Jorge Zuhair Jury, figura esencial de las letras, el cine y el patrimonio cultural de nuestro país, falleció el domingo 20. Había nacido un 17 de abril (según las fuentes, en 1935 o 1937) en Santa Rosa, provincia de Mendoza y desde muy joven forjó una mirada estética y humana profundamente ligada a la tierra, a los relatos orales y a las vivencias del interior del país.
De acuerdo a una reseña de Argentores, su formación no respondió a los moldes académicos formales, sino al pulso de la calle, al rigor de los más diversos oficios y a una temprana e inagotable devoción por la lectura. En numerosas entrevistas a lo largo de su vida, solía evocar cómo la necesidad imperiosa de escribir surgió de la observación de las postergaciones, las soledades y la inmensa dignidad de los seres sencillos, dotando a su prosa de una lírica seca, austera y desprovista de artificios.
Esa sensibilidad narrativa encontró en el cine su mayor vehículo y trascendencia, conformando junto a su hermano Leonardo Favio una de las duplas creativas más revolucionarias de la cinematografía hispanoamericana. De su pluma nacieron los universos y guiones de obras cumbre como “Crónica de un niño solo”, “El romance del Aniceto y la Francisca” -inspirada en su relato “El cenizo”-, “El dependiente”, “Juan Moreira”, “Nazareno Cruz y el lobo” y “Gatica, El Mono”. Al mismo tiempo, extendió su talento como guionista colaborando con realizadores como Lautaro Murúa y Fernando Siro, e incluso incursionó en la dirección cinematográfica con películas como “El fantástico mundo de la María Montiel”, sin abandonar jamás la literatura a través de colecciones de cuentos y novelas que hoy forman parte ineludible de nuestra narrativa.
Tras su muerte, losandes.com.ar/ publicó la siguiente reseña: «Zuhair Jury construyó una obra profundamente ligada al paisaje, a los relatos populares y a los personajes anónimos del interior. Su formación estuvo lejos de los caminos académicos: aprendió en la calle, en los oficios, en la observación de la vida cotidiana y, sobre todo, en una temprana pasión por la lectura. Esa experiencia alimentó una literatura poblada de seres marginales, solitarios y postergados, tratados sin condescendencia y con una mirada que encontraba poesía en sus vidas.
Él mismo explicó alguna vez que con Leonardo habían aprendido más “mirando” que en la escuela. Los dos crecieron en Mendoza y llevaron consigo esa experiencia cuando se instalaron en Buenos Aires. El paisaje y la llamada “teluria” mendocina, decía Zuhair, eran parte de la sensibilidad de quienes nacían en esa tierra».
A lo largo de su prolífica carrera, su obra fue ampliamente celebrada tanto por el público como por la crítica especializada. Recibió en reiteradas ocasiones el Premio Cóndor de Plata otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina a Mejor Argumento y Guion, además de reconocimientos en certámenes internacionales y homenajes de esta misma casa, Argentores, donde defendió con convicción los derechos y la jerarquía de los creadores audiovisuales.
Además, su película “El fantástico mundo de la María Montiel” obtuvo el Primer Premio del Festival internacional de Karlovy Vary, en República Checa; y por sus guiones de “El largo viaje de Nahuel Pan” y “El piano mudo”, recibió los primeros premios del INCAA.


