Manuel Martín, director del Festival de Huelva de Cine Iberoamericano: «Nuestra línea es popular pero con una visión artística»

Manuel Martín cumple 10 años al frente del Festival de Huelva de Cine Iberoamericano, cuya 52ª edición se va a celebrar entre el 13 y el 21 de noviembre. En vísperas del comienzo del festival, Martín -quien además es director, productor y guionista- rvela los criterios que orientaron esta edición, los principales ejes de la programación y las expectativas frente a este nuevo desafío que consiste en ofrecer una parte importante de las novedades del cine iberoamericano.

-¿Cuáles son los ejes principales sobre los que trabaja el festival?

Tenemos una línea de programación que apuesta por la calidad con estrenos nacionales -como no podía ser de otra manera- junto a películas internacionales, del ámbito iberoamericano. La línea para nosotros es muy clara: con vocación popular, donde se recojan diferentes voces, pero que tenga también una visión artística.

Todos los años intentamos tener nombres de directores o directoras con trayectoria: en esta edición será el caso de Lucía Puenzo, de quien proyectaremos Pepita la pistolera. Y a la vez buscamos que esas voces contrasten con las óperas primas de los nuevos cineastas. En esta edición programamos películas que vienen con buenos recorridos de festivales como Locarno. Y también tenemos la preseleccionada para competir en los Óscar por Brasil en nuestra sección oficial, donde se va a poder ver por primera vez en España (N.R.: Gugu’s world, de Allan Deberton).

Entré como director del festival en 2016; venimos trabajando desde hace 10 años. A lo largo del tiempo, especialmente en las últimas cuatro o cinco ediciones, hemos ido incrementando el presupuesto. Esto nos permite trabajar en un festival de estas calidades.

-Por fuera de la programación, ¿cuáles son los aspectos que buscan destacar?

Para nosotros es fundamental el sector educativo. Uno de los departamentos que más ha crecido en las últimas ediciones ha sido el de actividades educativas. Es donde hemos hecho más esfuerzo y donde estamos trabajando con más ahínco. Para que todos los años tengamos futuros nuevos espectadores, futuros cinéfilos. Se trabaja en sesiones matinales con actividades educativas o guías didácticas para que niños y niñas puedan disfrutar de las películas en el aula. Y también a través de la plataforma Filmin. Además, con otros festivales llevamos las películas a las diversas poblaciones de Huelva -no solo la capital-, para que puedan disfrutar del cine desde sus propias aulas.

También tenemos también un espacio como Cine y Valores, donde los cineastas nacionales tienen un espacio de coloquio con estudiantes, especialmente de las ramas técnicas, artísticas o de humanidades más vinculados a la cultura y al cine, para que tengan un acercamiento de primera mano con los cineastas.

Esa es la línea del festival, combinada a la vez con la entrega de los premios Luz a Amaia Salamanca y Patrick Criado, como hemos anunciado o el Premio Ciudad de Huelva que vamos a anunciar en breve a una estupenda actriz latinoamericana.

-A partir de las propuestas que se presentaron y de la curaduría que ustedes hicieron, ¿cuáles son las características principales de la programación de este año?

Nos interesa que haya variedad. Que te puedas encontrar con películas de género junto a películas más autorales. Hablamos antes de Pepita, que es un thriller, que pueden estar combinado con otros dramas más intimistas como Soy Mario. O tener una película tan diferente como Matapanki, una película de superhéroes subversivos rodada en un blanco y negro muy estético. Que a la vez dialoga con El bovino de los cuernos curvos, otra película rodada en blanco y negro, pero de un estilo totalmente diferente y con otro tipo de estética: en una la cámara tiene como más nervio y hay un montaje más ágil; en la otra hay un montaje más pausado, más contemplativo.

Al final, a nosotros nos gusta compartir miradas. Es verdad que a la hora de programar, buscamos diversificar las líneas narrativas. Como Los días libres, que coquetea con el género y que tiene un toque de ciencia ficción en la propuesta, al hablar de la relación del ser humano con las redes sociales, las computadoras y lo que hoy se engloba dentro de esas inteligencias artificiales. Todas ofrecen algo que intentamos hacer desde el equipo del festival, que es programar películas que tengan una personalidad cinematográfica, pero que sean también industriales, con un acabado que pueda disfrutarse también en pantalla grande, que para nosotros es fundamental.

-Mencionaste a Los días libres, de Lucila Mariani y antes a Pepita la pistolera, de Lucía Puenzo. Hay otra película argentina más en la sección oficial que es Las flores de Julia, de Cris Tapia Marchiori. ¿Qué destacás del cine argentino en general y de estas tres películas en particular?

El cine argentino ha dado muchas de las grandes películas del cine iberoamericano popular de los últimos años. Hablamos de Argentina, 1985, que, por cierto, disfruté mucho. Y hablamos también de una de mis preferidas, que es El secreto de sus ojos. Es una de las grandes películas que intento ver cada cierto tiempo porque me sigue maravillando, me parece un clásico contemporáneo.

