Jazmín Stuart es showrunner y directora de la serie Verdades sumergidas, thriller policial protagonizado por Soledad Villamil, Candela Vetrano, Violeta Urtizberea y Gastón Dalmau que se estrena el jueves 22 en Flow. La trama comienza durante una escapada de un grupo de amigos a un balneario. La aparición del cuerpo sin vida de la integrante más joven del grupo desencadena una investigación en la que los vínculos entre los personajes y sus versiones de lo ocurrido se convierten en parte del misterio.
En paralelo, Stuart acaba de estrenar Cautiva, realizada en codirección con Paula Hernández, que incorpora una nueva experiencia a su recorrido detrás de cámara. Con ambos proyectos, la actriz y directora sostiene una línea de trabajo que le permite participar de la creación audiovisual desde diferentes lugares, alternando la interpretación con la dirección y el desarrollo integral de historias.
–Verdades Sumergidas llega a las pantallas después de un período prolongado de planeada y filmada. ¿Cómo atravesaste este tiempo de espera y qué significado le das a que finalmente encuentre a su público?
Me pone feliz que la serie finalmente encuentre a su público. Y no solo por mí sino por el elenco soñado que tiene, que viene esperando este momento desde hace mucho tiempo. Este elenco está conformado por Soledad Villamil, Violeta Urtizberea, Gastón Dalmau, Candela Vetrano, María Abadi y Martín Slipak, entre otros. Hicimos un trabajo gigantesco, con una producción a gran escala que llevó mucho tiempo de rodaje. Estábamos esperando el momento en que vea la luz y estamos felices de compartirlo con el público.
-En tu rol desdoblado de directora y showrunner de la serie, ¿cómo se distribuyeron tus responsabilidades?
Verdades sumergidas es un thriller psicológico con muchos ingredientes, ya que además incorpora el drama. No solamente se queda en esta estructura del whodunit, el subgénero que es «quién lo hizo». Se configura de esa manera y también tiene un diseño de personajes tridimensional, en donde la serie cobra muchísima humanidad. Incluso el personaje de la heroína, que es la fiscal Eloísa Guerrero (interpretada por Soledad Villamil), tiene sus propios dramas, sus propios traumas con los que debe lidiar mientras intenta resolver el caso.
Mi rol fue sumarle a la versión original de los guiones esta tridimensionalidad, esta humanidad; la cuestión vincular y también cierta perspectiva de género que el proyecto necesitaba. De esa manera se terminó configurando esta serie de ocho capítulos de 40 minutos, que luego me llevó a mí como showrunner a armar un diseño de producción junto con los productores y también el armado del elenco: elegir ese cast, elegir una cuestión estética, las cabezas de equipo, el diseño del arte y de la fotografía, junto con el director de fotografía y el director de arte. Fue un trabajo que en total demandó casi dos años, porque además acompañé todo el proceso de posproducción -montaje, sonido y el diseño de la música junto a Pedro Onetto, que es el músico de la serie-. Me llevó muchísimo tiempo, dedicación y energía, al margen de dirigir sola una serie de ese tamaño, algo que hoy ya no se hace tanto. Las series se dirigen de a dos o a veces de a tres. Pero en ese momento dirigí los ocho capítulos sola. Fue un trabajo inmenso…pero muy disfrutable.
-A propósito de las subtramas y los distintos géneros que explora la serie (el drama, el policial, el suspenso). ¿Qué te interesaba de cada uno de ellos?
El género policial me gusta mucho. Me interesa el thriller como impronta para filmar, para encuadrar, para construir atmósferas. Hay algo del clima cinematográfico que tiene la serie que vi como una oportunidad. Y también me interesa cómo trabajar el género desde la dirección de actores, con esa cadencia que necesita el thriller para funcionar. Llevar a los actores hacia esas aguas me pareció un trabajo súper interesante como de exploración.
-¿Cómo trabajaste el personaje de Soledad Villamil (la fiscal, quien lleva adelante la investigación), para que resulte verosímil y no sea el estereotipo que suele transitarse muchas veces, sobre todo cuando se trata de mujeres?
Absolutamente de acuerdo: es un género que históricamente pertenece a personajes masculinos y a veces se dieron roles a las mujeres pero sin traer toda la impronta de lo femenino. Acá hay una mujer que tiene una manera de interrogar muy particular. Cuando interroga a los sospechosos empatiza profundamente, los lleva hacia la emocionalidad. Gracias a esos métodos poco ortodoxos tiene grandes resultados. Al mismo tiempo tiene muchas capas como personaje: arrastra un trauma, una herida muy fuerte que se va develando a lo largo de los capítulos. Es una fiscal que no debería estar ejerciendo por cuestiones de salud emocional y sin embargo se embarca en esta investigación. Y al mismo tiempo el hecho de estar investigando hace que se vayan destrabando algunas cosas internas. Con Soledad lo trabajamos muy codo a codo. Hay algo de esta fiscal que además habita el universo de la costa del mar. Ella es surfer, tiene una relación muy fuerte con el océano. Y además es una mujer solitaria, que no se parece en nada a las fiscales o a las investigadoras que hemos visto en otras series o en otras películas. Se desmarca completamente de ese lugar. Soledad hizo una composición maravillosa: tiene momentos gloriosos.
-Filmar en la playa, en el mar, ¿qué ventajas y qué dificultades te planteó?
