Cherjovsky-Serber estrenan «La Jerusalem argentina»: «La película se pensó desde la perspectiva de la memoria colectiva»

El jueves 24 de enero se estrena el documental La Jerusalem argentina, de Iván Cherjovsky y Melina Serber. Se trata de un retrato de Moisés Ville, un pequeño pueblo rural de la Provincia de Santa Fe en donde los últimos descendientes de los míticos gauchos judíos han emprendido la lucha contra el olvido: atesoran las reliquias de los pioneros en un impresionante museo, acompañan a los turistas por las sinagogas vacías y rememoran los sabores judaicos comprando leicaj en la panadería. Mientras tanto, todos esperan ansiosos la llegada de la Fiesta de Integración Cultural, el evento que define a este exótico rincón del mundo.

Cherjovsky es doctor en antropología y Serber, diseñadora de Imagen y Sonido y docente de Historia del Cine Latinoamericano. Desde la actividad que realiza cada uno, convergieron en el proyecto de rescatar la memoria judía del pueblo en la actualidad, a través de los últimos descendientes. Ambos fueron entrevistados por GPS audiovisual.

-¿Cada uno proviene de una rama académica diferente: ¿cuál es la mirada que aportaron al hacer este documental?

M. En mi caso el aporte consistió en pensar cómo llevar el material que habitaba una tesis de doctorado al mundo de la imagen y el sonido. Fue leer y subrayar en el texto situaciones o lugares para convertirlos en escenas, en un espacio-tiempo, en tamaños de plano, en angulaciones de cámara, en posibilidades sonoras; es decir traducir de un lenguaje a otro, para hacer un guión, para generar una estructura. Por eso para mí lo más importante fue el primer viaje, conocer un lugar que Iván había visto muchas veces con ojos de antropólogo para empezar a verlo juntos con otros ojos, los ojos del cine.

I. El documental surge como una consecuencia de mi investigación acerca de la memoria de la colonización judía, que también publiqué como libro (Recuerdos de Moisés Ville, Editorial Teseo). Ambos trabajos fueron pensados desde la perspectiva de la memoria colectiva y de la convivencia en sociedades multiculturales.

-¿Por qué Moises Ville? ¿Qué conocían de Moises Ville antes del proyecto?

M. Moises Ville en el imaginario judaico es un lugar muy relevante dado que fue la primera colonia en Argentina. Por mi trabajo en el Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino Marc Turkow, tuve la oportunidad de ver muchas fotos de Moises Ville, históricas, del pasado. Y esto fue algo clave porque estimuló mi curiosidad por el pueblo. Cuando Iván me contó sus planes, la intención de hacer un documental, no tardé en decir que sí.

I. En mi caso, había viajado al pueblo una docena de veces para trabajar en mi tesis, tanto entrevistando a cierta gente como relevando materiales de archivo. En esos años vi situaciones que me parecían interesantes y con mucho potencial para la cámara.

-¿Qué tiene Moises Ville de Jerusalem argentina?

I. Así la llaman los moisesvillenses de la vieja guardia, ya que hasta la mitad del siglo XX fue un islote judío en medio de la pampa gringa. La canción que suena al final de la peli, compuesta por Jevel Katz en los años treinta, habla de eso, de que allí todos eran judíos, desde el barbero hasta el policía o el juez, y de que el pueblo era una especie de Estado Judío antes incluso de la creación del Israel moderno.

-Moises Ville aparece como un pueblo apacible, donde la convivencia social e interreligiosa es armónica y su población está integrada. ¿Es esa la mirada que buscaban sostener en el documental, minimizando los conflictos, o en la vida cotidiana efectivamente es así?

M. Yo considero que hay armonía, pero también hay diferencias que en la Fiesta de la Integración cultural pueden visibilizarse (como corolario de lo que fuimos viendo antes). Son momento sutiles, pero que no buscamos trabajarlos de otra forma. Las familias judías comen en sus casas, “lejos de la fiesta”, cuentan anécdotas del pasado en donde se deja claro su activa participación en la vida comunitaria. Vemos abrazos emotivos, llantos de visitantes judíos que se encuentran con sus familias después de mucho tiempo. El recuerdo de lo que fue y ahora resiste. Y un momento clave, el canto de la Hatikva, el himno de Israel. Junto a Eva -la museóloga- y el Rabino, está el cura, que a diferencia de ellos no canta (porque obviamente no sabe el himno). Más de la mitad de la gente que está presente no conoce el himno, no lo canta. Entonces eso deja ver cómo se intentan continuar con algunas tradiciones judaicas, pero que en verdad son advertidas por unos pocos (porque cada vez se hace más pequeña la comunidad judía local). Aquí hay mostradas algunas tensiones, pero insistimos en hacerlo sutil.

I. Las tensiones actuales tienen más que ver con las diferencias de clase social que con cuestiones religiosas o étnicas. Hay una clase media conformada por descendientes de inmigrantes judíos, italianos, españoles y eslavos, muy integrada entre sí, con matrimonios mixtos y emprendimientos en común; y, por otro, lado existe una clase baja compuesta por migrantes internos que llegan a la zona buscando trabajos tipo changa. De todos modos, no hay mayores conflictos, quizá por la escala tan reducida. En este tipo de localidades, todos se conocen, el vínculo es cotidiano, cara a cara.

