spot_img
spot_img

Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Alejandro Awada protagoniza en teatro «La muerte de un viajante»: «Me gusta interpretar un texto que se relacione con la sociedad actual»

Alejandro Awada protagoniza junto a Ingrid Pelicori la obra teatral La muerte de un viajante, clásico de Arthur Miller de enorme vigencia, tanto por su calidad de su texto como por la profundidad con que cruza los temas sociales. Con dirección de Daniel Marcove, la obra se presenta en El Tinglado los sábados a las 21.15 y los domingos a las 19:30 hs.

Además, actualmente se lo puede ver en El resto bien, serie creada por Daniel Burman y dirigida por Burman junto a Daniel Hendler, en donde tuvo una participación especial.

-¿Qué te convenció para embarcarte en esta apuesta?

Apenas me lo dijeron, dije que sí. Es una obra monumental, una de las más grandes del teatro contemporáneo del mundo. Semejante personaje, semejante obra…inmediatamente dije que sí. Después para mejor entró Ingrid (Pelicori) y el resto de los actores, todos divinos, maravillosas personas y actores. Tuvimos dos meses y medio de ensayo y estrenamos muy bien. Es una obra muy compleja, muy profunda. Que no me escuche el director (Risas), pero es una obra para no menos de tres meses de preparación.

Es muy potente lo que le pasa a mi personaje. No quiero calificar ni adjetivar, pero lo que le sucede a este señor es digno de una tragedia contemporánea.

-La obra plantea, entre otras interpretaciones posibles, la alienación del trabajador. ¿Qué nuevos sentidos le encontraste vos? ¿Cuál es la vigencia del texto?

Es correcto lo que dijiste; la alienación de la persona, del personaje que está cruzado muy fuerte por los condicionamientos sociales y seguramente familiares también. Es una crítica furiosa al modo de vida de los americanos y seguramente hoy, extendida al resto del mundo contemporáneo también, donde el éxito, el dinero es lo que importa. Willy, el protagonista, se relaciona con sus hijos y con su mujer desde este punto de vista. Aparecen muchas cosas maravillosamente narradas por Miller.

-La vigencia y el link con la Argentina actual está en ese texto.

Sí. Lo que ocurre hoy es contundente. Hoy y en otros momentos: ya conocimos otras variantes de esto (Risas). Pero bueno, nos tocó esto. El espectador se siente muy identificado con nosotros en relación a lo que nos está pasando en este momento como país y como sociedad.

-Eso también es un estímulo para aceptar la propuesta, más allá de que es un texto de Miller.

Sí, por supuesto que sí. Me gusta interpretar un texto que se relacione con lo que nos sucede como sociedad. En este caso mucho y lo abracé, por supuesto, porque reflexionar mucho con respecto a lo que nos está pasando. Que no es para nada gratuito, todo lo contrario.

-El teatro es una posibilidad de reflexionar.

¡Sí señora! Sí, por supuesto. Vienen hombres grandes fuertes, y salen llorando como niños. Es muy movilizante lo que sucede desde el punto de vista familiar y también desde el punto de vista social. Mi hermano es un hombre grande -padre de familia, nietos, todo-. Un hombre divino. Cuando vino a verme, no podía parar de llorar. Lloraba, lloraba, lloraba. A otro amigo le pasó lo mismo. Esta obra nos toca y nos moviliza profundamente.

-¿Te sorprende?

Es lo que más me sorprende. Lo esperaba. Pero tan lindo, tan divino como lo que está pasando con esta experiencia, no. Sabía que teníamos un caballo ganador, pero no tanto. Lo que le pasa al espectador es muy fuerte y yo lo agradezco profundamente.

-¿Qué es lo que más les llega a ustedes de los comentarios del público?

Están hablando… ¿Puedo ser un poquito vanidoso?

-Sí, cómo no.

Un poquito, por favor. Están hablando muy, pero muy bien de las actuaciones, de la puesta y de la interpretación en general. Nos estamos llevando un premio los actores porque estamos siendo muy bien valorados. Nos elogian mucho el trabajo de cada uno de nosotros.

Dejame decirte que está -para mí- una de las grandes actrices de la Argentina, Ingrid Pelicori. Muy bien dirigido por Daniel Marcove. Y estamos (a ver si me sale): Gustavo Rey, Marcos Woinsky, Anahí Gadda, Junior Pisanu, Toto Salinas y Lucas Matey. Tengo tres compañeros divinos de menos de 30 años, divinos como actores y como personas.

-¿Se necesita ahora más que en otros momentos el reconocimiento del público?

Yo necesito el afecto del público siempre. He fracasado, por supuesto, y me ha dolido mucho. Fundamentalmente por eso, por no contar con el afecto del espectador. Yo ubico al espectador en un lugar fundamental. Un viejo maestro decía que el irreemplazable en el teatro es el actor. Yo en broma digo que el irreemplazable es el público. Y cuando son generosos afectivamente, me siento muy, pero muy bien.

-Le adjudicaba un sentido más específico en este momento de desvalorización de la cultura, que también abarca el trabajo de los actores.

