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Hugo Curletto estrena «La casa del eco»: «Me gusta pensar en la importancia de lo no dicho»

El jueves 18 se estrena “La casa del eco”, ópera prima del cineasta cordobés Hugo Curletto, protagonizada por Gerardo Ottero, Guadalupe Docampo, Pablo Tolosa y la niña Gina Cavagna.

Se trata de un thriller psicológico en el que un arquitecto, que padece un singular trastorno del sueño que vuelve difusos los límites de su realidad, decide emprender un viaje al corazón de la montaña con su esposa, en búsqueda de un lugar perdido que tal vez ni siquiera exista.

Realizador audiovisual en cine, teatro, televisión y radio, Curletto fue director de los cortometrajes “Lobo está” (ganador del premio “Mejor Cortometraje Ficción” en el 1er Festival Latinoamericano de Cine de la UNSAM. Ganador del premio Mejor Montaje, Mejor Ficción y Mejor Película en la 17° edición del FAM, Florianópolis Audiovisual Mercosur) y “El imperio de los colores” (ganador de los premios a Mejor Documental en el 4° Festival Internacional de Cortometrajes “Mirada en Cortos”, Pcia. de Entre Ríos, en el 2° Festival de cine documental “Pizza, Birra y Cortos”, Pcia. de Santa Fe, y mención especial a la mejor fotografía en el Fenavid de Bolivia) y asistente de dirección de los largometrajes “Cuadros en la oscuridad”, de Paula Marcovitch y “Vigilia en agosto”, de Luis María Mercado.
GPS audiovisual dialogó con Hugo Curletto.

-¿En qué momento apareció el proyecto? ¿Cuánto demoró entre la escritura del guión y la realización del mismo?

Entre el guión y el rodaje pasaron casi cuatro años. Fue un desafío sostener el deseo a través del tiempo: claramente, la cabeza cambia. Fue un proceso muy largo, y cuando estuve en condiciones de filmarlo, me di cuenta de que tenía que reescribir la historia para mantenerla viva. Y también para que yo mismo tuviera vivo el deseo.

-¿Cómo fue el proceso de búsqueda de los cuatro actores centrales? ¿A quién de ellos conocías? ¿Cómo apareció la nena, y por qué además debía ser acróbata?

Guada (Guadalupe Docampo) estuvo en el inicio del proyecto, a partir de la presentación en el Instituto (INCAA). Con Gerardo Ottero fue diferente: no lo conocía, pero cuando estábamos en la búsqueda, en la primera charla que tuvimos sentí que tenía que ser él. Con Pablo (Tolosa) habíamos trabajado juntos en algunas cosas. Siento gran confianza en su laburo. Con respecto al personaje de Helena, necesitaba antes que nada alguien que tuviera ciertos conocimientos de gimnasia. Ella representa el movimiento de la película, lo que no se detiene y está ahí, latente. Así apareció Gina (Cavagna), que en la primera prueba de cámara me cautivó con la mirada. Fue un flash.

-¿Cuál es la parte autorreferencial o autobiográfica de la película?

Es imposible escribir, filmar, contar una historia sin que emerja la propia historia, los propios fantasmas. La escritura es una operación compleja, fascinante, en la que se trabaja con la mentira y la verdad. Lo que tiene de autorreferencial la película es la existencia de un sitio incógnito en la montaña al que mi padre nunca pudo o nunca quiso llegar, y que de alguna manera fue el disparador a la hora de escribir esta historia. El resto es mentira, aunque toda mentira contiene algo de verdad también.

-Es una película de silencios y de pocas palabras. ¿Cómo trabajaste sobre los actores para lograr esa economía expresiva?

Me gusta pensar en la importancia de lo no dicho. En ese sentido es una película sobria, de pocos diálogos. Aparece el concepto de vacío, de la ausencia de palabra. Cuando los actores leyeron el guión entendieron que la película estaba no solo en lo que se contaba, sino en lo que dejaba por fuera. Fue muy importante y enriquecedor el trabajo de mesa, donde se define y debate cuál es el objetivo de cada escena, y qué es lo que cuenta y lo que no.

  • ¿Remite a algún director o a alguna película en general? ¿Qué influencias reconocés?  

Si tuviera que ubicar un referente, podría nombrar a “El aura”, de Fabián Bielinsky o “Reconstrucción de un amor”, de Christoffer Boe. También  a algunas películas de David Lynch. No hay claramente un punto de encuentro, pero tiene que ver con este tono que la película propone, con atmósferas. Con un dispositivo de relato fragmentado, en donde la visión entre sueño y vigilia se torna difusa.

-¿Qué es el “trastorno del sueño”?

El trastorno que padece Alejo no existe. Pero de alguna manera, dialoga con su característica narcisista.

-Se diría que el bosque es el quinto protagonista. ¿Qué rol juega en el relato?

Es un escenario incómodo y hostil para Alejo, que se vuelve enrarecido, independientemente de que trascurra entre sueño o realidad.

-¿Es una película sobre la soledad?

Sí, pero también sobre la fragilidad de los vínculos. En ese escenario, el deseo de ser padre aparece como un conflicto.

– Después de ver la película terminada, ¿tenés ganas de parar y ver su evolución o tenés algo preparado para seguir filmando inmediatamente?

Me interesa mostrar el trabajo y llegar al otro, proponerle una experiencia distinta. Quiero saber cuál es su devolución. En paralelo, estoy trabajando en un guión que ganó un premio de desarrollo de proyecto.

 

Norberto Chab

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