Gabriel Drak estrena «Los últimos románticos»: «Me identifico con el sarcasmo que tienen los personajes»

El jueves 31 de enero se estrena la coproducción argentino-uruguaya Los últimos románticos, comedia negra escrita y dirigida por Gabriel Drak y protagonizada por Juan Minujin, Néstor Guzzini, Vanesa González, Ricardo Couto, Ernesto Liotti y Adrián Navarro.

La historia gira en torno a Perro y Gordo, dos adolescentes tardíos de unos 40 años, amigos desde siempre, habitantes de un balneario donde nunca pasa nada, que por un designio de la suerte se encuentran ante la posibilidad de salvarse. El plan –si es que lo pueden pensar en términos de plan- implica desconocer los vínculos afectivos, el cumplimiento de las normas y los escrúpulos. ¿Hasta dónde está dispuesta a seguir esta pareja de lunáticos con tal de llegar al objetivo? La pregunta proyecta el mismo deseo, común a cualquier mortal, de llevarse el pozo ganador sin apostar.

El director Gabriel Drak dialogó con GPS audiovisual acerca de esta comedia con toques delirantes.

-¿Comedia dark o Comedia Drak?

Son casi sinónimos. Me relaciono mucho con esa acidez, esa ironía, ese sarcasmo que por lo general tienen todos los personajes de mis películas. Personajes que por lo general están buscando salvarse ante situaciones límites que los enfrentan a sí mismos, y por eso buscan esa salvación a como dé lugar. Eso está tratado siempre con cierta oscuridad (temática, no lumínica), que de alguna forma define mi impronta.

-¿Cuál fue el disparador de la idea del guión? ¿Un hecho real? ¿Una sucesión de ideas dispersas (las pequeñas corrupciones cotidianas, la moral del que busca una oportunidad para salvarse, los infiernos grandes de los pueblos chicos) puestas en el formato de una comedia?

Hubo un hecho real de donde surgió la idea: fue la captura de un traficante serbio que estaba haciendo un traslado entre Colonia y Buenos Aires. Cuando lo apresaron descubrieron que era un gran capo narco de Europa Oriental.

La idea tiene que ver con el que busca una oportunidad para salvarse; ésa que aparece cuando uno cree que ya no va a llegar. Vale para todos los personajes, sin hacer juicio de valor sobre lo moral o amoral. Los infiernos grandes de los pueblos chicos existen, totalmente. En este caso se trata de un balneario tan chico que en realidad prácticamente no vive nadie en él, excepto (como se describe incluso en la película) extranjeros, que en cierta medida también deben buscar su segunda oportunidad.

-Tu primera película es de 2012. Pasaron seis años sin filmar. ¿Cuánto demoró este proyecto de la idea a la realización? ¿Cómo fue tu relación con el cine durante estos seis años?

Desde la idea hasta el estreno, el proyecto llevó un poquito más de cuatro años. Durante todo este tiempo estuve desarrollando otros proyectos, tanto de cine como de televisión. Concretamente, una serie que está próxima a definirse. Esta película se concretó antes. Mientras tanto, la relación que tengo siempre con el cine es la de un ávido espectador.

-¿Qué estaba antes, el guión o los personajes? ¿Cómo se eligieron los protagonistas?

Ambas cosas están indisolublemente ligadas. El guión y los personajes nacen conjuntamente; se ayudan unos a otros, se complementan. Soy poco afecto a los castings interminables. Muchas veces, en la etapa inicial del proyecto le pongo la cara a un personaje. Después termino concretando con ese actor. Luego, hacemos pruebas para ver si funciona eso que yo imaginé. Confío en mi instinto y hasta ahora me da resultado.

-La idea de tener “una segunda oportunidad” para encarrilar las vidas de los personajes implica riesgos, deslealtades, traiciones. Ninguno de los personajes reflexiona sobre estos tópicos. No hay culpas o arrepentimientos. ¿Es una comedia amoral?

No creo que tengan que reflexionar sobre lo que les pasa. Porque les pasa lo que buscan: una segunda oportunidad. En el caso de los actores principales, no importa cómo llegan hasta esa oportunidad: están esperando desde la adolescencia que les llueva del cielo. Son tipos cuarentones que están sumergidos en una post adolescencia eterna que parece no terminar nunca. Sin embargo, cuando sucede el hecho fortuito que cambia sus vidas, lo toman como eso, como una segunda oportunidad. Si bien se plantean dudas, hay algo demasiado grande como para dejarlo pasar. Y aunque reflexionan acerca de lo que puede suceder, deciden seguir adelante.

Personalmente no evalúo o no concibo tanto lo moral/amoral, creo que más que nada esa es responsabilidad del espectador. Estos personajes están en una situación inesperada y urgente, que los toma de sorpresa. No hay más que eso.

-¿La elección de la locación tiene que ver con tu conocimiento de la zona o por requerimientos del guión?

En realidad con ambas, con ninguna y con una razón superior a todas ellas: que fue allí donde se disparó la historia. Donde la escribí, la ideé y la situé. Y donde les describí el proyecto a los demás. La locación tenía que ver con el guión y viceversa. Estaban estrechamente ligados, porque la locación es la que da origen a la historia.

-¿En qué te basaste para captar el mundo bucólico y de movimientos inerciales de ese pueblo pequeño?

El pueblo inspira la historia: sus características intrínsecas la disparan. Lo que se ve es lo que hay. Lo que hubo que hacer fue ir y registrarlo. El pueblo es así: es un balneario (el pueblo está del otro lado de la carretera), exactamente tal como lo describís.

-Es una película de intrigas, que en los últimos minutos se van develando con una sucesión de hechos inesperados. ¿Cuáles fueron los modelos (literarios, cinematográficos) que seguiste para aplicarlos en la película?

No sé si son modelos fácilmente trasladables o visibles. Pero si me preguntás referencias, te podría hablar de los Hermanos Coen, los grandes maestros del género, y de David Mamet.

-¿Qué significa o qué expresa la escena sadomaso en el hotel, tal vez jugada en un registro que la película no tiene?

Tanto en esa escena específica como en la anterior, el espectador se empieza a dar cuenta de que Perro y Gordo no son 100 por ciento sinceros entre ellos, y que se ocultan cosas. La escena sado es el momento en que Perro se entera de un secreto que le había mantenido Gordo durante todo el tiempo.

-¿Los pobladores de la zona se reconocen en estos personajes?

El hecho curioso con esos pobladores es que el pueblo es un balneario. Los habitantes viven del otro lado de la carretera, y muchos van a trabajar al balneario. En los últimos años cerró uno de los dos almacenes. Por eso prácticamente no tiene habitantes. El lugar es bucólico y el paisaje es sobrecogedor, pero lo que impresiona es el silencio, la falta de movimiento, de gente. Se podría decir que no hay pobladores suficientes como para siquiera llamarlo pueblo. Cuando hicimos la película eso era notorio. Prácticamente estábamos nosotros solos.

Norberto Chab

gpsaudio

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