. Soy una persona que, más allá de mi discapacidad, es alguien normal con sus sufrimientos, sus problemas, sus desamores y sus amores. La idea es que uno se despoje de esa mirada que vos también tuviste cuando nos conocimos; que uno elimine la barrera física o de discapacidad y vaya penetrando en algo que está más allá. Busco usar esa capacidad de trascender las barreras que nos condicionan y hablar o dar lugar a pensar qué vemos cuando vemos a alguien. Cómo manejamos la mirada del otro y qué lugar le damos a la mirada propia, sobre la discapacidad o sobre cualquier cuerpo ajeno.

Julia Montesoro

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