En cuanto a esta selección, las tres películas tienen tres visiones totalmente diferentes. Es verdad que a lo mejor Pepita… y Las flores… están más cercanas en cuanto a, entre comillas, planteamientos narrativos o a lo mejor una vocación más de público. Pero en los tres casos hablamos de un cine rodado con calidad, para disfrutar en pantalla grande, un cine también festivalero y que es diverso. Cuando un espectador viene a ver cine en un festival, lo que quiere ver es obras diversas. Es cierto que los festivales tenemos líneas de programación. Nosotros en Huelva tenemos siempre alguna película de Locarno, así como podemos tener de Venecia o de Toronto. Nos movemos en diferentes festivales. Y es verdad que una película más libre -valga la redundancia del adjetivo-, como puede ser Los días libres, en el sentido de no ser una película de una estructura narrativa tan clara, convive con otras películas que tienen una propuesta narrativa más clásica, entre comillas.

Intentamos que haya una mezcla. Al final Iberoamérica son muchos países, son muchas formas diferentes de hablar el español, son muchas visiones diferentes y lo que intentamos es mostrar la diversidad del cine iberoamericano, latinoamericano, también el español con la sección que tenemos que se llama Acento Cine Español.

Pero si os fijáis, cuidamos mucho a la hora de comunicar las películas. Cuidamos hasta el fotograma que nos pasan las distribuidoras. Buscamos que el resultado final sea colorido, una gama de matices, incluso en aquellas películas en blanco y negro.

Cerrando un poco con la pregunta, ¿qué año no hemos tenido nosotros cine argentino en el festival? Llevamos años donde nos encontramos con mucha producción brasileña, y también de Chile, como de otros países. Pero siempre ha habido -si vamos al histórico del festival, que ya son 52 ediciones-, mucho cine argentino que ha pasado por aquí.

-En este contexto de cambios en los hábitos de consumo, la expansión de las plataformas, las dificultades para sostener la distribución independiente, que es algo muy propio del cine iberoamericano sobre todo, ¿cuál debería ser hoy el papel de un festival como Huelva?

Los festivales tienen algo diferente a lo que es acudir como espectador a una sala. Lo que ofrece un festival es un evento de cercanía. El Festival de Huelva precisamente tiene mucha cercanía. Nosotros nos aseguramos de que haya representación talent, y lo facilitamos desde el departamento de invitados de las películas a competición: que al menos viaje un talent de cada una de las producciones -son 12 en total las que vienen a concurso-, desde sus países de origen a España, a Huelva. Para presentar sus películas y para que tengan esa cercanía al público. Eso es complicado, prácticamente imposible que lo ofrezca el cine comercial que se estrena todos los fines de semana, excepto las pelis que de alguna manera se convierten en eventos y tienen eventos específicos.

Para el cine independiente, el proyectar de esta forma a modo de evento es muy interesante. Se trabaja en el concepto de comunidad entre el público y los cineastas, especialmente con el público. Y creo que al igual que tenemos otras festividades de todo tipo, culturales o religiosas, donde hay una concentración de personas que se salen de lo que es su ritual o su afición, que pueden acudir cada 15 días o cada semana, en un festival tienes todo esto con tres, cuatro y muchas proyecciones al día donde puedes elegir. Incluso en Huelva lo positivo es que hemos condensado mucho la programación para que todos los años nos movamos en el centenar de títulos con sedes muy cercanas, con horarios que da tiempo para moverte, gracias al tamaño que tiene nuestro festival, entre una proyección y otra. E incluso poder tomarte un cafecito o algo en los bares cercanos antes de ver la siguiente proyección. Y yo creo que eso es interesante.

A mí, de todas maneras, me preocupa más —porque también soy espectador y antes que director o gestor de un evento cultural del Festival de Huelva soy espectador- el tema de la atención. Para los cines la atención del público general es un factor fundamental. Te cuento un ejemplo, una anécdota que me pasó hace poco con un amigo: fuimos al cine a ver una película de género, de terror y había una familia con niños más pequeños de la edad permitida. Da igual, entraron, que es cosa de los padres. Pero uno de los padres le dio a uno de los pequeños un móvil para que estuviera distraído durante la proyección. Claro, estábamos en medio de una sala viendo una película, muy de género, con poco diálogo, muy visual, con un sonido especial, muy experiencial, que te aislaba del resto de las cosas. Pero -te pasa con niños como con adultos- de repente estás en una escena súper emocionado, alguien aparece con un móvil y lo levanta por encima de la butaca. Y esa luz a mí por lo menos me saca. Yo tengo también un tema con las luces en una sala de cine, que si veo una luz que deja de ser la de mi pantalla guía, que es la pantalla de cine: a mí me distrae. Y claro, me preocupa más la atención del público.

Hoy día se consume mucho audiovisual. Las plataformas hacen mucho bien para que el talento viaje, para las series. Yo también soy espectador de series y creo que te permiten disfrutar de obras de todo el mundo; si bien no de todas las películas, al menos te ofrece la posibilidad de poder ver audiovisuales con mucha diversidad. Pero es verdad que me preocupa mucho la atención del público.

