El director, guionista y productor alemán Werner Herzog recibió el primer Premio Donostia de la 74ª edición del Festival de San Sebastián, en una gala inaugural celebrada en la noche del viernes 18 en el Auditorio Kursaal, que ha servido para dar comienzo a nueve días de cine, encuentros y reflexión. Hasta el sábado 26, el certamen donostiarra proyectará 263 películas procedentes de 47 países, en una programación que vuelve a apostar por la pluralidad y la diversidad.
El director alemán ha recibido el máximo galardón honorífico del Festival de la mano del actor Orlando Bloom, presente en el reparto de su última película, Bucking Fastard, previamente proyectada en el Teatro Victoria Eugenia. El Festival ha querido poner en valor una trayectoria marcada por «la exploración de los límites del cine y por una mirada siempre singular, libre y arriesgada».
Tras recibir una larga ovación, Herzog ha confesado su «conexión» con el pueblo vasco desde que filmó Aguirre, der Zorn Gottes / Aguirre, the Wrath of God (Aguirre, la ira de Dios, 1972), al tiempo que ha evocado el rodaje de Cave of Forgotten Dreams (La cueva de los sueños olvidados, 2010), durante el que se sintió muy cerca de quienes hicieron las pinturas rupestres hace miles de años.
También ha elogiado la cultura vasca y el euskera –»una lengua increíble, la más antigua de Europa»-, y ha mostrado su admiración por los bertsolaris (improvisadores orales) como representantes de una comunidad de poetas. «No sé exactamente de qué hablan, pero siento que hay una comunidad de la que me siento parte. Recibo este premio de un pueblo de poesía», ha concluido.
Por su parte, Bloom ha destacado a Herzog como un «cineasta excepcional» con una «voz inconfundible». «Explorando ya sea lo extremo de la naturaleza, los extraños recovecos del comportamiento humano o los límites entre la realidad y la ficción, Werner siempre ha concebido el cine como una aventura», ha asegurado.
En la conferencia de prensa realizada luego de la presentación de Bucking Fastard, la más reciente pelicula de Herzog, se produjo este diálogo con GPS Audiovisual.

-En Bucking Fastard las mujeres son ingenuas, tiernas y sensuales pero al mismo tiempo son las que salvan el mundo. ¿Este punto de vista estaba desde el comienzo del proyecto?
Siempre estuvo claro que las hermanas tenían que cargar la película sobre sus hombros y que no solo son dulces y anhelan amor: también son pirómanas y buscan venganza. No son personajes lineales sino complejos. Siempre las vi así. Y por supuesto, la película incluye acciones que no estaban en el guion. Por ejemplo: hay un momento muy misterioso en el que un ciervo entra en la cueva y los mira. Eso no estaba en el guion. Lo dejé porque quería ver la reacción de las dos hermanas en una situación de completa sorpresa. Siempre hubo márgenes de flexibilidad. Incluso en la escena de la cama con Orlando, les di pétalos de rosa y me dijeron que no lo querían porque no sabrían cómo lidiar con eso. Entonces les pedí que fueran amables con él. Y fueron muy ingeniosas en la manera de resolver la situación. Es algo que no estaba planeado completamente: una película estaría condenada al fracaso si se hiciera una traducción literal del guion.
La gala inaugural, presentada por las actrices Fariba Sheikan y Mariona Terés con la participación de Cayetana Guillén-Cuervo recordó el 40º aniversario del estreno de La misión, película dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Jeremy Irons, que ha regresado al Festival cuatro décadas después de su estreno. Irons y el productor David Puttnam han subido al escenario del Kursaal para recordar la película y reivindicar su vigencia, convencidos de que el cine debe ofrecer «cautela y esperanza».
Durante la gala inaugural, se ha puesto el foco en el disfrute colectivo del cine frente al consumo individualista de contenidos en las pantallas y ha subrayado la necesidad de afrontar los grandes retos e incógnitas que plantea el futuro del cine.