Las ventajas son muchísimas y se ven en la pantalla. Yo elegí que filmáramos en una zona de la costa argentina que tiene enormes acantilados y el paisaje es casi extraterrestre, casi como estar en otro planeta. Eso le da a la historia un entorno muy interesante: hemos filmado en altamar tenido jornadas de rodaje subacuático. Cosas que enriquecen muchísimo la trama y que a la vez fueron muy trabajosas, porque no es lo mismo trabajar en una ciudad y en escenarios controlables que en medio de la naturaleza, en donde de pronto cambia la marea, sube el agua, hay que salir corriendo y desalojar el set, que es la playa. O el mar está muy picado y las tomas que había que hacer no se pueden y te obliga a resolver de otra manera. Combinamos distintos escenarios para generar un todo. Fue un trabajo arduo, pero tuvimos un equipo a prueba de cualquier vicisitud.
-En esas condiciones atmosféricas y climáticas, ¿se puede volver a plantear un rodaje con esas condiciones?
Salvo raras excepciones en donde las plataformas hacen apuestas importantes, por proyectos muy puntuales, hay algo del tenor de las historias que se vuelven más pequeñas de producción. Al mismo tiempo eso puede disparar mucha creatividad y mucho ejercicio de herramientas creativas. Recientemente estrenamos Cautiva, que transcurre dentro de las paredes de un convento y pareciera que es controlable a nivel producción, pero a nivel artístico conlleva mucho despliegue. Que los recursos de producción sean más acotados genera más inspiración a nivel creativo. Pero estoy de acuerdo con vos en que fue una apuesta enorme hacer una serie como Verdades sumergidas y que quizás hoy sería mucho más difícil o imposible hacerla.
Siento que en ese momento tuve una libertad inmensa para poder materializar lo que soñaba como directora. Por suerte se refleja en el resultado. Pero entiendo que fue algo del contexto: en ese momento la situación era distinta, las plataformas estaban desembarcando con toda su fuerza en la industria audiovisual argentina y la apuesta era inmensa. Hoy estamos parados en otro escenario. Aun así, creo que las plataformas son las que siguen sosteniendo al sector audiovisual. Si no fuera por ellas, en este momento sería muy difícil que podamos filmar.
-Hablamos recientemente con Paula Hernández, codirectora de Cautiva, del trabajo que hicieron juntas y lo que significa estar filmando en este momento. Y sobre todo, poder filmar lo que quieren, porque también existe un condicionamiento fuerte de las propias plataformas respecto de las historias que se cuentan y cómo se cuentan.
Absolutamente. Cautiva fue un buen termómetro porque nosotras sabíamos que habíamos arribado a un buen resultado. Imaginábamos que había un nicho de público que la iba a disfrutar. Pero la sorpresa fue que el público fue muchísimo más amplio y más variado de lo que esperábamos, lo cual demuestra que hay una audiencia muy vasta, muy inmensa y muy variada que no solamente quiere entretenimiento: también quiere ver series con calidad cinematográfica y con historias que interpelen. Este es un termómetro muy importante para poder reformular, recalibrar el camino que estamos recorriendo desde esta industria nacional a través de las plataformas. El público está deseoso de ver ficción argentina y no le tiene miedo a la profundidad.
-¿Qué esperás de la repercusión de Verdades sumergidas, qué te imaginás que puede pasar?
El hecho de que se estrene completa en Flow y que al mismo tiempo se vea un capítulo semanal en Telefe abre bastante el juego. Porque Flow es una plataforma muy vista y porque la gente que ve televisión está ansiosa, deseosa de ver ficción argentina. Ese es un buen terreno fértil para estrenarla. Y por otro lado, también, lo interesante es que desafía al público, lo obliga a involucrarse, porque lo que narra es este reencuentro entre amigos en donde desaparece una de ellas misteriosamente en el mar. El resto de la serie va de la mano con la investigación que hace la fiscal y a través del relato de los distintos sospechosos vamos teniendo que revisitar las mismas situaciones, pero desde distintos puntos de vista. El rompecabezas se arma en la cabeza del espectador. Ese juego a la audiencia le fascina; sobre todo cuando la empatía que la serie genera con los personajes hace que defiendas un poco a todos.
-No hay ni tan buenos ni tan malos, ¿no?
No. Y al mismo tiempo vas descubriendo cuestiones del mundo interno de cada personaje y de los lazos que los vinculan, que siempre resultan reveladores y que también pueden generar mucha identificación. Me parece que tiene muchos ingredientes como para tener un buen impacto en el público.
-En este momento de tu carrera, ¿la directora le está ganando a la actriz? ¿La actriz está en standby?
Espero que no, porque me muero de ganas de actuar. Siempre tengo ganas de actuar. Cuando paso mucho tiempo dirigiendo tengo un terrible síndrome de abstinencia de la actuación. Y viceversa: si paso mucho tiempo actuando me muero de ganas de dirigir. No puedo concebir la vida de otra manera. Necesito ir rotando los roles porque también cuando estoy actuando aprendo mucho de dirección, observando el trabajo de quienes me dirigen. Y cuando estoy dirigiendo aprendo mucho viendo el trabajo artesanal que hace el elenco. Y siempre estoy aprendiendo algo que luego quiero poner en práctica. Siento que después de haber dirigido Cautiva me llevo un montón de herramientas del trabajo de las actrices y de los actores y quiero entrar a jugar como actriz en algún proyecto para poder desplegar esas cosas. Es muy loco lo que me pasa: aprendo y después quiero probar lo que aprendí.
Julia Montesoro


