Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Diego Carriqueo, director del Festival Audiovisual Bariloche: «Pudimos volver a las salas y además aprovechar la virtualidad»

Organizado por la Secretaría de Estado de Cultura del Gobierno de la Provincia de Río Negro, el Festival Audiovisual Bariloche se lleva a cabo entre el miércoles 29 de septiembre y el domingo 3 de octubre con el objetivo de presentar una sustancial cantidad de obras en diferentes formatos, tanto nacionales como regionales, acompañados por sus correspondientes realizadores y trabajadores, para contribuir de esta manera con el progreso y la difusión de toda la producción audiovisual desarrollada en la región y el país.

La muestra se realiza en modo híbrido –tanto presencial como online- y gratuito, con 74 producciones audiovisuales distribuidas en 11 secciones competitivas. Las películas se pueden ver accediendo a la plataforma Cine Independiente y las actividades a través del canal de youtube FAB FestivalAudiovisualBariloche.

Diego Carriqueo es desde 2013 el director artístico del Festival Audiovisual Bariloche.

-El festival audiovisual Bariloche es uno de los grandes eventos de la región patagónica. ¿Cuáles son las novedades que presenta esta novena edición?

La gran novedad es volver a las salas después de este tiempo de encierro y a la vez, haber incorporado la virtualidad. La edición 2020 del Festival fue 100% virtual, lo cual fue extraño y novedoso al mismo tiempo. Desde cualquier lugar del país ahora se puede tener acceso a las películas y al mismo tiempo, quienes estamos en Bariloche podemos ir a la sala y disfrutar el encuentro.

-¿Qué los impulsó a incorporar la virtualidad?

Aunque sabemos que no es lo mismo que estar en una sala, es una gran herramienta. Si hay algo en lo que estamos todos de acuerdo, es que nosotros hacemos estos eventos (de la misma manera que otros hacen una película) para que llegue a la mayor cantidad de gente posible. En pos de eso, bienvenidos los espacios y las herramientas que lo permitan. Independientemente de lo territorial que pueda tener el evento.

-¿Qué características tiene esta muestra que la hace diferente de otros festivales de la Argentina?

La identidad regional. No solo lo hace diferente al FAB, sino a todos los festivales que hablen de la diversidad de lugar, aquello que sobresalga en una región, que marque la diferencia. Cuando uno dice “Bariloche”, como cualquier otra ciudad turística, se piensa en la nieve, en el chocolate o en la cerveza artesanal. Y no en la actividad audiovisual. Nosotros queremos aportar desde ese lugar: en la región patagónica -tanto chilena como argentina- hay una identidad, un sello que identifica, que más allá de los paisajes tiene que ver con las historias del lugar, con la forma de hablar, de comunicarse, de moverse. Que obviamente tiene que ver con el contexto del paisaje y demás cuestiones propias de la Patagonia.

Cuando nosotros empezamos –y ya estamos en la novena edición- muchas veces se valoraba mucho más el cine de afuera. Fue muy gratificante trabajar para reconocer el aporte propio. Para miramos nosotros y a nuestras historias. Y a partir de ahí, tener algo para mostrar o compartir. De las once secciones del Festival, nueve están dedicadas a mostrar la realidad de la región patagónica.

-La variedad de producciones y de formatos que se genera en la Patagonia es muy intensa.

Absolutamente. Yo nací en Viedma y actualmente vivo en Bariloche. Tuve la suerte de ir a festivales de la Patagonia y me sorprende la producción, tanto a nivel técnico como de calidad. Ni hablar para quienes no viven en la región.

Históricamente la zona de Bariloche siempre fue una locación atractiva. En los 70, aquella película de Luis Sandrini, El profesor partagónico, filmada en La Trochita. Hace 20 años, los extranjeros que venían a grabar publicidades. Siempre fue una zona solicitada para rodajes.

A partir del segundo festival se empezó a hablar de la Ley de Fomento Audiovisual para incentivar esa producción. Por suerte ahora es una realidad concreta. Acompañada además por dos universidades que forman nuevos profesionales. Aquello que años atrás imaginábamos, ahora lo estamos transitando. El Festival es un eslabón más de la cadena.

-¿Hay algún eje temático o un criterio central a seguir en las distintas competencias de esta novena edición?

La convocatoria es amplia, abierta; tanto de género y de formatos como de las historias que se abordan. Pero siempre tomé la realización del Festival como si fuese una película. Uno con la programación cuenta cosas. Siempre decimos que cada película termina siendo una escena de esta gran película que sería el festival.

Este año, al principio de la convocatoria les pedimos a los programadores no caer en el lugar común de lo que significó el encierro. Buscamos cerrar esa puerta y mirar para adelante. No programamos historias de bajón y de encierro porque ya las vivimos todos. Parecía redundante. Además, ¿con qué producción nos íbamos a encontrar en 2020, un año olvidable para todos? Por otra parte, en Río Negro ya habíamos hecho una convocatoria que se llamó “Producir en casa”, que apuntó a esto.

-¿Qué otros elementos en común advertiste de la programación?

Uno de los puntos sobre los que venimos trabajando desde hace años es la cuestión federal. Nos cuesta, porque el mayor porcentaje de producción se concentra en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Es difícil encontrar películas de otras regiones. Por otro lado, estamos muy contentos el criterio de equidad de género que tenemos en el festival. Las realizaciones están prácticamente en 50/50%. Me acuerdo que en 2014, de doce largometrajes había una sola directora. Tener estos números nos hacen ver que vamos por el buen camino.

-¿Cómo imaginás el futuro del festival, teniendo en cuenta que el año próximo se cumplirán diez años de su creación?

El año pasado hubo una charla de Cine Comunitario. Participó gente de Brasil, de México, de Perú y de Chile. Empezamos a comprender que el modo virtual es una herramienta para explotar más a futuro. Internamente estamos pensando en poder volver en un 100% de presencialidad (proyecciones y actividades) y al mismo tiempo, poder compartirlo para el resto del mundo. La virtualidad permite eso y lo tenemos que aprovechar.

A partir de allí, el Festival también tiene que crecer. Desde la primera edición quisimos tener los pies sobre la tierra. Sentíamos que lo primero era fortalecer las bases de la región, que los realizadores y los productores de la región sientan el espacio como propio. Tal vez ahora sí, sea el momento de abrir un poco más el juego y tener un perfil latinoamericano.

Julia Montesoro

Read Previous

Actividades académicas y especiales online del 7° Festival Internacional de Cine de las Alturas, que comienza el viernes

Read Next

«Una casa con diez pinos», de Martín Ochoa (Estreno: 30 de septiembre)