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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Exclusivo: Liliana Mazure en GPS audiovisual radio anticipa su vuelta al cine

Realizadora, documentalista y productora, Liliana Mazure es reconocida en los últimos años por su actividad como funcionaria pública: fue presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales entre abril de 2008 y diciembre de 2013, y luego, diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente Para la Victoria, de 2013 a 2017.

En los últimos meses, retomó la actividad privada: después de trece años, recuperó su rol de productora ejecutiva, que desempeñara en las coproducciones Doble juego (2002, Alberto Durand, con Perú y España); La mala hora (2003, Ruy Guerra, con Brasil y Portugal); Nicotina (2004, Hugo Rodríguez, con México y España) y Cobrador, in God we trust (2006, Paul Leduc, con Brasil, México y España). Mazure, además dirigió Van Van, empezó la fiesta (2000, con Cuba) y 1973, un grito de corazón (2007). 

Liliana Mazure por primera reveló detalles de su regreso al cine en una entrevista exclusiva brindada a GPS audiovisual radio.

¿Cuál es el principal motivo por el cual decidiste volver a un set de cine?

Me encantó el proyecto. Hacía más de diez años que no trabajaba en uno. Estuve seis años en el INCAA: fui la primera mujer presidenta. Allí tuve que desvincularme de la producción y renunciar a mi participación en la empresa productora. Después, hasta diciembre de 2017, estuve cuatro años como diputada. Hubiera podido volver un poquito antes: el proyecto fue presentado en marzo de ese año y fue preclasificado en septiembre. Pero mi tarea como diputada me llevaba una cantidad de tiempo tal que se me hacía imposible seguirlo. Ahora se alinearon los tiempos. Y volví.

-¿En qué consiste el proyecto?

Se llama Salud mental no incluida, y tiene dirección y guion de Martín Salinas. Es una coproducción con México, Brasil y Uruguay. Ya rodamos en Buenos Aires los interiores de aquí y de México: para eso, vinieron los actores mexicanos. Ahora estamos definiendo las escenas finales, que realizaremos en San Pablo o Montevideo.

-¿De qué se trata?

Es una comedia negra, género que Salinas también abordó en su última película, Ni un hombre más, con Valeria Bertuccelli. El Presidente de Estados Unidos toma mal su medicación y decide medidas desopilantes, que repercuten en tres ciudades de América Latina. Es muy impresionante pensar que el guion estaba escrito antes del arribo de Donald Trump al poder. ¡La realidad superó a la ficción! Son tres situaciones diferentes acerca de cómo repercute en cada una de ellas, con sus características y problemas propios (sociales, políticos, económicos), las decisiones de Estados Unidos. El hilo que une a las tres es que en todos lados están los televisores prendidos y todos saben lo que pasa en tiempo real. Es muy interesante ver cómo los medios unen las situaciones. Es lo que genera la globalizacion.

-¿Por qué elegiste éste y no otro?

Porque por sus características interesó, y empezó a caminar. A veces hay varios proyectos simultáneos, pero uno cobra vida rápidamente. En este caso, la coproducción de México lo definió enseguida.

-¿Qué te pasó al volver a tu casa después del primer día de trabajo?

Me generó una felicidad increíble. Tengo un vicio que me quedó del INCAA: la felicidad de la construcción colectiva. Un rodaje es eso. Ya cuando empezamos la preproducción trabajamos con el equipo. El laburo de producción es muy solitario. Hasta que empieza la preproducción. Ahí empieza la felicidad. Me dio mucha alegría volver. Trabajé con un equipo que por edad, la mayoría se había formado durante mis años de gestión. Me dio alegría el nivel de profesionalidad con que trabajaron.

Tu actividad como cineasta incluye la producción ejecutiva de Doble juego, La mala hora, Nicotina, Cobrador y ahora, Salud mental no incluida. Todas ellas son coproducciones. ¿Qué encontrás en ese modelo de producción?

Me interesa particularmente, porque implica lo que pasa después con la distribución. Argentina es un mercado muy pequeño, y tenemos una situación geográfica muy particular que hace que tengamos pocas salas. Creo que la primera coproducción en la historia del cine latinoamericano fue Nicotina. Y fue la primera película en digital HD. Eso implicó una cantidad de espectadores que de otra forma no hubiera tenido nunca. La coproducción abre un mundo diferente. Además contás con un presupuesto mayor. Yo viví seis años en México: eso me generó una relación con América Latina muy enriquecedora.

-¿Por qué volviste a elegir el cine?

Por lo que te devuelve en conocimiento del mundo, en sensibilidad, en diversidad, en percepción de la realidad. Conozco a Martín hace 40 y pico de años, y además es el padre de mi hija. Adriana -su compañera- es quien hace la dirección de arte, y es parte fundamental de este proyecto. Siento que hemos construido una vida fantástica, que hemos elegido el cine todos y todas y eso es muy bueno, es una muy buena vida.

-Es un momento en que se multiplican las plataformas para exhibir los contenidos audiovisuales. Tu actividad en los últimos años como funcionaria tuvo mucho que ver con acompañar esos cambios y darles un marco legal para proteger a la industria del cine. ¿Cuáles creés hoy que son las fortalezas y debilidades de nuestra industria?

Suelo pensar en positivo, y veo que las plataformas están en un momento de desarrollo y de competencia fundamental. Se van a necesitar una enorme cantidad de contenidos. Ante eso, la estrategia que tendríamos que tener (por lo menos en la que estoy trabajando) es producir, producir y producir.

Tenemos una experiencia muy interesante, que fue el haber asistido en 2013 a Mipcom, como país de honor. Aquel fue un ejemplo fantástico de lo que tenemos que hacer en este momento: un “acuerdo social” (o como se llame) entre todas las productoras, tal como lo hicimos en aquel momento. Gracias a ello se vendieron las 4 mil horas de contenidos nacionales.

Tenemos que salir a producir, a generar ingresos de divisas. La industria audiovisual es fundamental. Tiene una influencia y una dinámica particular en la economía de los países.

-¿En qué medida influyó tu rol como legisladora para ayudar a la industria audiovisual?

Presenté varias leyes como diputada, pero los dos últimos años –ya bajo el gobierno de Mauricio Macri- fueron muy terribles. Fue una experiencia muy traumática: todo lo que presentaba no llegaba ni siquiera a las reuniones de comisión porque no había. Eramos tremendamente ignorados. Esa parte de la experiencia es medio frustrante, pero los proyectos de ley están. Esta es una etapa de enormes desafíos y también una oportunidad. Esta en nosotros poder aprovecharlas. Yo la voy a aprovechar.

Julia Montesoro

Julia Montesoro

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