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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Esteban Lamothe protagoniza «El cuaderno de Tomy»: «La película me ayudó para tratar de perderle el miedo a la muerte»

Esteban Lamothe logró una extraordinaria composición en El cuaderno de Tomy, emotivo drama dirigido por Carlos Sorin inspirado en un caso real, que recrea los últimos días de la vida de María Vázquez, una mujer que tras enterarse que tiene cáncer terminal decide escribirle un cuaderno a su hijo con reflexiones sobre la vida y la muerte.

Valeria Bertuccelli, Mauricio Dayub, Carla Quevedo, Malena Pichot, Ana Katz y el niño Julián Sorín (nieto del realizador) son parte de un elenco en el que Lamothe interpreta al diseñador gráfico Sebastián Corona (esposo de María Vázquez en la vida real), un hombre devastado que permanece junto a su mujer en el tránsito hacia la muerte, abordando ese trayecto con entereza y con espíritu optimista.

El cuaderno de Tomy es una película antes que nada conmovedora y conmocionante. ¿En qué momento te generó esa sensación: cuando leíste el guion, cuando estabas actuando o cuando viste en pantalla el resultado final?

Creo que en los tres momentos. Yo no conocía la historia: supe de ella a través de Carlos (Sorín). Cuando la leí me movilizó muchísimo y sentí que podía hacerlo. Me pasó a través del cuerpo. Ya cuando filmamos, tuve sensaciones muy intensas. Pero nos salvó haber abordado el rodaje con humor, como lo hicieron sus verdaderos protagonistas, María y Sebastián. aunque la película no sea una copia fiel ni mucho menos.

Hacía tiempo que quería trabajar con Carlos. Alguna vez nos juntamos para un proyecto, pero no se dio la oportunidad. Cuando vi la película me di cuenta de que es un maestro. Maneja el cine de los sentimientos como nadie: hay muchos directores que lo hacen, pero él es el más fino de todos. Se nota en el manejo de los detalles o en la forma en que maneja a los no actores, como la enfermera o la médica.

-Justamente, El cuaderno de Tomy no tiene parlamentos largos, monólogos moralizantes. Es más bien una película construida por detalles: pequeñas situaciones, escenas breves. ¿En qué consistió el trabajo con Sorín?

Yo sabía que él podía guiarme por esa zona. Y también que podía transitar lo que transita el personaje. Me ayudó mucho juntarme con Sebastián Corona: tuve una primera reunión reveladora en la que nos dimos cuenta de que estuvimos por los mismos lugares. Yo tengo 43 años, no soy más chico que ellos. Me di cuenta, por ejemplo, que habíamos estado viendo en la misma sala Minnie and Moskowitz, exhibida en el segundo BAFICI en una retrospectiva sobre John Cassavetes, presentada por Seymour Cassel. ¡Coincidimos en el mismo lugar y lo descubrimos más de quince años más tarde!

Y también ayudó el clima que genera Carlos en el set. Es un director que escucha mucho. El hijo es director de orquesta: se ve que tienen mucho oído los Sorín (ríe). El sabe cuando algo suena bien. Hacía mucho que no me sentía tan cómodo y tan libre en un set y al mismo tiempo tan contenido. Sabía que estaba en una película suya, que estaba siendo mirado por él. Y que cuando no le gusta algo es muy preciso: “decilo más así”, “hacé una pausa acá”. Es un gran afinador, es muy preciso.

-Uno de los méritos de El cuaderno de Tomy es el gran trabajo actoral en la composición de los personajes. ¿Cómo fue, en tu caso, meterte en el rol de Sebastián Corona? ¿Qué referencias tomaste, cómo fue el vínculo con el verdadero Corona?

Me sirvió encontrarnos con Sebastián: la energía de su casa, su proyector, las bandas de rock que nos gustan en común. Pero teníamos que trabajar más allá de ese encuentro. Con Carlos dijimos que el personaje no debía tener un punto de quiebre: no es un personaje que en un momento debía ponerse a llorar, tirarse al piso para preguntarse por qué por qué por qué. Es alguien que está iluminado. Como ella. Ella se iluminó y él la acompañó. Dejando de lado su ego. Había que trabajar con un registro contenido y a la vez que trasmita emoción. Sin levantar el volumen, sin sentimentalismos ni golpes bajos. La película alcanza ese tono. Y eso ocurre porque Sorín escucha bien. Está todo bien ecualizado.

-No es fácil, porque todo el elenco tiene ese mismo registro.

Fue el gran desafío de todos. También me sirvió trabajarlo con Valeria (Bertuccelli). ¡La admiro mucho! Nos conocíamos de una película, aunque no nos habían tocado escenas juntos. Es una de las actrices con quienes tenía ganas de actuar. Y fue una compañera generosa, le puso mucho el cuerpo y quedamos amigos. ¡Todo el mundo que estaba ahí tenía ganas de hacer esta película!

-¿Cambió tu perspectiva sobre la muerte después de la película?

Me ayudó a reforzar una línea de pensamiento que tenía -o pretendo tener- sobre las cosas que nos generan miedo, como la muerte o el cáncer. Cada vez pensaba más -incluso antes de hacer la película- que a esos temas hay que incorporarlos. No me voy a hacer el superado: me dan miedo, indefectiblemente. Pero pretendo hacer otra cosa. Ni festejarlos ni llenarlos de solemnidad: solo perderles el miedo. Eso fue lo que hizo María.

También me ayudó mucho con el personaje tener un hijo. Ser padre e imaginarte que atravesás esa situación es muy importante. La paternidad te modifica el cuerpo. Todo se puede actuar, pero tener el personaje incorporado en el cuerpo es muy distinto.

-En el reciente Festival de Sitges estrenaste tu segundo corto, La zona caliente. ¿Te interesa la dirección como una posibilidad concreta?

Sí, me interesa. En los próximos veinte años me veo haciendo mis películas. Y en algunas, ni siquiera actuando. Mi primer corto fue El bosque, que se estrenó en el Festival de Mar del Plata el año pasado. La zona caliente es una especie de secuela: había quedado seleccionada para el BAFICI y no se pudo estrenar en la Argentina. Además, tengo un guion de un largo que es medio del género fantástico, que toma elementos de El laberinto y de La historia sin fin. Es un relato que proviene del mundo real y después ingresa a otra dirección. Estoy investigando, buscando otras referencias.

-Te espera el comienzo de un rodaje el mes próximo, dirigido por Nicolás Goldbart ¿De qué se trata?

Se llama El sistema Keops y la protagonizan Dany Hendler y Alan Sabbagh. Me había encantado Fase 7, la primera película de Goldbart. Tengo un personaje pequeño, en un registro más expresionista, algo que nunca había hecho antes. Es género fantástico. Pero es re de acá.

Julia Montesoro

Nota: la entrevista completa fue emitida en GPS Audiovisual Radio.

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