Está pasando. Creo que esencialmente es un problema cultural. No quiero empezar a calificar esas cosas. Pero lejos de representarme emocional, intelectual y culturalmente este Gobierno que nos está gobernando, me parece que estamos atravesando un momento dificilísimo, esencialmente desde el punto de vista cultural. La bajada de línea de esta gente a mí me deja en otro lugar, muy lejos de lo que le pasa a ellos. Y a la vez, muy lejos ellos de lo que nos pasa a nosotros. Porque ellos hablan de números, números y números y no saben quiénes somos.

-La gacetilla de prensa de La muerte de un viajante plantea dos preguntas inquietantes que te traslado a vos (para que respondas de a una) ¿Hay sueños equivocados? ¿Qué significa triunfar en la vida?

Lo de los sueños equivocados, seguramente sí. He tenido miles de sueños equivocados hasta que finalmente encontré mi ruta.

-¿Y qué significa triunfar en la vida?

Lamentablemente, la obra profundiza esencialmente en eso, en qué es el triunfo. Linda, el personaje que interpreta Ingrid Pelicori maravillosamente bien, dice en un momento: «Pero, ¿por qué tenemos que ser importantes o por qué tenemos que ser exitosos? Estamos muy bien acá como estamos viviendo». Sin embargo, este pobre hombre -este señor, Willy Loman- no entiende otra cosa que no sea eso. El éxito es el dinero, es la posición social, es el crecimiento social y no puede salir de esa trampa. Linda, afortunadamente, sí. Willy Loman no y lo padece muchísimo.

-¿Qué es el éxito?

El amor de mi mujer y el amor de mi hija, trabajar en lo que amo y algún que otro buen viaje cada tanto.

-El teatro que te puede llevar además a muchos lugares, ¿no?

Gracias al teatro yo conozco la Argentina. Y me encanta cuando me sacan a pasear por Argentina. Ojalá que nos saquen a pasear con esta obra: hace un mes que estrenamos y ya está sucediendo eso. Ya hay propuesta para Mar del Plata y Córdoba, ¿podés creer? Y dejame decirte otra fanfarroneada: estamos trabajando a localidades agotadas.

-Tu último trabajo en cine fue en Una muerte silenciosa, estrenada en 2025. ¿Cómo ves la coyuntura del sector audiovisual?

Y…me estás matando. Hay una crisis absoluta. Yo filmé mucho. Pero es porque existía el INCAA. El INCAA creó una industria durante 20 años o más. Este famoso impuesto a la entrada cinematográfica generó un movimiento grandioso en Argentina, con muchísimos premios internacionales y una industria importante, con miles de trabajadores. Estos señores decidieron seguir cobrando ese impuesto, pero lo derivan a otras zonas, a otras necesidades. En este momento es una industria que ha dejado a miles de personas sin trabajo. Lo más lindo que nos puede pasar es hacer nuestro cine y contar nuestros cuentos. Ahora queda desear que vuelva a suceder lo más pronto posible. Un cine que nos haga pensar en quiénes somos y nos haga crecer, culturalmente hablando.

-También hay una crisis de público, no solo en Argentina sino en general.

Cuando la película funciona y está bien, el público argentino está. Y así como dicen que hay películas que han visto cuatro o cinco, también es cierto que hubo películas de millones de espectadores y mundialmente exitosas. Yo estoy muy orgulloso de quiénes somos culturalmente cuando nos dan las posibilidades de poder trabajar.

-Solés hacer roles oscuros, complejos. ¿Cómo hacés para no llevarte esos roles a tu casa?

Ya tengo 40 años de experiencia. Muchas, muchas, muchas películas y obras. Realmente entro y salgo con mucha espontaneidad y facilidad.

-Y en este caso, en La muerte de un viajante, ¿qué pasa? ¿Cómo salís de ahí?

Me siento muy feliz por lo que le sucede al espectador y el cariño que ofrecen. Creéme que atravieso toda la problemática, entre comillas, psicofísica de Willy Loman, pero ese es un instante. Ingrid me decía que parecía escrita para mí (Risas). Pero yo entro en esas zonas y las conozco bien: no me pasa nada. No me llevo el personaje a cuestas. De ninguna manera. Estoy en un momento de la vida en que tampoco me hago muchos problemas, ¿sabés? Estoy más liviano, más disponible, más amoroso.

-Acaba de estrenarse la serie El resto bien, donde tenés una participación. ¿Cómo te llevás con las plataformas?

Me gustan. Es casi cinematográfico: hay distancia, pero se acerca bastante. Hubo una que me encantó hacer, Iosi, el espía arrepentido. Me dieron un premio en España por ese personaje. Me encantó hacerla y me encantó lo que le pasaba a la gente, al público. Lleva más tiempo, pero la gente está. Y entiendo que la gente ve muchas series: de hecho, yo estoy viendo miniseries. Una que te recomiendo (seguro que la viste) es Peaky Blinders. Sensacional. Ojalá que vengan las plataformas, que inviertan, que invierta el empresario argentino para que realicemos series. Sabemos hacerlas, las hacemos bien y funcionan. Si se realizaran tres o cuatro por mes habría mucha gente trabajando. Es lo que pasaba cinematográficamente unos años atrás, cuando se filmaban tres o cuatro películas por mes. Con dinero bien habido: con un impuesto para el cine y por el cine. No era un dinero que salía del Estado.

Julia Montesoro

Related Articles

GPS Audiovisual Radio

NOVEDADES