Este año precisamente hay dos películas de tres horas: una, nacional, es La bola negra, que ha sido un éxito de público en España. La otra es un suceso internacional que también ha tenido éxito en España, que es La odisea. Ya han demostrado que un espectador puede estar tres horas viendo una película. No pasa nada: al final, podemos estar tres horas sin estar conectados al móvil.

Creo que más que la reflexión como cineastas o como festivales sobre qué podemos hacer, tenemos que pensarlo como sociedad: podemos estar tres horas desconectados para ir a una obra de teatro, ver el cine, ir a un concierto. Y ver un concierto a través de tus ojos y no a través de una pantalla.

Yo no soy nada antitecnología: la uso a diario para el trabajo, me gusta. Estamos teniendo esta entrevista a un montón de kilómetros de distancia gracias a la tecnología. Pero la tecnología no puede sustituir la experiencia de ir a un cine, de ver una película en pantalla grande, ni de ir a un concierto, ni de ir a un teatro y ver a un actor o una actriz declamando. Son cosas que como sociedad necesitamos trabajar en la atención.

-Estamos en vísperas de una nueva edición del Festival de Huelva del que asumiste el rol como director en 2016. ¿Qué encontraste hace 10 años, qué te propusieron hacer y qué representa hoy este festival?

Fíjate, es una pregunta que todavía me cuesta responder por la siguiente razón: porque a nivel profesional no trabajo tanto con el pasado, la nostalgia o la melancolía. Cada año de festival para mí es nuevo. De hecho, tengo un equipo que siempre me dice que todos los años quiere innovar algo. Hace 10 años el festival tenía una situación compleja (que además está en la hemeroteca, no estoy contando nada que no esté allí). Gracias a las instituciones, se ha ido mejorando presupuestariamente. Ten en cuenta que yo entré con un presupuesto de unos 450 mil euros en el mejor de los casos al principio —empezamos con 420 mil— y ahora estamos con una media en los últimos tres o cuatro años en torno a los 900 mil euros, el doble de presupuesto.

Eso te permite cuidar el evento: cuidar el departamento de invitados, dar más recursos a los departamentos, invertir en actividades educativas, que el festival siga siendo un símbolo de la ciudad, del cine y también para Iberoamérica. Pero también es verdad que en 10 años no estamos inventando nada: nosotros hemos ido aprendiendo de estos 10 años de nuestro público y recuperando muchas de las cosas que se hacían en los inicios del festival. Para mí es un referente quien fue fundador del Festival de Huelva, José Luis Ruiz. Tuve la oportunidad de trabajar con él en el Festival de Sevilla de Cine y Deporte, porque en esa etapa del festival hubo un par de años que fue de cine europeo y de cine y deporte, y ahí estuvo José Luis Ruiz. Le admiro, le tengo muchísimo cariño y he aprendido mucho. José Luis se trajo a (Luis) Buñuel a España y fue uno de los primeros premiados homenajeados de nuestro festival. Ya me hubiera gustado a mí darle el premio a Buñuel.

Hay cosas que, aunque son otros tiempos, estamos intentando recuperar. Un ejemplo claro es el cineclub: nosotros estamos intentando ofrecer películas a lo largo de todo el año. Hemos empezado ya el año pasado; este 2026 ya en mayo hemos tenido varias proyecciones en verano y otra en otoño. Ahora estamos con las instituciones locales y con el departamento de cultura del Ayuntamiento de Huelva —que es uno de nuestros patrones con el que trabajamos día a día— intentando articular esto para que haya más proyecciones a lo largo del año.

Es importante tener una memoria cultural de un evento como el Festival de Huelva, creo que sin nostalgia o midiendo mucho la melancolía. Como aquella película de Woody Allen, Midnight in Paris. Tenía una moraleja muy interesante: el pasado no siempre fue mejor. Creo que un personaje lo decía porque el protagonista tenía una crisis existencial y se iba al París de un montón de autores, donde estaban Picasso, Dalí, grandes personajes artísticos de mediados del siglo XX y la conclusión de esa película era esa.

Nosotros pensamos, y yo lo pienso personalmente, que el festival tuvo una época maravillosa. Hay que tener en cuenta que el Festival de Huelva fue uno de los pioneros en traer el cine latinoamericano a Europa y a España particularmente con una sección oficial que nosotros no hemos cambiado nunca. Nunca ha sido una sección paralela, siempre hemos tenido una sección oficial principal de cine iberoamericano. En eso no hemos cambiado.

En lo que ha ido cambiando el perfil de dirección —no hablo solo por Huelva, sino por otros compañeros y compañeras que conozco— es en incorporar la gestión económica también. En mi caso puedo hablarte de programación, pero también de patrocinios, de proveedores y de tomar decisiones económicas. Nosotros trabajamos con instituciones porque tenemos un patronato formado por el Ayuntamiento de Huelva, la Diputación de Huelva y la Junta de Andalucía, que son nuestros patronos. Tenemos ayudas del ICAA, competimos por ayudas con otros festivales. Hay una parte muy técnica que está en la dirección de festivales, que es necesaria y que ha cambiado mucho con respecto a esos años.

Julia Montesoro

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