La serie Tafí Viejo, verdor sin tiempo, se convirtió en la gran ganadora de la noche de los premios Martín Fierro, que se otorgaron en la noche del lunes 18. Además de obtener la estatuilla a la mejor serie, Eduardo Pinto recibió el galardón a la Mejor Dirección y Luciano Cáceres, al Mejor Actor.
Realizada en Tucumán, la serie se estrenó en 2025 y contó con la participación de Laura Grandinetti, Emanuel Rodríguez, Luis Machín, Lili Juárez, Sergio Prina, Juan Palomino, Daniel Elías, Lautaro Delgado Tymruk, Paloma Contreras y Camila Pláate, entre otros.
Producida por Tafí Sueña y Corralón Films para Flow, Tafí Viejo, verdor sin tiempo sigue la historia de amor entre una citadina y un pueblerino que deben enfrentar la desaprobación de sus respectivas familias mientras se pone en juego la venta de unas valiosas tierras
No es la primera vez en que Eduardo Pinto y Luciano Cáceres emprenden un proyecto juntos: ambos son socios de la productora independiente Eusebia en la higuera y como director y actor estrenaron Corralón (2017), El desarmadero (2021), La educación de los cerdos (2022) y la inédita Las nubes (2025).
-Eduardo, ¿cuál fue tu propósito al encarar esta serie?
Pinto: Hubo al comienzo una reunión con Luciano (Cáceres) y con Javier (Noguera, creador de la serie). El quería hacer una serie que girara en torno de una historia de amor. Y mi propósito fue adueñarme de la serie -con todo respeto, claro-, para poder poder contar las costumbres de la ciudad de Tafí Viejo, las costumbres de Tucumán y que fuese un poco más grande que una historia de amor, sino que también sea una historia social, de clases sociales. La historia de amor es una excusa, es una mentira; la virtud de la serie es que narra nuestros conflictos sociales, nuestras diferencias como sociedad.
Cáceres: Tafí Viejo es una ciudad muy potente, que tiene un pasado histórico muy importante: allí estaban los talleres en los que se construían los trenes para toda Latinoamérica. Sabemos lo que pasó con los trenes de nuestro país. Aun así de golpe una nueva industria, la citrícola, levantó y posicionó otra vez a esta ciudad. Pero allí convivís con ese paredón de kilómetros dividiendo la ciudad, que es muy potente, que estás viendo todo el tiempo.
Pinto: Es un lugar de un gran peso, una gran energía.
Cáceres: Y además está el poder de la yunga. La yunga es algo extraordinario. Ese lugar es mágico, tengo entendido que es de los pocos en el mundo que la tiene.
Pinto: Además es un accidente geográfico de Latinoamérica, porque llega hasta Cuba, hasta México. ¡Es alucinante!
Cáceres: Y también está el poder del monte tucumano. Históricamente, también sabemos lo que significan los mitos y lo que sucede en esa idiosincrasia.
-Ustedes se propusieron rescatar esos escenarios. ¿Ya estaba dado en el guion o se empezó a trabajar de cero?
Cáceres: No se empezó a trabajar de cero. La relación con Tafí Viejo tiene que ver con que yo soy padrino del cine-teatro de ahí y luego fui padrino del Festival de Cine de las Yungas. En base a esta propuesta de que querían empezar a hacer algo -porque además hay muchos realizadores locales en todas las áreas, gracias a la ENERC y a la universidad, con gente muy talentosa para hacer cualquiera de los roles audiovisuales-, les dije: «Con Eduardo venimos haciendo mucho cine independiente, tienen que convocarlo». Y viajó Edu también al Festival. Una vez que tuvimos la primera reunión, se empezó a desarrollar la idea.
Pinto: Lo bueno es que empezamos a viajar con los guionistas. Y empezamos a andar por la ciudad. Y a escribir, a investigar, a dialogar, a entrevistar a la gente. Así fuimos construyendo el guion. Pero lo loco es esto que decía Luciano, que los talleres del ferrocarril de alguna forma es la metáfora de la Argentina industrial que ya no tenemos.
-La Argentina que fue…
Pinto: La Argentina que fue. Eso nos vino como anillo al dedo. Y después, la idea del vacío, porque el personaje de Emanuel (Rodríguez) pertenece a los obreros que ya no son obreros. ¿Qué hace esa gente, de qué trabaja? Es un poco el conflicto que tenemos. ¿De qué va a trabajar la gente?
Cáceres: Y lo que pasa también con la modernidad, el extractivismo hasta que desaparezca todo. Mi personaje viene un poco a eso, ¿no? A cagarse en la cultura del lugar. «¿Qué querés? ¿Un limonero? Te dejo un limonero en la puerta del emprendimiento y listo. Pero hay que hacer negocio». Y de ahí se va a otro lado. Y así va quedando la gente fuera del sistema.
-La serie adquiere una vigencia enorme, ¿no? Como si hubiera sido escrita en los últimos dos años.
Cáceres: Es un proyecto escrito hace unos tres años antes de todo lo sucedido. Y refleja cómo veníamos. Son un poco visionarias, también. A la vez, cuando uno conoce la esencia del lugar contada por los referentes locales, se vuelve universal. Como esas historias chicas que pasan y te terminan emocionando porque no solo tienen que ver con los tucumanos sino con la sociedad.
