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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

«El hombre del futuro» (Estreno: 21 de noviembre)

El jueves 21 de noviembre se presenta en la Sala Lugones la coproducción argentino-chilena El hombre del futuro, ópera prima de Felipe Ríos, con guión del mismo Ríos y Alejandro Fadel y protagonizado por José Soza (Michelsen), Antonia Giesen (Elena), María Alché (Maxi) y Roberto Farías (Alamiro -Cuatro Dedos).
Michelsen, solitario y desarraigado camionero es jubilado a la fuerza. Emprende un último viaje hasta Villa O’Higgins, el llamado fin del mundo por los camioneros australes. A lo largo de su viaje se irá desprendiendo de todo lo que conformaba su vida: su dinero, su trabajo y salud. Pero éste se convierte en un viaje de iluminación, puesto que al enfrentarse al final del camino logra redimir los errores del pasado y por primera vez vivir el presente junto a su hija Elena.

“El hombre del futuro nace de la inquietud de abordar dos conceptos que para mí como realizador son de gran importancia –reflexionó Felipe Ríos-. El primero de ellos tiene que ver con una reflexión acerca del tiempo; y el segundo, con la utilización del cine como una herramienta para transmitir las emociones humanas.

Pienso que esta historia es una pequeña fábula sobre cómo no perder el tiempo. Sobre cómo estructuramos nuestras vidas y tomamos decisiones a partir de realidades intangibles. Es también una parábola de cómo viajamos confusamente hacia los recuerdos del pasado y construimos imaginariamente lo que supuestamente sucederá en el futuro. Muchas veces entrando en dinámicas enfermizas en las que el tiempo hacia delante y hacia atrás es más importante que el aquí y el ahora, generando así un estado nefasto en que el pasado y el futuro terminan por sabotear al único tiempo real: el presente.

Me siento inclinado a pensar el Tiempo como las distintas capas de un mismo ser: un individuo que se expresa a través de tres yo simultáneamente. El “hombre” del pasado, el “hombre” del presente, y el “hombre” del futuro.

El hombre del pasado encarna todo lo que ya fue; aquello que no se puede volver a vivir. Son recuerdos que mutan cada vez que se evocan y llegan al presente. Un recuerdo no es estable, cambia constantemente según cual sea el estado de ánimo de quien recuerda. Así una reminiscencia dolorosa puede convertirse en melancólico o uno desagradable en heroico, y así infinitamente. Parecido a un sueño al que cambiamos el sentido una y otra vez.

El pasado puede entregarnos muchas lecciones  de vida, pero en algunos casos son tan duras que uno prefiere esquivarlas y tratar de olvidar. Pero el hombre del pasado no puede ser destruido, y cada vez que se le intenta de expulsar vuelve con más fuerza y en los momentos más inesperados, saboteando nuestras decisiones presentes por el trauma de errores pasados. La culpa y el miedo son algunas de sus herramientas más arteras.

El hombre del futuro es generalmente el dueño de nuestras decisiones. Nos educan para pensar que es más importante lo que sucederá mañana que lo que sucede hoy. El futuro siempre se proyecta como glorioso, yendo tan lejos en algunos casos, que la gente sufre en la vida terrenal por la ilusión de una vida de gozo en el paraíso eterno.

El hombre del futuro es todo lo que queremos ser. Es un hombre sano, siempre joven, lleno de amor; un hombre tranquilo y sin problemas, que tiene todo el tiempo del mundo para él y sus seres queridos.

Pero el hombre del futuro se alimenta del hombre del presente. Lo mantiene como un esclavo, trabajando constantemente; demasiado cansado para educar a sus hijos, demasiado atrasado para amar a su mujer, siempre lejos de lo que realmente tiene que hacer. Un hombre imaginario que nunca llega a materializarse, y que de la mano del pasado y sus cicatrices se encargan de truncar lo único que tenemos realmente: el ahora.

Este modelo de pensamiento ha influido poderosamente en mi vida, particularmente con respecto a la relación con mi padre. Un hombre que vivió sumergido en el trabajo, siempre alejado de su familia, siempre con la premisa de construir un futuro mejor. Un hombre que entregó todo su tiempo a las engañosas ilusiones de un mañana mejor, un mañana que solo en sus últimos días de vida descubriría que jamás iba a llegar.

El tiempo es dinero. Hay que ir hacia delante y no hacia atrás. Esas son las reglas del progreso; esas son las reglas de El Hombre del Futuro.

Michelsen, mi personaje protagónico, está construido a partir de mis experiencias en el extremo sur de Chile y de una recolección de recuerdos de mi propia vida.

