Teresa Costantini regresa a los escenarios teatrales. Junto a Adriana Salonia, protagonizarán Otras palabras, la obra escrita por Sebastián Irigo que se presentará el sábado 1 y el miércoles 5 de agosto en Clásica y Moderna. Otras palabras cuenta la historia de dos amigas y una caja olvidada llena de cartas escritas por algunos de los intelectuales más relevantes del siglo XX. A partir de ese hallazgo, Teresa y Adriana se sumergen en palabras escritas desde la intimidad: textos personales que, sin haber sido concebidos como obra, revelan una sensibilidad, una época y una manera de pensar que forman parte del legado cultural que nos atraviesa. «¿Puede una carta privada convertirse en un hecho artístico?», es la pregunta que atraviesa la obra, y a partir de la que se abre un recorrido teatral en torno a la memoria, la amistad, la escritura y el poder de las palabras.
-Elegir un texto que te represente en esta etapa de tu vida no debe haber sido una tarea sencilla. ¿Qué fibras íntimas tocó Otras palabras para que dijeras: «Esta es la historia con la que quiero volver a escena»?
Este es un espectáculo que fue mutando con el tiempo a medida que lo hacía con mis actrices amigas. El año pasado lo hicimos con Cecilia Dopazo en José Ignacio, donde todos los veranos me dan un espacio para hacer algo. Después lo hice con Georgina Barbarossa en la Feria del Libro, porque al ser un diálogo entre amigas que se mezcla con la lectura de las cartas de grandes intelectuales (como Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Frida Kahlo -que escribía unas cartas muy lindas hablando del amor-, Elizabeth Taylor, Jean Paul Sartre, Juan Rulfo y Vita Sackville-West), era el marco más adecuado.
Con Adriana fue un reencuentro divino porque nos conocemos desde hace muchísimo tiempo. El año pasado lo hicimos dos veces. Cuando apareció el ofrecimiento de Clásica y Moderna -un espacio que para mí es emblemático, de muchos recuerdos, de tantas amigas y amigos que iba a ver cantar ahí-, me dije: «Lo que tengo más a mano es retomar ‘Otras palabras'».
-Compartís nuevamente la dupla con Adriana Salonia. ¿Qué te agrega a vos como intérprete?
Todas fueron muy diferentes y con todas tuve una experiencia distinta, con lo cual me siento una privilegiada. Con Adriana me encontré frente a alguien con quien trabajamos mucho el texto. Ayudó muchísimo en el armado. Tiene una disciplina impresionante. Y además es una actriz que me encanta. En la lectura de las cartas es brillante. Me dieron muchas ganas de repetirlo con ella porque sabía que estaba en España con muchas ganas de volver y trabajar.
-Históricamente en tus producciones de ficción las mujeres son fuertes, complejas, con voz propia. Esto ha sido una constante. ¿De qué manera esa perspectiva de género y esa fuerza femenina se refleja en este espectáculo?
¡De una manera super fascinante! Todas estas mujeres de las que leemos sus cartas, que sentimos que son íntimas pero que a la vez fluyen como hechos artísticos por la forma en que están redactadas, fueron unas adelantadas. Son parte de la historia del feminismo. Hembras, un encuentro con mujeres notables -obra que presenté hace más de una década-, habló de las nuestras, las argentinas, de las que no se hablaba demasiado. Muchas de ellas eran desconocidas en su tarea y en su defensa de la mujer. Algo que tiene que ver con haber puesto de nuevo el tema en escena. En este caso, la reflexión con Sebastián Irigo -que es el autor del proyecto, con quien trabajamos juntos-, fue traer al hoy a estas mujeres que ya hablaban de las cosas que hoy están expresando las más jóvenes. Ellas ya decían todo esto en perspectiva de género, en libertad sexual, en ser independientes, a pesar de estar con un hombre. A través de estos textos aparece algo que tiene que ver con el amor, con la sexualidad, con la literatura, con el tiempo en el que vivían. El mensaje sigue estando ahí, con plena potencia y vigencia. Aparte de que fueron mis autoras, las que leí siendo muy joven y que me inspiraron tanto.