Pinto: Nosotros como comunicadores somos esponjas. Tal vez sin darnos cuenta, pero vamos sintiendo y tomando todo lo que sucede alrededor. Todo eso después se plasma en el guion. En estos dos años nosotros fuimos tomando todo: hasta una estafa en criptomonedas. Y fue antes de que suceda lo que ya sabemos que sucedió. Todo eso lo hace como muy actual.
-¿Cuál fue la percepción de la población local cuando los vieron filmando?
Cáceres: Tomaron la serie como propia. Incluso esto ocurrió en todo Tucumán. Eso estuvo buenísimo. Hay algo ahí que refleja nuestro país. ¿Por qué hablar de esto? Porque tenemos un país increíble, maravilloso, con todos los escenarios que quieras y con un montón de capacidad de laburo para todas las áreas.
Pinto: Esto que dice Luciano se refleja en la serie: el 70% del equipo técnico era tucumano y el 70% del elenco también. Y esto se debe a que hay una Universidad Nacional donde se enseña la carrera de actuación y de realización. No es casualidad que además de Tafí Viejo esté Belén y más recientemente, Muña Muña. Y todo tiene un nivel internacional.
-Cuando recibieron el Martín Fierro, los dos destacaron desde distintos lugares la importancia de construir una historia con identidad local. Que a su vez, se transforma en universal.
Cáceres: Y… allí está la esencia, el conocimiento, la base, la entraña. Lo que también dije es que en estos tiempos se ataca mucho a la educación y la formación es eso, en todas las áreas: gente que se esfuerza estudiando más allá de tener que laburar en 20 cosas para poder ser un profesional en la materia. Pero parece que eso no tiene valor, que hoy tiene valor ser un piola, nada más.
-Tiene valor y mucho. Lo que se intenta todo el tiempo...
Cáceres: Sí, invisibilizar. Ni hablar. Lo mismo ocurre con la ciencia, la tecnología, las escuelas industriales.
Pinto: Contra eso, todo proyecto como éste nace también desde el amor y la necesidad de contar, de transmitir y de hacer. Y se hace a partir de un grupo humano horizontal, una comunidad.
Cáceres: Y el resultado después se ve, porque en Flow estuvo semanas liderando con la promoción que tuvo, que no fue la promoción de una megaserie. Y eso es gracias al boca a boca y la gente que entra y la recomienda. Como nos sucede en el teatro y en toda la cultura independiente también. Hay algo ahí que el público y la prensa especializada dan a conocer y eso se multiplica.
-¿Cómo se trabaja cuando se rompe la hegemonía de las plataformas, que imponen determinadas características para la narrativa, entre otros condicionamientos?
Cáceres: Con más libertad, seguro.
Pinto: La esencia de Tafí Viejo es la del teatro independiente, la del cine independiente. Nadie nos dijo qué teníamos que hacer, nadie nos controló ni nos editó nada. Lo hicimos con nuestro sentir y con total libertad. Por eso creo que Tafí tiene esa esencia del cine independiente, del teatro independiente, donde no hay una corporación detrás.
Cáceres: Una plataforma conoce el negocio de otra manera. No creo que esté ni bien ni mal: hay que convivir con todas las industrias. Y ocuparse de que haya más actividad. En la fiesta del Martín Fierro me preguntaban todos: «¿Qué opinas de las series verticales?». ¡Buenísimo! ¡Hay laburo! Sea cual sea la forma de narrar, se está haciendo ficción y vamos para adelante.
Y por otra parte en estos tiempos -y más que nada en estos tiempos-, hay pensar en el hacer. Lo peor que nos puede pasar es dejar de hacer por el enojo, por el fastidio, por la falta de apoyo. Con lo que sea, con lo que se tenga, estar unidos. Armar equipo en las condiciones que se pueda, pero estar aceitado, estar preparado. Si no uno se adormece, pierde las mañas. Como el que labura la madera, el que labura el fierro: si no está usando las herramientas, pierde el hábito. Hay que salir a hacer igual.
Pinto: La única forma de poder combatir -por decirlo de algún modo- es haciendo. Porque es la mejor. Nosotros haciendo, podemos hablar. Cuando ganamos el Martín Fierro tuvimos un minuto para hablar. En ese minuto quise decir un montón de cosas que no pude, pero hubiera dicho que necesitamos reconstruir nuestra industria audiovisual que está muerta. En formato vertical o con canales de televisión produciendo asociados con privados; como sea, hay que buscarle la vuelta. Y creo que Tafí Viejo es un ejemplo porque para hacerla se recaudó dinero tocando a los empresarios de la ciudad que hicieron un aporte. De esa forma se pudo realizar.
Cáceres: Es importante hasta facilitar las locaciones. Nosotros con Edu teníamos un desarmadero y de allí salió El Desarmadero o Corralón. ¿Lo tenemos? ¡Vamos para adelante! Si ya tenés las locaciones, es un montón.
Pinto: Si tenés una panadería, un corralón, una plantación de limón, un barrio ferroviario que está muerto, desde ahí se puede construir una historia. Y va a ser verdadera: es parte de los recursos para hacerlo.
-En este estilo de narrativa que caracteriza tu obra, los escenarios naturales son una parte importante.
Pinto: Siempre me acuerdo de aquello que me dijo Jorge Sassi hace 20 años, cuando hicimos un videoclip de La Mosca: «Eduardito, Eduardito. Hay que filmar por asalto, o sea, que es llegar con las cámaras y filmar». Nosotros de alguna forma lo venimos haciendo. Y eso en Tafí Viejo está, porque el barrio está contado como un documento. Todo eso está y creo que es nuestra virtud.
Julia Montesoro


