Federico Luis regresó al Festival de San Sebastián con Para los contrincantes, coproducción entre México, Chile, Reino Unido y Francia presentada en competencia en Zabaltegi-Tabakalera, la sección competitiva del Festival que reúne propuestas de distintas procedencias y formatos.
Tras obtener la Palma de Oro al mejor cortometraje en el Festival de Cannes, Luis llevó a San Sebastián una historia ambientada en el barrio de Tepito, en Ciudad de México. El protagonista es un niño que persigue el objetivo de convertirse en campeón de boxeo, en un relato que vincula la práctica deportiva con el entorno familiar y barrial. La película tiene una duración de 15 minutos y está protagonizada por Damian López y Wil Pérez.
Para el realizador, que también es el guionista del corto, esta proyeccion significó su regreso al festival después de 2024, cuando se presentó por partida doble: con Simón de la montaña, que integró Horizontes Latinos y el cortometraje Cómo ser Pehuén Pedre, exhibido en Zabaltegi-Tabakalera.
La siguiente es parte de una entrevista realizada por Manuel Hevia, del Diario del Festival, a Federico Luis.
¿Cuál es el germen de Para los contrincantes?
Estaba en México trabajando en el guion de mi futuro largometraje, El entrenador de perros, con Mario Belatín. Un día me llevó a ver boxeo en el barrio de Tepito. Lo que no sabía y me sorprendió mucho es que las peleas iban a ser de chicos de entre cinco y catorce años. Me impactó, emocionó, perturbó y pareció hermoso a la vez.
¿Cómo trabajó con el joven Damián López? ¿Cuán dramatizada fue la pelea?
Damián estaba en una categoría de niños muy pequeños, que actúan como si fueran boxeadores profesionales para cumplir las expectativas de sus familias, por lo que ya eran “actores”. Creí que el que mejor interpretaba su papel y en el que sentí más fuerte la contradicción entre ser un niño y un boxeador profesional, fue Damián. Pasé con él casi un mes compartiendo cualquier tipo de actividad: desde ir a buscarle al colegio, hasta tomar un café o comprar ropa. Eso labró un vínculo entre nosotros, de mucha confianza y juego. Cuando llegó el momento de filmar, como teníamos unas diez latas de 16mm y cada combate era agotador para él, sabía que no iba a poder filmar mucho más que el tiempo de la pelea. Así que un segundo día rodamos las partes de ficción, incluso colocando la cámara fija en los dos mismos lugares, para mezclar momentos de la pelea ficticios y documentales. Por ejemplo, la sangre es falsa.
La cámara sigue el rostro de Damián, mientras oímos las voces del público, sin verlo. ¿Por qué?
Tenía que elegir una forma de crear un puente entre el espectador y ese niño. Dejar fuera del encuadre todo lo que no fuese su rostro, lo más expresivo que tiene el ser humano, y que podamos ver cómo cada momento impacta en su expresión, era una forma de capturar la mayor cantidad de emoción posible. La combinación de voces fuera de campo me parecía muy interesante. Era más caótica a nivel de cómo las percibe el espectador y el personaje, se mezclan en una maraña los gritos del padre con el entrenador, con los otros padres, con la gente que está ahí. Esa forma de trabajar el sonido, además, me iba a permitir modificar todo mucho en el montaje, para construir la tensión.
¿Por qué el título del film?
Porque siento que este personaje tiene muchos contrincantes cuando está subido al ring, desde el rival en su batalla a toda esta presión, los deseos de su padre, las indicaciones de su entrenador. Pelea incluso contra la idea de una película haciéndose sobre su pelea, contra mí, contra el espectador. Y no solo pelea, sino que sus lágrimas y todo lo que él despliega en ese tiempo tan acotado es como su ofrenda, lo que él les puede ofrecer a sus contrincantes.
Julia Montesoro – Norberto Chab / Desde el Festival de San Sebastián


