El actor británico Orlando Bloom regresó al Festival de San Sebastián catorce años después de su primera visita. Llegó a Donostia para presentar Bucking Fastard, la nueva película de Werner Herzog, y para participar en el homenaje al cineasta alemán, que recibió el Premio Donostia durante la gala inaugural del viernes 18. Bloom fue quien le entregó el galardón. La película, presentada fuera de concurso, había tenido su estreno mundial pocos días antes en Venecia.

En San Sebastián, Bloom compartió la presentación de Bucking Fastard con Herzog y con el productor Ariel Leon Isacovitch. La película está protagonizada por Kate y Rooney Mara, que interpretan a dos hermanas gemelas que hablan al unísono y mantienen una relación con el personaje de Bloom, Gareth Moroney. El actor explicó que el trabajo con Herzog y con las hermanas Mara había sido una experiencia particular por la naturaleza del proyecto y por la forma de trabajo del director.
“Este filme es un poema”, dijo Bloom durante la rueda de prensa. Según explicó, la película no propone juzgar las acciones de sus personajes: “No se puede juzgar a los personajes, porque ellos lo único que hacen es vivir”.
Uno de los temas sobre los que habló en San Sebastián fue la escena sexual que comparte con las hermanas interpretadas por Kate y Rooney Mara. Consultado por ese momento de la película, Bloom destacó la relación entre la sencillez de los personajes y la situación que atraviesan. “Hay una simplicidad en los personajes y en sus deseos carnales, pero también una inocencia en las hermanas”, explicó. Sobre su propio personaje agregó: “Mi personaje, el Bucking Fastard, también es sensible. Y rápidamente se encuentra fuera de su profundidad en algunos aspectos”.

Pero la cuestión que ocupó buena parte de sus declaraciones en San Sebastián fue la fama y la necesidad de conservar una relación cotidiana con el mundo. En la rueda de prensa, Bloom contó una comparación que le había transmitido un hombre al que consideraba sabio: “Un hombre sabio me dijo una vez que la fama es como estar en un lugar donde algo atraviesa muy rápido y la gente lo mira”. La conclusión, según Bloom, es aprender a abandonar esa situación: “Lo importante es salir de ahí y hacer cosas de la vida diaria, como llevar a los niños al colegio, hacer la comida, ir al supermercado”.
El actor relacionó esa necesidad de permanecer conectado con la vida cotidiana con su propio oficio. “No puedes construir personajes si estás desconectado de la vida real y del mundo real”, afirmó. Y agregó: “Creo que eso es la parte esencial de ser un actor porque es muy importante encontrar el equilibrio”.
En una entrevista publicada el mismo día por Vanity Fair, Bloom volvió sobre esa idea y utilizó otra imagen para referirse a la exposición pública: “Alguien me dijo una vez que ser famoso es como estar dentro de un enorme vehículo en llamas que avanza por la carretera mientras todo el mundo señala y exclama: ‘Mira, el vehículo en llamas’”. Para él, la salida consiste en recuperar una vida ordinaria. “Cuando sales, necesitas un equipo de personas que te diga: ‘¿Estás bien? Vale. Volvamos’”. Ese regreso, explicó, supone “hacer la cama, llevar a los niños al colegio, poner la comida sobre la mesa y ser del mundo y parte del mundo”.
Bloom también habló sobre sus próximos trabajos. Contó que una nueva película estaba prácticamente terminada y que trabajaba además en dos libros. Sobre el rodaje de Bucking Fastard, destacó el ritmo de trabajo impuesto por Herzog: según su relato, la mayoría de las jornadas terminaban alrededor de las tres y media o las cuatro de la tarde y la producción se realizó por debajo del presupuesto y del calendario previsto.
Para el actor británico, es su segunda participación en el festival. La primera había sido en 2014, cuando participó en Savage Cinema con The Greasy Hands Preachers, documental dirigido por Clement Beauvais y Arthur de Kersauson. Doce años después de aquella visita, Bloom regresó con una película de ficción de Herzog que se mueve alrededor de dos hermanas, un hombre y una relación que escapa de las convenciones habituales de la narración cinematográfica.
Julia Montesoro – Norberto Chab / Desde el Festival de San Sebastián
Fotos: Jorge Fuembuena / Servicio del Festival de San Sebastián


