Artista, historiadora del arte, curadora, docente, investigadora y pionera del videoarte argentino -Graciela Taquini, fallecida el sábado 19 de septiembre a los 85 años en Buenos Aires-, construyó una obra que atravesó el cine, la televisión, el video experimental, las artes electrónicas y los nuevos medios. Pero antes de convertirse en una referencia ineludible del videoarte, Taquini había construido una relación profunda con el cine: como espectadora, estudiosa, programadora, crítica, realizadora y militante de la circulación de las películas.
El cine estuvo desde temprano. Ella misma contó que la cinefilia le había llegado por su madre y que, en la década de 1950, comenzó a frecuentar las salas como acompañante de su hermana mayor. “Quedé atrapada por esos sueños soñados en una sala oscura”, escribió años después. La frase no era solamente un recuerdo de infancia: describía una relación con las imágenes que terminaría atravesando prácticamente toda su trayectoria.
En los años 80, junto con el crítico y docente Alberto Farina, su compañero durante largos años, realizó cortometrajes, condujo durante dos años un programa de Radio Municipal dedicado al cine, el video y la televisión y participó de la creación del Bela Lugosi Club, cineclub dedicado al cine fantástico. Aquel espacio pertenecía a una Buenos Aires cinéfila que encontraba en los cineclubes lugares de reunión, discusión y descubrimiento. Taquini formó parte de ese circuito junto a críticos, artistas y programadores, al mismo tiempo que profundizaba su propia formación cinematográfica.
Su acercamiento al cine tuvo además un capítulo decisivo en Jorge Prelorán. En 1975 descubrió la obra del documentalista y quedó profundamente ligada a ella. Desde 1981 recorrió distintas ciudades del país llevando en latas de 16 milímetros las películas de Prelorán para presentarlas y hablar sobre ellas. El contacto con aquella obra documental, situada muchas veces lejos de los circuitos comerciales, la llevó a estudiar lenguaje cinematográfico y a interesarse por las formas de producción, circulación y exhibición de las imágenes. En 1994 publicó Jorge Prelorán, dentro de la colección Los directores del cine argentino del Centro Editor de América Latina. El libro estudiaba la trayectoria de un cineasta dedicado a un género todavía poco transitado en la Argentina.
También escribió sobre la historia audiovisual argentina y sobre las relaciones entre cine, video y artes visuales. Entre sus publicaciones y trabajos figuran Los directores del cine argentino. Jorge Prelorán; textos sobre cine mudo argentino, documentales y video; Buenos Aires Video y numerosos ensayos y artículos reunidos en catálogos y publicaciones académicas. En 2005, además, participó en Curadores, publicación del Centro Cultural Ricardo Rojas, donde reflexionó sobre esa profesión que había convertido en una zona de trabajo entre el arte, la investigación y la gestión cultural.

Su vínculo con el cine realizado por mujeres encontró otro espacio en La Mujer y el Cine, festival creado en 1988 para dar visibilidad a directoras y abrir espacios de exhibición y discusión. Taquini siguió vinculada a ese ámbito hasta sus últimos años. En la edición de 2024 participó de la mesa “De la palabra a la acción”, junto a Sabrina Farji y Julia Montesoro -directora fundadora de GPS Audiovisual-, dedicada a proyectos de investigación y publicaciones sobre mujeres audiovisuales. Allí presentó Archivo vivo, una investigación realizada con un equipo interdisciplinario para recuperar y poner en circulación expresiones experimentales del audiovisual y las artes tecnológicas.
En paralelo, el cine fue transformándose en materia de su propia obra. En 1988 realizó Roles, considerada una pieza inaugural del videoarte argentino y un autorretrato performático en el que Taquini se preguntaba por su propia identidad mediante fotografías, archivos personales, imágenes televisivas y fragmentos audiovisuales. Era una entrada al video desde un territorio que el cine ya le había enseñado a recorrer: la memoria, la representación y la construcción de una mirada.