-Es una vuelta a tus lecturas, a tus reflexiones, ¿no?
¡Imaginate! Quedó grabado para siempre lo de Virginia Woolf hablando del cuarto propio (NR. “Una habitación propia”, de 1929) Y yo siento que el cuarto propio estaba acá, ¿no? (Se señala la cabeza). Que en todas nosotras el cuarto propio es nuestra imaginación, ese espacio de libertad donde podíamos ser quienes vinimos a ser. Lo que nosotros trasladamos de la cabeza -el gran cuarto propio del que hablaba Virginia- al hecho.
-Tu nombre es una referencia ineludible como directora, guionista, productora cinematográfica. Cuando hacés estos espectáculos, ¿es una tregua volver a escena?
Totalmente. Aquí es donde vuelve la actriz, la intérprete, también la narradora. Me gusta el escenario, poder expresar las ideas y siento que el teatro siempre me da una oportunidad. Hay algo muy lindo que pasó con esto de José Ignacio, que se llama La Guarida, el espacio que es al aire libre y es muy lindo. Me lo trajo una amiga de mi hija Soledad, Martina Ezcurra, y me propuso, y hace 4 años que todos los veranos lleve algo. Este último verano hicimos una charla con Boy Olmi y la verdad que me encanta hacerlo, ¿sabés? Lo disfruto mucho y es algo que armo en poco tiempo, que no tiene todas las dificultades que puede traer una película. Es algo que disfruto mucho y que lo tenemos probado que a la gente por suerte le gusta, este que estamos haciendo ahora.
-Y después de Otras palabras, ¿hay alguna otra historia para poner en escena? ¿Para contar audiovisualmente?
Hay una película que quiero filmar en Irlanda y ya tengo el guion. Lo escribió Naomi Sheridan, que es la hija de Jim Sheridan, el gran director de películas como “En el nombre del padre”. Y es un amor, una mujer divina, tuvimos la suerte de que quisiera tomar la tarea y trabajé con ella durante muchos meses semanalmente, porque la idea es mía, la historia es mía, nació de un sueño y de un trabajo con el ensueño creativo. Y la verdad es que tengo un guion maravilloso, relindo, y ahora está la lucha esta de la que hablaba antes, que es conseguir… Tenemos ya tentativos coproductores en Irlanda. Y tengo que viajar a ver si lo puedo cerrar, a ver si consigo la financiación que falta. Yo obvio que voy a financiar una parte, pero es una película que puede tener un costo más alto por estar hecha fuera de acá. No lo sé bien cómo se va a armar, pero tengo tanto deseo y tanta determinación cuando me pongo en la cabeza algo, que espero que salga.
-El título Otras palabras evoca la búsqueda de nuevas formas de decir y de comunicar, ¿cuáles son esas otras palabras que vos necesitás expresar en este momento?
Hay varias. Paz, justicia, esas dos. ¿Qué más se me ocurre? Estoy muy cercana a esas dos palabras en este momento. Pero sobre todo la paz. Siento que estoy tranquila haciendo mi vida y que de repente algo que se hizo público no era esperado y no condice con lo que ha sido mi tiempo en estos años, ¿no? Entonces, sí: diría que paz, justicia. Y también tranquilidad.
-Tranquilidad, empatía también. Si alguna vez fuimos empáticos, tratemos de volver a hacerlo, ¿no?
-Sí. Misterio hay también. Silencio, qué sé yo, tanta cosa. Pero cine, libro también, porque estoy escribiendo mi libro en medio de todo esto. Estoy escribiendo mis memorias en realidad a pedido de mis hijos, de mis nietos. Es lindo poder dejarles el cuento, y hace unos años que estoy trabajando en eso, pero a destajo, ¿viste? Y ahora me puse a full. O sea que estoy con bastantes cosas, Julia, me doy cuenta.
Julia Montesoro


