José Luis Rebordinos dirige su último Festival de San Sebastián: «Es bueno que venga alguien que entienda mejor el futuro»

José Luis Rebordinos llega a su última edición como director del Festival de San Sebastián después de 15 años al frente del certamen, al que estuvo vinculado desde antes de asumir la dirección en 2011. Durante ese período modificó la relación del festival con la producción latinoamericana y convirtió al cine argentino en una presencia sostenida en sus distintas secciones. Su despedida coincide con una edición atravesada por cambios, nombres vinculados a su historia y decisiones que también funcionan como balance de una etapa.

-Esta edición tiene una dimensión distinta por ser la última al frente del festival. ¿En qué momento de estos meses comenzaste a sentir que no estabas preparando una edición más sino la última?

Pues te va a sorprender, pero para mí ha sido la preparación de una edición como otra cualquiera. Es decir, nos hemos puesto a trabajar como cualquier año en hacer la edición. De vez en cuando te viene el pensamiento de que sabes que a partir del 1 de enero ya no serás el director del festival. Pero lo vivo como un proceso muy normal. Creo que hay que saber llegar a los sitios y saber irse. Yo ya hace dos años anuncié que me parecía que quería hacer otras cosas, que ya no tenía la energía que creo que hace falta para esta locura que es dirigir este festival ya tan grande. Y al mismo tiempo pensaba que era bueno que viniera alguien nuevo, que entendiera mejor el futuro, igual que nosotros hace 15 años cambiamos el festival pensando en los próximos años. Entonces, hace dos años decidí cambiar, porque en realidad seguiré haciendo cosas con el cine español y el cine latinoamericano, pero desde otro lugar. Para mí está siendo una edición normal. Luego me imagino que cuando lleguen los momentos de las despedidas habrá un punto de emoción que será difícil de controlar, pero hoy por hoy lo llevo con bastante normalidad.

-Cuando asumiste la dirección en 2011, ¿qué festival recibiste y qué festival creés que dejás en diciembre de 2026?

-Creo que cada bloque de años de diferentes directores ha supuesto siempre un avance sobre lo anterior. Mikel (Olaciregui) fue un avance sobre lo que hizo Diego Galán, Diego Galán sobre el anterior, y nosotros creo que recibimos un festival con algunos problemas. Era un festival que tenía mucho prestigio a nivel cinematográfico, pero tenía una falta de actividades de industria que empezaban a lastrarnos. Se había perdido un poco la buena sintonía; no es que fuera mala, pero no había esa sintonía tan buena que pudo existir con el cine español o con el cine latinoamericano. A lo largo de estos años hemos intentado restaurar esos puentes, apoyar cada vez más al cine latinoamericano. Lo hemos dicho muchas veces: no solo nos unen muchas cosas culturales y sociológicas, sino que somos un mercado de más de 500 millones de personas por una lengua común. Entonces, hemos intentado reforzar mucho nuestra presencia en América Latina y con el cine español, y todo esto apoyando mucho las actividades de industria. Creamos un foro de coproducción entre Europa y América Latina para que hubiera una puerta de entrada en Europa del cine latinoamericano potente y al revés, para que cierto tipo de cine europeo pudiera ir a América Latina.

Por otro lado, últimamente hemos creado el encuentro de inversores de cine que está funcionando muy fuerte, donde vienen inversores muy potentes y donde todos los años hay cuatro o cinco de América Latina entre los 35 que traemos. Fundamentalmente hemos reforzado el tema de industria y esas conexiones con América Latina y España que nos hacen más fuertes.

-El festival fue ampliando su relación con la industria, la formación, los nuevos realizadores y los proyectos en desarrollo. ¿En qué momento decidiste que San Sebastián debía ser algo más que un festival de exhibición y convertirse también en una estructura con otras necesidades?

Ser un festival donde la parte industrial fuera importante, para que la gente de la industria pudiera intercambiar experiencias y pudiera hacer negocio, lo decidimos ya el primer año Lucía Olaciregui -una de las subdirectoras- y yo, ese mismo año año recorrimos un poco el mundo preguntando a la gente de la industria qué querían de San Sebastián. Y cuando nos respondían les decíamos qué queríamos nosotros de ellos. Esto al final es un win-win, aunque no me gusta mucho usar palabras inglesas: es buscar algo para que ganemos todos de alguna manera. Ahí ya nos dimos cuenta de que teníamos que reforzar el tema industrial y también de que podíamos ser fuertes con América Latina y España.