-Uno de los hallazgos de la película es que la cámara se introduce en tres ceremonias religiosas de distintos credos (judío, católico y testigo de Jehová). ¿Cómo fue el proceso previo para entrar allí?

M. Esto fue posible gracias a que Iván, por su investigación doctoral, era conocedor del pueblo, sus actividades y las personas que allí vivían. Algunas cosas, de todas formas, las fuimos descubriendo in situ, cómo eran las ceremonias, qué se hacía en cada una (como otras situaciones).

I. Fue muy sencillo, ya que todos son muy abiertos y están predispuestos a ser filmados. Incluso nos ha pasado que había gente que cuando nos veía caminando con las cámaras, nos decía: “y a mí cuándo me van a venir a filmar”. Con decirte que hasta filmamos un entierro real…

-El final de la película –la fiesta del lugar-, como alegoría del encuentro intercultural e interreligioso, ¿estaba pautado o surgió de las jornadas de filmación?

M. La fiesta se realiza cada año en Moisés Ville. En el documental aparece la décima edición de la misma, celebrando los 125 años del pueblo. Nos parecía muy importante filmar este momento y en la estructura del documental, si bien la fiesta llega sobre el final del mismo, hay varias escenas previas que van siendo una sucesión de informaciones sobre el evento que se avecina.

El nombre actual de la fiesta no fue siempre así, pero hubo festejos en el pueblo bajo otras nomenclaturas: Ingue narra acontecimientos del Centenario (con profunda nostalgia), una escena que nos gusta mucho porque deja muy claro qué fue sucediendo con el judaísmo en el pueblo (la gente “se murió”, dice él en la entrevista). Como todos los pueblos, cada uno tiene una fiesta (la elección de la Reina de la Integración Cultural, cuando el locutor va diciendo los reinados conquistados por las participantes, pone esto en evidencia). Como anécdota, el jurado de las reinas de Buenos Aires no asistió al evento, entonces fui yo en su remplazo. Fue una experiencia interesante, dado que como porteños no somos consientes de lo que estas fiestas representan para le gente local, y menos lo que significa para una chica de 15 o 16 años ser Reina.

-¿Qué elementos que aparecieron en la versión final no estaban buscados originalmente?

M. En este sentido, fuimos bastante fieles al guión. La idea era mostrar un mundo judaico, interceptado por un mundo no judaico y como corolario llegar a la fiesta, en donde estaban todos. Entonces fuimos a la búsqueda de esto, de ir “llenando” la estructura con escenas pertinentes en cada caso.

I. Aún así, hubo sorpresas. Por ejemplo, nos pasó que filmamos a Ingue viendo la tele, como parte de su vida cotidiana, y cuando encendimos el aparato y él hizo un poco de zapping, apareció Tato Bores. Eso nos permitió resignificar la escena incorporando luego un fragmento de una entrevista que yo le había hecho a Raanan Rein, un investigador muy reputado, en Tel Aviv, y así construir discurso.

-Haber filmado en el lugar virtualmente nació el judaísmo en la Argentina, ¿les cambió el eje de sus creencias religiosas?

M. En mi caso, no, para nada. Siempre fui una judía agnóstica y el paso por Moises Ville no me modificó en este sentido.

I. No, en absoluto. Te diría que el judaísmo, en su versión Moisés Ville, es más bien étnico que religioso: la gastronomía, el proceso migratorio, los apellidos, la llegada de refugiados alemanes en los treinta, y luego la partida de muchos sionistas a Israel en torno al ‘48, son todas cuestiones que lo conectan a uno con la cultura y con la historia judía. Allí la religiosidad es más bien moderada.

-¿La presencia del asado es un guiño para los de la cole? ¿Es carne casher* o taref**? 

M. El asado es uno de los clichés más honorables de la argentinidad. Y el documental no sólo trata sobre judaísmo, también es la historia de uno de los tantos pueblos del interior de Argentina que supo ser de una forma y en los que, por los avances tecnológicos y los cambios neoliberales, sus pobladores tuvieron que salir a las ciudades a ganarse la vida, a estudiar, a crecer profesionalmente.

La carne no es casher: Ingue (el asador) era un judío de tradiciones y nostalgias, pero no religioso.

I. Te digo más: ese asado Ingue lo hizo para nosotros, el equipo de filmación. Sol, la camarógrafa, tuvo la ocurrencia de encender la cámara, cosa que luego, en el montaje, nos vino muy bien.

Norberto Chab

*: Palabra de origen sefaradí (kosher, en el origen ashkenazí). Adjetivo que significa “permitido”: que cumple con las leyes de la Torá y el Talmud. Para que la carne de vaca sea considerada casher hay que tener en cuenta el tipo de muerte que recibe, la preparación y la cocción.

**: Por oposición, aquello que está prohibido.

Julia Montesoro

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