Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Victoria y Juan Solanas presentaron «Tres en la deriva del acto creativo», la obra póstuma de Pino, en Mar del Plata: «Es un canto a la vida que hizo para él y sus amigos»

Tres en la deriva del acto creativo, última obra de Fernando Pino Solanas, fue la película de apertura 36° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Acompañaron la presentación del film Ángela Correa, Victoria y Juan Solanas, “Yuyo” y Gaspar Noé, quienes participaron del proyecto como protagonistas.

La película póstuma de Fernando Pino Solanas, que refleja conversaciones y reflexiones entre tres hombres de la cultura y del arte de diversas extracciones: Eduardo Tato Pavlovsky, Luis Felipe Yuyo Noé y el propio Solanas. Su estreno comercial está anuniado para el 9 de diciembre, días después de cumplirse un año de la muerte del cineasta, ocurrida en Francia el 6 de noviembre de 2020.

Sus hijos, Victoria y Juan, participaron en la posproducción de la película.

Tres en la deriva del acto creativo surge del encuentro entre Pino Solanas, Tato Pavlovsky y Yuyo Noé. ¿Cómo surgió esa idea? ¿Qué participación tuvieron ustedes?

JS: Antes que nada, no lo rotularía como un documental: se trata de tres grandes creadores que conversan íntimamente entre ellos. No sabía qué género ponerle, porque en realidad porque es gente real hablando. La participación nuestra surgió a partir de que Gaspar Noé -el hijo de Yuyo- y yo estábamos en Buenos Aires. De repente un día Pino nos dijo que fuéramos con unas cámaras a filmar, y nos puso de camarógrafos. Fue de todo menos algo previsto. Terminamos Gaspar y yo con cámaras bajo las órdenes de Pino. Como inicio fue bastante azaroso.

VS: Esa primera filmación fue en diciembre de 2011.
JS: Imaginate, pasaron diez años. Después Pino siguió filmando y Victoria trabajó mucho en la producción. Fue un proceso largo y caótico, en el que quedamos atrapados Victoria y yo con la posproducción.

-Es decir, que mientras ellos tres conversaban, Juan y Gaspar Noé andaban con la cámara, recibiendo órdenes de Pino.

JS: Hubo mucha gente haciendo cámara: Pino iba agarrando al voleo al que podía. También estaba Martin, el hijo de Tato. Pero estos tres monumentos eran íntimos amigos de toda la vida, por eso se da tan bien y es muy especial lo que muestra la película. Cuando se empezó a filmar, estos tres tenían 40 años de amistad, que no es un detalle.

VS: Nuestro viejo siempre quiso involucrarnos en lo que hacía. A lo largo de nuestra historia trabajamos varias veces en sus películas. Yo fue meritoria y asistente en varias y también participé como escenógrafa. Era como una constante en él intentar involucrarnos. Tenía eso de querer estar e involucrar a su familia en general. Esta película tiene esta cosa muy vital y auténtica de los lazos afectivos.

-Ustedes tienen una gran participación en la obra. Además de ese grupo de amigos, cuentan sus propias experiencias como hijos y como amigos entre ustedes. ¿Cómo se dirimió esa intervención de ustedes?

JS: Fue “a la Pino”. Un día en París, yo estaba con Gaspar y Pino me dijo: “¿Juan, por qué no lo filmas a Gaspar?”. Y fuimos a mi oficina y lo filmé. Fue realmente así. Esas cosas parecen ligeras pero era como él lo quería hacer: si ese día yo no estaba, no se hacía. Pino trabajaba mucho así, con el azar de la vida. Tampoco pienso que los hijos hayan sido parte del proyecto al comienzo. Pino fue construyendo sobre la marcha. La filmación fundacional de esta película que fue en una especie de cena, picada en lo de Yuyo, coincidió que estábamos ahí en Buenos Aires. Pero si no estábamos Pino la hubiera filmado igual.