Hay festivales más importantes que San Sebastián donde a una película argentina probablemente le puede ir peor que en San Sebastián aunque ese festival sea más importante. ¿Por qué? Porque tenemos unos lazos de unión que van a hacer que aquí la película se entienda mejor, los medios de comunicación aquí van a responder mejor ante un cine latinoamericano, etcétera. Eso fue en el primer año. En el primer año ya vimos que algo tenía que cambiar, que la industria tenía que estar más presente y eso tenía que ver con ese foro de coproducción, tenía que ver con Ikusmira Berriak, que en el fondo es una residencia de proyectos que se produce durante el año. En el primer año vimos todas esas necesidades en las que creo que en general hemos acertado.

-A partir de las decisiones que tomaron, ¿cuáles son los puntos más fuertes de la gestión?

Por un lado, la apuesta por la industria con la creación del foro de coproducción, la creación de las residencias de proyectos y la creación hace cuatro o cinco años de la conferencia de inversores creativos. Por otro, decidir que el festival no tiene que ser solo nueve días, sino todo el año. Somos parte de una escuela de cine creada hace unos años, Ikusmira Berriak, que se reproduce varias veces durante el año. Participamos en proyectos de mentoring para jóvenes realizadoras. Tenemos una programación en Tabakalera todo el año de proyecciones en la que participamos. Ese festival de todo el año y ese refuerzo de industria son probablemente las dos líneas más importantes en las que hemos trabajado en estos 15 años.

-¿Y cuál sería el pendiente que te queda?

Creo que eso le va a tocar a la nueva directora. Hay un objetivo que nunca llegamos a cumplir del todo, que es muy difícil: me hubiera gustado reforzar más la presencia de la prensa internacional. No es que estemos mal, tenemos más de mil periodistas, pero siempre pensé que un festival de nuestro tamaño tenía que tener más prensa internacional. Lo hemos intentado y, si bien hemos aumentado en 15 años la prensa en general, no ha sido de una manera significativa ni con cantidades importantes; cada año aumentamos diez o quince. No es significativo, ni tampoco es que hemos perdido. Es muy difícil porque en cuatro meses hay como siete u ocho festivales: empezamos con Locarno, Telluride, Toronto, Venecia, San Sebastián, Zúrich, Roma, Londres. Ocho festivales en cuatro meses. La competencia es complicada también para los periodistas: no puede estar cuatro meses fuera de casa todos los días. Tiene familia, otra vida, otras cosas, y económicamente es inviable. Es difícil competir, sobre todo con festivales como Venecia o Toronto, en cuanto a la presencia de prensa. Algo hemos mejorado, pero sí creo que ahí tengo una espinita porque cuando entré pensé que íbamos a conseguir mejores resultados de los que hemos conseguido, sinceramente.

-En algún momento dijiste que había que renovarse y en ese sentido promoviste a Maialen Beloki, quien va a dirigir los destinos del festival a partir del primero de enero de 2027. ¿Qué crees que puede aportar ella?

Llevamos 17 años trabajando juntos y once como subdirectora, le conozco muy bien. Maialen primero es una persona muy inteligente que conoce muy bien el festival. ¿Qué creo que puede aportar? Primero juventud, que no es una tontería: es una persona mucho más arraigada en el mundo actual de lo que puedo estar yo. Yo soy un señor ya de otras generaciones, de una generación de otros momentos, que obviamente tengo mucho que aportar, pero tengo un menor conocimiento de lo que está pasando ahora. Y si no es así, por lo menos me siento menos cómodo con la actualidad que con aquellas épocas de los 90 o de los 2000 que podía entender mejor. Siempre pongo un ejemplo: soy un señor de libro en papel. Hoy los tiempos son de leer libros en un artilugio. Yo eso no lo voy a usar nunca, me moriré sin usarlo; seguiré leyendo los libros, oliéndolos, tocándolos, mirándolos. Creo que Maialen es una persona de este tiempo. Yo soy del pasado y del presente; ella es del presente y del futuro. Es una persona que va a entender los cambios del mundo mucho mejor y que se sitúa mejor en lo que está ocurriendo, y va a aportar al festival precisamente eso: poder renovarse y acomodarse a lo que esté ocurriendo. Por eso es la persona ideal para el puesto.