A partir de entonces desarrolló una extensa producción de video experimental, con obras como Psycho x Borges (1997), Play/rec (2000), Lo sublime/banal (2004), Resonancia, Granada y Cuerpo (2005), Cadáveres, Borderline, Sísifa y Secretos (2007), ROTA (2010), Lugar común y Fin del mundo. El cine clásico, la literatura, la televisión, la autobiografía y la historia argentina ingresaron en esas obras como materiales para ser revisados y reorganizados. En ¿Por qué?, por ejemplo, utilizó la imagen de Montgomery Clift en A Place in the Sun para construir una reflexión sobre el deseo, la memoria y la maquinaria cinematográfica que había alimentado su propia imaginación.
En 2018, a los 76 años, llegó finalmente al largometraje con La obra secreta, su ópera prima cinematográfica. Escrita por Andrés Duprat y protagonizada por Daniel Hendler y Mario Lombard, mezclaba ficción y documental para imaginar el regreso de Le Corbusier a La Plata, medio siglo después de su muerte, con el propósito de visitar la Casa Curutchet, la única obra que realizó en Latinoamérica y que no había conocido en vida. En paralelo, seguía a Elio Montes, un arquitecto frustrado que trabajaba como guía de la casa y había convertido al arquitecto suizo en una obsesión.
La película condensaba buena parte de las preocupaciones que Taquini había desarrollado durante décadas: el diálogo entre documento y ficción, la arquitectura como espacio de memoria, el artista frente a su obra, el archivo y la construcción de una identidad. La Casa Curutchet funcionaba como escenario pero también como dispositivo visual, mientras que el extraño encuentro entre Le Corbusier y su admirador permitía desplazar la película hacia un territorio cercano a sus experiencias con el video y la performance.
Había llegado a ese punto después de una trayectoria académica y profesional extensa. Nacida en Buenos Aires el 1 de julio de 1941, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde obtuvo los títulos de Profesora y Licenciada en Historia de las Artes. En 1971 y 1972 estudió en la Universidad Central de Barcelona gracias a una beca del Instituto de Cultura Hispánica. En 1980-1981 enseñó español y arte en Bennington College, en Vermont, y realizó una pasantía en el Smithsonian Institution de Washington vinculada con museografía.
En 1979 había comenzado a trabajar para la Municipalidad de Buenos Aires, primero en el Museo de Motivos Populares Argentinos José Hernández y posteriormente en distintos organismos culturales de la ciudad. Durante más de tres décadas desarrolló allí tareas de gestión y programación. Fue docente en la UBA, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Maimónides, la Universidad Nacional de Tres de Febrero y otras instituciones, donde enseñó historia del arte, historia del cine, curaduría y artes electrónicas.
A mediados de los 80 comenzó a organizar ciclos de video en el Centro Cultural San Martín. Más tarde programó arte electrónico en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y colaboró en la formación de su colección de video. Fue curadora de exposiciones en la Argentina y en el exterior, jurado de festivales y representante de proyectos argentinos en distintos países. En 2009 representó a la Argentina en la Bienal de La Habana. Su obra circuló por Europa, Estados Unidos, Canadá, Asia y América Latina.
En 2012 recibió el Premio Konex de Platino en la categoría Videoarte. En 2005 había obtenido el primer premio del Festival VideoBrasil por Lo sublime/banal y el Premio a la Acción Multimedia de la Asociación Argentina de Críticos de Arte. También recibió reconocimientos del Salón Nacional y del concurso MAMBA-Fundación Telefónica. En 2021 fue distinguida como personalidad destacada de la Universidad de Buenos Aires.
En 2020 creó Proyecto Legado, una plataforma dedicada a la investigación y preservación de realizaciones audiovisuales experimentales. Era, de algún modo, una prolongación natural de una tarea que había comenzado mucho antes: conservar aquello que podía perderse, recuperar obras que habían quedado fuera de los circuitos centrales y construir las condiciones para que otras generaciones pudieran verlas.
Taquini trabajó durante décadas sobre una frontera que cambiaba de nombre a medida que ella la atravesaba. Cine, video, televisión, performance, instalación, archivo, arte electrónico: más que elegir un territorio, hizo de ese desplazamiento una forma de trabajo. El cine fue uno de sus primeros lenguajes y nunca dejó de acompañarla. Primero desde las salas y los cineclubes; después desde los libros, la programación y la enseñanza; finalmente, desde sus propias imágenes. En esa continuidad entre mirar, pensar, conservar y hacer quedó una parte esencial de su legado.


