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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

«Paso San Ignacio» (Estreno: 29 de agosto)

El jueves 29 de agosto se estrena en el cine Gaumont –con funciones diarias a las 19.15- el documental Paso San Ignacio, de Pablo Reyero.

Se trata de un registro sobre la vida cotidiana, cultura y creencias de los descendientes directos del gran cacique, Juan Calfucurá, principal líder espiritual, político y guerrero de la Nación Mapuche al este de la Cordillera de los Andes, y cuyo padre fue guía del general San Martín en el Cruce de los Andes.

Sus protagonistas son Gerónimo Namuncurá, Susana Cisterna, Luis René Namuncurá, Elba Mena, Ercila Pérez, Sebastián Cisterna, Laureano Namuncurá y Miriam Martín. También participan Yanina Quintonahuel, Erma Lucero, Luis Namuncurá y Cristian Namuncurá.

Entre 1834 y 1878 la tribu de Calfucurá habitó las pampas, controló la extracción de sal de Salinas Grandes y un corredor milenario indígena entre los océanos Pacífico y Atlántico, por el que arriaron unos cincuenta millones de cabezas de ganado, en acuerdo con estancieros, funcionarios y militares transcordilleranos.

Luego de la disparada durante la conquista del desierto, quedaron asentados en el estratégico Paso San Ignacio, en la precordillera neuquina, su hijo Manuel Namuncurá y unos pocos sobrevivientes de la tribu salinera con su cultura, los restos del beato Ceferino Namuncurá, y una antigua piedra sagrada -el Newen- a la que le atribuyen poderes sobrenaturales y haberlos salvado del exterminio del blanco.

Se buscó retratar micromundos, mini-observaciones de los protagonistas, haciendo foco en su pertenencia salinera y singularidades culturales, sociales, económicas e históricas; captadas a través de atmósferas, situaciones, objetos significativos, acciones, comportamientos, entrevistas individuales y de conjuntos; poniendo atención a sus vínculos afectivos, relaciones interpersonales, conexiones y resonancias con acontecimientos, dichos, saberes, costumbres y mitos del pasado. El relato privilegia sus sentimientos, valores, deseos, temores, contradicciones, anhelos, angustias, sueños, pesadillas.

La verdad de los protagonistas reside en que ellos mismos exponen sus vidas en los lugares que frecuentan y revisten importancia significativa para la historia. El pacto de confianza establecido es que no hubiese experiencias prohibidas al diálogo. Así, el espectador podrá acompañarlos en sus ocupaciones y diversiones, comprender sus expresiones de afecto, odio, indiferencia, admiración o celo; presenciar situaciones que comportan códigos, valores, creencias, limitaciones y experiencias de vida que quizás puedan resultarle afines.

El director realizó una investigación bibliográfica y de campo durante tres años, para conocer en profundidad la historia del linaje de los Curá, asociada a la historia de la explotación del ganado y la sal; recorrer la gran rastrillada de los chilenos, conocer vidas y relatos, y seleccionar a los protagonistas, los lugares más significativos, y organizar la logística de rodaje. En base a este trabajo previo se escribió el guión y se desarrollaron los contenidos artísticos, económicos y productivos de la película documental “Paso San Ignacio”. Además, se enumeraron situaciones, acciones y necesidades para rodar en interiores y exteriores, una escaleta de escenas abierta que fue enriquecida durante la filmación; y se elaboraron cuestionarios para las entrevistas personalizadas y de conjunto.

La estructura narrativa está asentada sobre la caracterización de los protagonistas y entorno del presente, sus ancestros y reminiscencias del pasado, su relación con los espacios, cultura, arte, lengua y creencias. Se busca hacer comprensibles los estados del alma con acciones y atmósferas de los lugares. Los espacios naturales de las locaciones son atravesados por mitos y fuerzas luminosas y oscuras. Humanos, espectros, mensajeros, animales, árboles, interaccionan en un mismo continuo, como ocurre en el mundo mapuche y su cosmogonía. Se buscó plasmar imágenes poéticas sugerentes para el sistema nervioso, estimulantes de áreas de sensaciones y sentimientos diferentes a la mera ilustración; y al mismo tiempo comunicar las cosas de la forma más directa posible.

Cuenta el Ngütram de Namuncurá: “Decían los antiguos que nuestras familias vinieron escapando del Azul, porque eran tiempos de guerra. De allá venían un poco en cada lugar quedando, con animales, carretas, sus cosas. En Salinas Grandes estaban los hijos de Juan Calfucurá, entre ellos el cacique Manuel Namuncurá que recibió un poder, un pie de piedra. Por eso él se llamaba así: Namuncurá es pie de piedra…Pero este pie de piedra empezó a caminar, porque era un poder, y por donde pasaba dejaba una huella, que Manuel iba siguiendo con toda su gente. Se escondieron en las sierras de Lihué Calel, pero había mucha seca y morían de hambre y sed. Y después de mucho trajinar llegaron a Choele Choel. Ahí se juntaron familias que se habían dispersado en la escapada, de diferentes zonas… Y así, caminando tras la huella llegaron a San Ignacio, en la cordillera, porque el pie de piedra los trajo hasta acá… Mucho tiempo dicen que viajaron. Adelante el pie de piedra. La gente lo seguía…”.

