Meko Pura estrena «Aníbal, justo una muerte»: «Es una película sobre cómo vivir con alegría»

El jueves 17 se estrena en el cine Gaumont el documental Aníbal, justo una muerte, protagonizado por Aníbal Disanti, ex boxeador. Buscavidas sin afán de grandeza, vendedor ambulante desde su infancia, llegó a su momento de gloria al enfrentarse a José María “El Mono” Gatica y su ocaso definitivo al combatir con un joven italiano radicado en Bahía Blanca, llamado Mario Storti, que sufre una lesión cerebral que le provoca la muerte.

Realidad y la ficción atraviesan los bordes del ring de este documental dirigido por Meko Pura, quien fue entrevistado por GPS audiovisual.

-¿Cómo llegaste a la vida de Aníbal Disanti?

Lo conocimos en la Facultad de Derecho. El estaba trabajando allí. Pensábamos en un proyecto documental y se nos presentó. Le pedimos hacernos una foto y nos dijo: “Pero ustedes no saben quién soy”. Nos empezó a contar. Su rostro, su ánimo, su espíritu y sobre todo su historia –las peleas que había tenido, sobre todo la de Gatica- nos despertó la idea de trabajar con él.

– ¿Qué encontraste en él que te impulsó a hacer un documental sobre su vida?

No sabíamos nada de boxeo, pero veníamos del “Gatica” de Favio. Fue el motor que impulsó el proyecto. Quedamos con él para filmarlo y se entusiasmó. Esa tarde en que nos encontramos nos cantó varios tangos y nos recitó poemas, ¡fue una gloria! Era un actor nato, no lo intimidaba la cámara. Eso denotaba su madera de actor por un lado, y por otro que el ambiente del boxeo le había dado experiencia con las cámaras y las luces.

-¿Cómo fue el proceso previo a la realización del documental? ¿Quiénes apoyaron tu proyecto, y a la vez, quiénes lo desestimaron? ¿Cómo encontraste financiación para el mismo?

Nos lanzamos. No lo pensamos demasiado. Inicialmente había un equipo bastante grande, conformado por mujeres. El único varón era yo. No tuvimos apoyo de nadie. A medida que avanzó el proyecto, la universidad nos prestó equipos, pero fuimos nuestros propios productores. Con el proyecto casi terminado, nos presentamos al INCAA y lo aprobaron.

-¿Cuál fue la respuesta de Disanti cuando se le propuso protagonizar su propia película?

El se entregó a nosotros: nos quería contar su historia. Tenía 83 años. El día que acordamos filmar en su casa, en San Telmo, salimos con el equipo: cámaras, sonido ¡y no teníamos la dirección! Empezamos a dar vueltas y nos cruzamos con él, que venía de comprar pan. Allí empezó la historia.

-¿Hubo complicaciones para trabajar con él?

¡Ninguna! No necesitaba guion. Aunque no dijeras nada, ni siquiera preguntaba si tenía que mirar a cámara. Tenía una profesionalidad increíble. En ese momento pensábamos qué actor se perdió el cine.

-¿Es una película sobre el mundo del boxeo?

Es una película poliédrica. Tiene muchas fases, varias líneas de lectura: filosófica, psicológica, sociológica, deportiva. No sabíamos nada de boxeo, no nos interesaba particularmente: aprendimos con él. Nos dimos cuenta de que Aníbal, perfumado por Gatica y atravesado trágicamente por Storti (que tenía 20, 22 años, venía de Italia a buscarse el futuro y encontró la muerte en el ring), se nos convirtió en un personaje lacaniano. Pensamos en lo simbólico, lo imaginario y lo real.

Disanti jugando y fumando en el bar (nosotros pensamos que Storti se manifestaba a través del juego, en ese arte del riesgo) o vendiendo 80 termos de café por día (andaba cargadísimo por la calle) era nuestra lectura pequeñita, seudosicoanalítica, de la presencia de Storti en su vida.

-¿Tuvieron la tentación de poner el eje en la tragedia de la pelea con Storti?

En ningún momento. Dejamos que esa línea narrativa navegara por los subsuelos de la historia, y que finalmente aflorara, como lo hace su hijo, Julio, cuando le dice “papá, murió con vos”. Por algún suceso azaroso, en el momento de ese diálogo los perros empezaron a aullar en el techo de la casa. Nosotros no nos dimos cuenta sino cuando estábamos editando.

-En la película aparece el boxeo (lateralmente el fútbol), el tango, el café, la calle Corrientes. ¿Se la puede ver como un rescate de los valores míticos de la porteñidad?

No: simplemente los muestra porque son parte de Aníbal. Creo que el porteño aparece mucho más en la figura de Edgardo Nieva. Buenos Aires aparece como locación, como escenario. Pero en realidad es una película sobre cómo vivir la vida con alegría. Como dicen los muchachos de la feria que conocieron a Aníbal, de alguien que vive la vida en paz, con alegría.

-¿Cómo se articulan los tangos interpretados por Hugo Díaz o la zamba de Los cantores de Quilla Huasi en la narración?

Además del valor estético, hay algo no dicho y es que Aníbal fue muy amigo de Hugo Díaz. Nosotros usamos “Mano a mano” porque también tiene una lectura entrelíneas sobre lo que significa cagarse a trompadas. Los Quilla Huasi también fueron sus amigos.

-No hay personajes mujeres. ¿Fue una decisión previa?

Es verdad. Nosotros intentamos a toda costa que hubiera. Quisimos ver a su hija, saber algo de su exesposa, por ahí aparece la madre. Pero Aníbal siempre fue muy cuidadoso y nosotros no quisimos avanzar más. Ni siquiera sabemos si estuvo casado una vez o dos. Inclusive le preguntamos sobre el boxeo femenino y tiene una postura maravillosa: “desde donde yo lo pienso y lo veo, desde mi humilde opinión, no veo que sea un deporte para mujeres, pero puedo estar equivocado”. Asume que es su mirada, y eso también es fascinante.

-En el desarrollo de la película se observa el progresivo deterioro de Disanti. ¿Filmaste todo lo que esperabas de él o hubo que interrumpir el rodaje?

Durante la filmación se disolvió el equipo. Tiempo después apareció la asistente de dirección, Victoria Malter. Vio el material y decidió que había que recuperar a Aníbal. Habían pasado unos años. Llamamos a Julio, con temor. Pero estaba con su papá, jugando a la generala. Si bien se había fracturado la cadera, Aníbal estaba lúcido como siempre. Y eso nos benefició en el relato: nos gustó él en el inicio y también el de la segunda parte. Con ese deterioro físico, pero también con la barba, las cejas más pobladas.

-¿Disanti vio la película?

Hay una escena maravillosa, que aparece en el primer tráiler: es un primer plano de Aníbal con la película de fondo, en un televisor. El estaba en la suya, escuchando. De repente escucha su nombre, pero casi no reacciona. Allí entendimos la disociación del tiempo en el que vivía: para ese entonces no estaba muy atento de que era una película sobre él.

Hicimos dos proyecciones, pero Julio no quiso llevarlo por miedo a que la emoción perjudicara su salud. Yo prefiero pensar que hay que vencer ese miedo. Y que Aníbal se banca cualquier combate.

Norberto Chab

gpsaudio

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