spot_img
spot_img

Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Fernando Spiner ganó el Premio Sur al Mejor Documental por «Weser»: «Pensar en hacer una película de ficción, con actores, hoy es dramático»

Weser, la obra más reciente de Fernando Spiner, que reelabora la noción de la memoria a la vez que reflexiona sobre el paso del tiempo y las etapas vitales, ganó el Premio Sur al Mejor Documental.

La trama entrelaza realidad y ficción en Villa Gesell durante la pandemia de Covid, explorando temas como el aislamiento, la poesía y la reflexión sobre la muerte. El proyecto rinde homenaje a la memoria: el nombre Weser hace referencia al barco en el que el bisabuelo del director ucraniano huyó a Argentina. Además, la película tiene un fuerte peso emocional por ser el último trabajo de Daniel Fanego, quien falleció poco después de finalizar el rodaje.

-Weser recibió el premio Sur al mejor documental, pero la película oscila en la delgada línea entre la ficción y la no ficción. ¿Cómo manejaste y trabajaste ese espacio?

Sí, efectivamente es como vos decís. Se me ocurre pensar que se premia a la mejor película documental o se enmarca dentro de ese título todo aquello que no sea ficción pura, y otros géneros que también viven en la frontera, como el ensayo u otros géneros que todavía no podemos enmarcar. Me parece que la peli tiene muchas facetas y está bueno que, al decir documental, se esté abarcando un amplio espectro de cosas posibles que no sean la ficción pura. En ese sentido, está bueno que se haya premiado una película que explora y hace de la búsqueda su propia identidad. Estoy recontento con el premio porque, además, las otras tres películas nominadas eran muy buenas e interesantes, con búsquedas profundas y experimentación. De por sí, ya me sentía muy contento de que la película estuviera nominada con las otras tres.

-En tiempos de inteligencia artificial, crueldad naturalizada y producción predigerida, a la medida de las plataformas, ¿cómo te propusiste que Weser tuviera ese costado poético y sentimental y que diera lugar a las emociones?

El punto de partida de esta película —que es la segunda de una trilogía cuya primera es La boya, de 2018 y ya estamos trabajando en la tercera con mi amigo Aníbal Zaldivar en Villa Gesell— tiene que ver con la poesía. Con su condición de poeta y con cómo él arma esos grupos de lectura en relación al mar. También, con algo que tenemos en común: nadamos mar adentro hasta una boya que ponemos todos los veranos. Eso es como un combo poético que obviamente tuvo que buscar su propia poética en las películas. Desde su origen tiene esa intención poética de la que hablás. También es un método o estilo de hacerlas, en el que vas descubriendo la película y su potencial. Es como un acuerdo con el azar o con el cosmos, en el cual muchas cosas van viniendo a vos y empezás a descubrir que la película puede ir por lados que no te imaginabas.

-Weser se estrenó siete años después de La boya y surgió durante tu confinamiento y tu enfermedad cuando tuviste Covid. ¿Esto te hizo replantear y pensar en la muerte, llevándote a narrar la película de esta manera?

Sin dudas. La vivencia del Covid fue personal y socialmente muy fuerte para todos. Creo que incluso estamos viviendo este momento tan dramático desde lo espiritual, lo político y lo cultural en relación a la Humanidad, porque pasamos por ahí: tiene una relación directa. No es que yo tuviera un planteo claro respecto a la muerte ni que haya adquirido ningún saber en el proceso; simplemente me lancé a que la reflexión fluyera. Se fue armando con la vivencia de hacerla, como lo que pasó con Daniel Fanego. No hubo muchos bordes entre la película y la vivencia de hacerla.

-La película es una reflexión profunda sobre la vida y a partir de allí se vincula con lo que decís acerca de que lo que estamos atravesando hoy como humanidad y sociedad es el resultado de aquello que quedó.

No digo que sea excluyentemente el resultado. Pero creo que esto ha impactado con mucha potencia y acelerado un camino que ya venía relacionado con el capitalismo y la locura de sus valores. Creo que ese hecho catalizó algo que nos trajo hasta acá. Son reflexiones que también aparecen en la película en boca de algunos personajes.

-Hablaste de que inicialmente era un díptico, pero en el camino surgió una tercera película.

Inicialmente era una sola película, La boya. Pero las ganas de volver a hacer algo con Aníbal, su insistencia, lo divertido que es hacer una película con un amigo; tener un proyecto, un guion que sostiene un cineasta y esa ilusión me llevaron a decir: «Hagamos otra». Y después hagamos tres. Absolutamente caprichoso, como el formato del tríptico que han usado directores como Jean Cocteau con el mito de Orfeo o Krzysztof Kieślowski con la bandera francesa.

-¿De qué va esta tercera película?

Estamos empezando a escribirla. Si sigo el modo en el que hicimos la segunda, te diría que no lo sé, lo iré descubriendo en el camino. Pero estamos lanzados en eso. Sin duda va a tener tópicos que la conecten a la trilogía: la poesía, mi amigo y yo, las nadadas en el mar y Villa Gesell. Estoy mucho en Gesell y esto es una buena excusa para estar más, porque tenemos que escribir ahí y tiene que suceder ahí. Me gusta mucho.

-En este contexto de desfinanciación de la actividad audiovisual argentina, ¿hay espacio para este tipo de proyectos? ¿Para qué tipo de cine hay espacio en este momento en Argentina?

Es una pregunta interesante. Películas como Weser o La boya son muy pequeñas y artesanales. Se pueden autogestionar a pesar de que necesitan presupuesto. Yo hice películas en diferentes contextos productivos y diferentes tipos de películas. Pensar en una película de pura ficción, de cualquier género, con actores, como se hacen las películas que van a los cines comerciales, hoy es dramático. Es imposible hacer esas películas sin el apoyo del INCAA, que generaba un apoyo importante que permitía acercar a privados para una actividad comercial. Los mecanismos que tenía el INCAA a través de la Ley de Cine, el virtuosismo que tenía -como quiénes elegían los proyectos- representaban a la totalidad de la industria, otorgaban créditos y subsidios, lo que permitían la existencia del cine independiente. Hablo de películas con actores, equipo técnico y búsquedas formales. Así no se pueden hacer películas hoy, salvo algunas muy pocas que produzcan productoras grandes con capacidad de inversión y acuerdos internacionales. El cine independiente en esta situación desaparece, salvo en proyectos muy artesanales como este que yo hice a lo largo de cuatro años con recursos acotados. Conté con una pequeña ayuda del Instituto de Cine de la gestión anterior, un apoyo de recuperación para rodajes interrumpidos por el Covid. Un proyecto que presentamos con muchos avales, como se presentan los proyectos en el INCAA y tuvimos ese pequeño apoyo vinculado a lo del Covid. Gracias a eso la pude hacer en cuatro años. Conseguimos un poco de dinero y otro poco lo puse yo, con la idea de una película artesanal que cuesta el 10% de lo que sale una industrial. Solo no hubiera podido hacerla.

Julia Montesoro

Related Articles

GPS Audiovisual Radio

NOVEDADES