Y además, muy importante: conoce el festival por dentro perfectamente. Una persona que aterrice aquí sin conocer esto…estará complicada. Tenemos 40 personas trabajando todo el año, más de 250 durante el festival y un presupuesto de 11 millones de euros. Si no lo conoces por dentro, estás abocado al fracaso o lo tienes muy difícil. Maialen llega a un lugar que conoce bien para coger una responsabilidad nueva, pero es alguien que ya está adentro y conoce el festival.

-En esta última edición Ricardo Darín es la imagen del festival, y la presencia argentina atraviesa distintas secciones. ¿Qué significa cerrar tu etapa con una presencia argentina de estas características y qué recorrido explica que el cine argentino haya alcanzado ese lugar en San Sebastián?

Era mi último año y yo revisaba los carteles y veía que no había ninguno latinoamericano. Entonces me dije que debía ser Ricardo Darín. Si hay un icono del cine latinoamericano es Ricardo. Tenéis, no solo vosotros sino todo el cine latinoamericano, grandes actores y actrices: Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Marcelo Subiotto, etcétera. Pero Darín es un icono en España. Y además se da la casualidad de que es alguien que, si me lo permite, lo siento como un amigo. Sé que la palabra amistad es muy importante, pero a Ricardo lo siento como un amigo de muchos años. Es alguien que siempre ha sido tan amable y generoso con nosotros. Se lo planteé e inmediatamente dijo que sí, que por supuesto, que lo que quisiéramos; siempre Ricardo es así, siempre sí. Estoy muy contento de que en mi último año lo tengo enfrente aquí en el despacho, lo estoy viendo todos los días enfrente.

¿Y por qué el cine argentino? Creo que ha tenido mucha fuerza todos estos años el cine latinoamericano en general. Por ejemplo, una película brasileña o una chileno-argentina como la de Larraín en competición. ¿Por qué? Porque nos hemos sentido muy cómodos con el cine de América Latina. ¿Y por qué el argentino? Porque el argentino ha sido el cine más importante de América Latina en los últimos años. Otra cosa es que desde que está el gobierno de Milei lo ha ido destruyendo paulatinamente, esto es más complicado. Pero el cine argentino sigue teniendo el mismo talento que tenía antes y va buscando sus formas de sobrevivir a través de producciones con las plataformas; esta película de Larraín, producida por Netflix, se hace en Argentina y los cuentos son de Mariana Enríquez. O también buscando coproducción fuera, ya sea en México, en Uruguay o en Brasil.

La película Glaxo, que creo que va a ser una de las grandes películas de la competición de Benjamín Naishtat, es una producción casi totalmente brasileña pero con el talento argentino detrás. No es casualidad. Creo que tenemos mucho. Luego, en los últimos años ha habido un apoyo expreso al cine argentino por parte del festival cuando lo va pasando tan mal. También lo hemos intentado con el cine venezolano o con el cine brasileño en el momento que peor la ha pasado, lo que pasa es que nunca hemos visto ese poderío en ellos que tenía el cine argentino. Lo he dicho en algún momento: en el Foro de Coproducción, de 16 películas cogíamos seis argentinas, pero si hubiéramos cogido en orden de importancia los proyectos que más nos gustaban, de 16 hubiera habido 14 argentinos y teníamos que renunciar a algunos para que hubiera un equilibrio de países. Realmente es una cinematografía muy poderosa a pesar de que ahora lo esté pasando muy mal y sea más complicado. Estamos hablando de Glaxo en competición de Benjamín Naishtat, para mí uno de los directores más importantes del mundo, no solo de América Latina. Estamos hablando de Larraín produciendo en Argentina con un equipo argentino y con unos relatos argentinos. Pablo Larraín es la primera vez que compite en San Sebastián, aunque ha venido muchas veces. En otras secciones hay películas de El Pampero. Realmente hay mucho cine argentino de nivel, es muy fácil incluir cine argentino en un festival como el nuestro, no hay que hacer grandes esfuerzos sinceramente.