Extrañamente hoy ni siquiera parece reconocerse la existencia de ésta etnia: Los salineros, la gente de Juan Calfucurá, cuando se propuso durante las guerras civiles su candidatura a presidente de la Nación, y su padre, Huentecurá, fue uno de los 113 mapuches que guiaron a San Martín durante el cruce de los Andes y pelearon en Chacabuco. Calfucurá y su gente salinera fue un cuco, el enemigo útil, que creó el estado nacional en formación para justificar el latrocinio. Luego se intentó borrarlos de la faz de la tierra…

El director Pablo Reyero cuenta cuál fue su motivación para rodar Paso San Ignacio: “Cómo mi madre supo de los salineros de Calfucurá y Namuncurá que sobrevivieron a la conquista del desierto refugiándose en Trankura, es un misterio para mí. También que un día como al pasar mencionara cierto círculo de color gris azulado en el iris de los ojos de algunas mujeres de la familia, semejantes a los que más de una década después encontré en los ojos de descendientes salineras en La Pampa y Neuquén…Mis tatarabuelos y mis bisabuelos maternos habitaron el “desierto”, y mis abuelos se criaron con nanas o “madres de leche” salineras. La nana de mi abuelo se llamaba Celina Coronel, era descendiente del cacique Coronel, primo hermano de Calfucurá y Antonio Namuncurá, con quienes por momentos tuvo diferencias por los campos de Salinas. Los relatos que me contaban siendo chico sobre Ceferino Namuncurá durante las fiestas y los veranos en la casa familiar, el acompañamiento de una extraña luz en ocasiones por el campo, los recuerdos de mi madre y mis tías sobre el paraje Ojo de Agua y el pueblo salinero y chacarero de Macachín, fundado por mi bisabuelo a solo 9 kilómetros de las Salinas Grandes, asiento del gran cacique Calfucurá y sus familiares más cercanos; la coexistencia con la tribu salinera y los relatos que a ellas les llegaron de las terribles matanzas y la dispersión de las familias indígenas con la conquista del mal llamado desierto (porque estaba lleno de gente de distintas tribus: mapuches, tehuelches, pampas); todo ello me motivó a querer realizar “Paso San Ignacio”, en el paraje donde hoy habitan mayormente los descendientes del linaje Curá. Quise intentar descubrir cómo son hoy esas personas cuyo recuerdo era tan cálido para mi madre y que la movió a realizar su último viaje a Trankura… En la traza original que mi bisabuelo hizo de Macachín, todas las calles llevaban nombres en lengua mapudungun, homenaje a los pobladores originarios de esas tierras y a los ideales integracionistas de Castelli, Moreno, Belgrano y la inconclusa Revolución de Mayo (la patria que no fue). Pero en 1914 por decreto nacional esto cambió y mi bisabuelo fue obligado a abandonar el pueblo para siempre, bajo amenaza de muerte. Burla macabra del destino, hoy sus cenizas están cautivas bajo la plaza principal del pueblo, como las colecciones de cráneos y huesos de ocho mil indios permanecen en los sótanos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, mientras no descansen en la tierra o se vuelvan polvo del desierto. Indios, gauchos, negros e inmigrantes, víctimas de un mismo latrocinio propiciado desde el estado nacional en formación.

FICHA TÉCNICA

Dirección, Guión, Investigación y Producción: Pablo Reyero

Dirección de Producción y Administración: Eleonora Menutti

Dirección de Fotografía y Cámara: Pablo Reyero

Sonido Directo: Juan Pablo Lucas

Montaje: Lucas Boran

Postproducción de Sonido: Martín Litmanovich

Corrección de Color HD: Lucas Boran

Dosificación de Color Imagen 2K: Ada Frontini

Finish Postproducción de Imagen: Barco Digital

Inclusión Musical: Chamamé “Don Gualberto” de Tarrago Ros y Lugo Fernández / Intérpretes: Los Hermanos Namuncurá

Mezcla de Sonido: TON Estudio

Asesoría Legal: Estudio Astorga, Robredo & Asociados

Asesoría Contable: Anabella Bobba

Difusión: GarBo Prensa

Duración: 107 minutos Calidad de Imagen 2K y Mezcla de Sonido 5.1.

Una película de Pablo Reyero con apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA)

Julia Montesoro

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