Esa frescura, esa vida que uno ve, lo da también eso, lo espontáneo y lo accidentado que es parte del proceso creativo. De repente a un pintor se le cae un pincel y le encantó y quedó. Pino todo el tiempo incorporaba cosas de la realidad. Para eso hay que estar muy abierto, porque uno planifica todo y el día de filmación pasa todo menos lo que planificaste.

-Es una película que habla sobre el arte, el acto creativo. Da cuenta de una de las tantas facetas que tenía Pino con respecto a su preparación general. ¿Qué importancia le dan ustedes a esa formación?

JS: Curiosamente, siempre me negué a hacer cine. Lo veía a mi viejo con una vida dura y dolorosa y me interesaba todo menos hacer esa vida. En París tuve que ver cómo venían a realizar inventarios en mi casa, sobre pertenencias mías -como una guitarra-. Pino se jugaba la vida, ponía su casa en garantía siempre, sacaba créditos. Y si la cosa no funcionaba te vendían la casa. Eso es lo que a veces la gente no entiende de cuando uno es un autor y trata de hacer cine: es muy bravo. Esas cosas me marcaron. Yo no quería saber nada.

Pero uno siempre es producto de la vida de sus padres. No es azar que Victoria sea productora y yo haga películas.

VS: Obviamente nuestro padre tenía la pasión en la sangre y filmaba todo el tiempo. Hace unos días estábamos viendo material y encontramos un montón de cosas digitalizadas con material cotidiano. Iba a cualquier lado y estaba con la camarita, a un nivel en el que ya lo odiábamos. Con eso hemos convivido siempre. Él en general filmaba su vida todo el tiempo. Es justamente ese espíritu vital lo que a mí me encanta como legado.

-¿Hay un ‘legado Pino’, un material a descubrir sobre el cual haya que trabajar?

VS: Él dejó muchísimo material. Filmó su vida durante mucho tiempo. Nuestra intención es cuidarlo y preservarlo. Por supuesto, le quedaron muchos proyectos inconclusos que quería hacer. Y dejó mucho material sobre su vida. A mí me parece milagroso que haya logrado terminar esta película.

JS: Sí, él la hizo de la A a la Z. Nosotros solo estamos haciendo la parte técnica y burocrática. El ya había dado sus directivas, pero la obra es íntegramente suya.

-¿Qué nuevos significados le encuentran a la obra de Pino?

VS: Para la preparación de algunos homenajes estuve reviendo la música de El Viaje, que es una historia de un adolescente que hace un viaje iniciático en el sur de la Argentina pero termina en México. Mi viejo tuvo desde la adolescencia el deseo de viajar por Argentina. Con estos viajes descubrió una realidad social: lo marcaron terriblemente. Conocer diversas realidades era algo muy intrínseco a lo que fue su espíritu y su obra.

JS: Toda la obra de Pino es eminentemente política, y lo que dice su obra sigue, tristemente, en plena actualidad. Es una constatación dolorosa que es tan vigente como cuando lo hizo.

Esa constatación es justamente lo que abre una nueva lectura, la permanente vigencia de Pino Solanas. Con los temas, las historias, la forma de mirar Argentina.

VS: Yo veo eso: como legado, esa coherencia permanente. Y también el apasionamiento en la vida, ese espíritu apasionado y creativo. Esa pasión que le puso al compromiso político social, y también al compromiso artístico, a la búsqueda estética.

-¿Qué vieron ustedes en Tres en la deriva del acto creativo?

VS: Es como un autohomenaje que se hace, a él y a sus dos amigos. Para ellos fue muy importante este proyecto. Él hace una reflexión muy grande sobre lo que es la vejez y la muerte; de hecho, uno de ellos muere durante la película. Elabora temas como la llegada de la muerte, cómo vivir, cómo no jubilarse en la vida.

JS: Y cero pedante. No sé si es homenaje o celebrar la vitalidad y la creación hasta el final.

VS: Y con mucho amor. Es el canto a la vida que él mismo hizo para él y sus amigos.

Julia Montesoro

Actualización de la publicación del 15 de octubre de 2021.

Read Previous

El protagonista de «El llamado del desierto», de Pablo César, premiado en Marruecos

Read Next

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: programación y actividades del domingo 21