-Qué bueno saber eso. Y que además hay más cine argentino que no está en las secciones competitivas.

Este año hemos hecho algún esfuerzo extra: va a haber unos cortos que hacemos con la Academia (de Cine de la Argentina), una proyección de cortos y haremos un par de proyecciones extras con la Ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué? Porque la Ciudad de Buenos Aires se te acerca para hacer cosas conjuntamente y colaborará con el festival de cine español (Mass, realizado conjuntamente con el Festival de Málaga en Buenos Aires). Argentina está muy viva a nivel audiovisual. El único que no se entera o se entera y quiere destruirlos es el gobierno de Argentina. Cualquier gobierno normal estaría interesadísimo en usar de una manera interesada la fuerza del audiovisual argentino, sin embargo este gobierno quiere acabar con él. No se entiende, no se puede entender.

-Si no lo entiendes vos, imagínate lo que podemos entender nosotros en Argentina. Mientras tanto, ¿qué buscaste este año en las películas argentinas seleccionadas para las distintas secciones?

Lo de siempre. Cuando programas siempre te fijas en la forma. El tren fluvial me parece una película original, diferente, narrada de una forma diferente y además con un tema especial e importante. En el caso de Glaxo de Benjamín Naishtat, que me parece una grandísima película, no voy a descubrir a Naishtat ahora, a nivel de puesta en escena me parece magnífica. Por cierto, Lali Espósito está estupenda y me recuerda a las grandes estrellas del cine de Hollywood de la época de los estudios; hace un papel que tiene ese toque, recuerda a algunas de las grandes divas del cine norteamericano en los años 40 y 50. ¿Qué hemos buscado? Calidad. Esta película tiene muchísima calidad. La película de Larraín lo mismo. Estamos hablando de películas muy poderosas a nivel de puesta en escena y temáticamente muy fuertes. En una como la de Larraín está la literatura argentina. Y están las grandes damas del cine argentino: Mercedes Morán y Dolores Fonzi me producen una admiración impresionante.

A veces a los españoles nos pasa con el cine español y latinoamericano que tenemos un poco de complejo, pero Darín es uno de los grandes actores del cine mundial. En España y en América Latina hacemos grandes cosas aunque algunos se empeñen en intentar demostrarnos que no. Tenemos que estar orgullosos, es muy fácil encontrar cine latinoamericano y cine argentino poderoso, de verdad no nos ha costado ningún esfuerzo. Va apareciendo, lo vas viendo.

Tenemos unas cuantas películas latinoamericanas. Por ejemplo en Horizontes están La ilusión de un verano sin fin, que es bellísima y muchas coproducciones como La perra, de Dominga Sotomayor. Hay mucho cine argentino y muy variado. Incluso se han quedado fuera algunas películas más comerciales que no están nada mal. Creo que a pesar de los pesares no pueden con el cine argentino, sigue teniendo un nivel creativo altísimo. Ahora se estaba presentando en Venecia la película sobre Borges de Mariano Llinás que es excelente. He tenido la oportunidad de verla y es excelente. De El Pampero tenemos El fantasma, que disfruté muchísimo; es una especie de falso documental y ficción excelente, una película sorprendente. Hay una creatividad y una vitalidad en el cine argentino que no van a poder pararlo fácilmente.

-Durante tu gestión también cambió la relación entre los festivales, las plataformas, las nuevas formas de producción y las salas. ¿Qué discusión sobre el cine crees que va a seguir siendo central para San Sebastián durante los próximos años?

Siempre hemos intentado explicar que juzgamos películas. Si una película nos gusta, esté producida por una plataforma o por un productor tradicional, nos da exactamente igual. Nada es blanco ni negro; las plataformas han traído grandes cosas y otras negativas, pero la discusión sobre cómo tienen que comportarse las plataformas no nos corresponde a nosotros. Como festival no soy quién para decir si una plataforma tiene que tener seis meses una película en las salas o no, ni qué impuestos tienen que pagar. Eso corresponde a quien corresponde. Claro que echo en falta que a veces las plataformas contribuyan con impuestos en los países donde están con una normalidad que a veces no se produce, pero eso no quita un ápice de importancia a las películas que producen. En muchos países han traído trabajo suficiente para mantener viva la industria que sin las plataformas probablemente se hubiera visto muy mermada. Salvo Cannes, todos los festivales grandes ponemos películas de plataformas. No hemos sido pioneros de nada.