Al internarme en la región de Aysén, lugar en el que está ambientada la película, me encontré con un Chile muy poco explorado. Paraje aislado y cargado de sortilegio, en que la naturaleza es ama y señora. Espacios en los cuales el dinero no es más determinante que una sonrisa y en el que los hombres conviven en íntima relación con los elementos naturales. Se trata de ambientes oscuros, fríos, desolados y hostiles; pero que a la vez producen una profunda inspiración y me reconectan con una primera infancia en que los tres tiempos eran uno solo.

Enfrentarse a los paisajes de la Patagonia chilena, en el que un bosque o un glaciar no ha cambiado su aspecto en miles de años, nos hace reflexionar sobre el tiempo. Nos deja claro que la naturaleza salvaje es inmune al paso de los años ya nuestra fugaz permanencia sobre la tierra. Deja ver la importancia de no perder el rumbo por ilusiones de un futuro mejor o un pasado que no se quiere aceptar, y nos permite comprender que todos estamos destinados al mismo final: la muerte.

En este exuberante paisaje coexisten personajes silenciosos, solitarios, orgullosos, nobles y fuertes. Lejanos a los avances del progreso, el cual es percibido por muchos como una peste lejana. Hombres y mujeres para los que el día a día es lo central y los valores éticos son fundamentales.  Autosuficientes a tal nivel que ni siquiera dicen llamarse chilenos, sino orgullosamente Patagones. Seres humanos desconocidos y dignos de ser retratados.

La valiosa información de Danka Ivanoff, historiadora con la que trabajé en mi viaje de investigación,  me  permitieron conocer a antiguos camioneros de la zona, entre ellos a Juan Carrasco (1933) uno de los pocos ancianos que aún recuerda de forma vívida la reciente fundación de Coyhaique, y a Roberto Recabal, camionero de los años sesenta y actual alcalde de Villa O’Higgins, personaje que me maravilló con sus aventuras de coraje y soledad a bordo de su camión, siempre teñidas de una profunda melancolía hacia el pasado.

Roberto Recabal se convirtió en una leyenda local al lograr la difícil tarea de trazar la ruta experimental “Lago Verde-Villa O’Higgins”: una odisea de meses en solitario a bordo de su camión, sorteando peligros y avanzando cientos de kilómetros en contacto con la desordenada geografía austral. Esta hazaña fue el punto de partida de lo que hoy día se conoce como la carretera austral sur y el germen de la fundación de Caleta Tortel y Villa O’Higgins. Pero sobre todo fue un viaje hacia la soledad, lo inexplorado y en gran medida hacia la muerte misma. Un hombre que puede ser llamado por algunos un héroe y, por otros, su familia, por ejemplo, un egoísta, frío y egocéntrico.

Las conversaciones y viajes con este camionero me permitieron construir la ruta en la cual me baso para construir la historia de Michelsen y su hija. Recabal me entregó su visión del mundo y un compendio de lugares hermosos y cargados de significado. Asimismo, comprender y volver a encender la sed de aventura que ha llevado por cientos de años a hombres y mujeres a explorar el llamado “fin del mundo”.

Encuentro en estos personajes, espacios y puntos de vista, un vehículo ideal para poder expresar mis inquietudes, y siento que es mi responsabilidad transmitir ese material al resto del mundo”.

Felipe Ríos nació en 1982. Es egresado de la Escuela de Cine de Chile.
Ha dirigido los cortometrajes Das Gollem (2003) y El hombre de la maleta (2005) y The Emancipating Opera que fue presentado en la Biennale Arte 2019, Biennale di Venezia. El hombre del futuro es su primer largometraje de ficción.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Felipe Ríos
Guion: Felipe Ríos
Coguionista: Alejandro Fadel
Dirección de Fotografía: Eduardo Bunster
Montaje: Nicolas Goldbart, Valeria Hérnandez
Dirección de Arte: Amparo Baeza
Vestuario: Francisca Torres
Música original: Alejandro Kauderer
Director de sonido: Catriel Vildosola (A.S.A)
Sonido directo: Andrés Polonsky
Mezcla: Diego Martínez (A.S.A)
Productor: Giancarlo Nasi
Coproductores: Agustina Llambi Campbell y Fernando Brom
Productores ejecutivos: Giancarlo Nasi, Fernando Brom, Agustina Llambi Campbell, Catalina Vergara, Fernando Bascuñán, Pablo Sanhueza
Compañía Productora: Sagrado Films, Quijote Films
Coproducción: La Unión de los Ríos (Argentina)

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