Este año vamos a poner una serie de televisión a concurso, ¡hay gente que no lo entiende! Mis muertos tristes es una versión convertida en largometraje con unos pequeños cortes entre capítulos y unos fundidos a negro, pero es prácticamente la serie. En esa serie hay mucho más cine que en la mayoría de las películas que vamos a proyectar en el festival. Nosotros juzgamos el producto que vemos, nos da igual si es serie, animación o documental.

¿Cuáles son los próximos retos? El reto gordo de los festivales va a ser financiarse, porque vienen tiempos donde el liberalismo más atroz, más descarnado viene con fuerza y va a haber menos dinero público para la cultura, al menos da la impresión que Europa va pasar, ya lo veremos. Me gustaría que no pasara… Y luego está el tema de la IA: cómo se usa y cómo no, si una película hecha con IA puede competir con una que no. Genera un debate, luego está para qué se usa. Detrás de la IA siempre va a haber mínimamente alguien programando, siempre va a haber seres humanos; no creo que la IA vaya a cobrar vida como en las películas y se vaya a autoprogramar. No creo que pase. Lo que pasa es que hay temas éticos complejos, como hacer una película con un actor que ha muerto, que hoy ya se puede hacer. Diríamos entonces que la interpretación no tiene importancia, pero la seguirá teniendo el guionista que ha creado esa historia. Los temas se irán resolviendo y la sociedad seguirá evolucionando. Soy un optimista, a pesar de este mundo tan feo que hay ahora, soy un optimista irredento y pienso que los tiempos que vendrán serán mejores que los actuales. No sé si un poco ingenuo.

-Cuando termine la última ceremonia, se cierre el festival y llegue el domingo 27 de septiembre por la mañana, ¿qué vas a hacer?

Todo el domingo por la mañana y por la tarde, despedir a los jurados. El lunes irme a Bilbao, porque haremos una prolongación del festival en el centro Azkuna para presentar la película de inauguración. El martes probablemente ir a Pamplona, donde también hacemos alguna cosa. A partir del miércoles, tranquilidad. Esa es la idea. Luego tengo un par de viajes: voy a ser jurado en el festival de Sevilla y tengo viajes pendientes a Colombia y a Ventana Sur, donde seguiré representando al festival todavía porque soy director hasta el 1 de enero y la nueva directora por fechas no podía ir a Uruguay. En esta ocasión iré yo representando al festival. Y ya llegará el 1 de enero, donde seré un hombre un poquito más libre que ahora.

-Bueno, Buenos Aires y Ventana Sur y además el MASS.

-Sí, Ventana Sur este año es en Uruguay y estaremos ahí, pero vamos a intentar mantener el festival de cine español con nuestros amigos y compañeros de Málaga, donde ponemos tres películas de San Sebastián y tres de Málaga. Estamos intentando hacerlo en Buenos Aires buscando fuentes de financiación; creo que será una realidad que se podrá hacer, va todo bien encaminado, y vamos a ver si también lo podemos hacer en Uruguay como el año pasado. El año pasado se llenaron casi todas las sesiones, hubo muchísima gente y fue una gozada. Intentaríamos volver a llevar seis películas, dos invitados por película, más el equipo de Málaga y San Sebastián, para presentar nuestro cine en vuestro país y en Uruguay.

 Va a ser un placer recibirlos. José Luis, muchas gracias por estar siempre con GPS Audiovisual y en lo personal conmigo. No puedo decir que somos amigos, pero tengo un afecto muy grande por vos, me pongo un poco triste y me alegra que inicies esta nueva etapa a partir del primero de enero. Mientras tanto, nos vemos en pocos días en el 74º Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

-Muchísimas gracias por el trabajo que hacéis, a GPS Audiovisual lo sigo siempre. Muchas gracias por tenernos ahí y acordaros de nosotros. Y yo sí te considero una amiga: son ya muchos años de estar del mismo lado de la barricada y de la trinchera defendiendo la cultura y el cine.

Julia Montesoro

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