María Alché y Benjamín Naishtat estrenaron «Pedro en el país» en San Sebastián: «El cine tiene el don de documentar y trabajar la evocación»

María Alché y Benjamín Naishtat estrenaron mundialmente el documental Pedro en el país en el Festival de San Sebastián. La película retrata a Pedro Catella, hijo de la poeta y militante Alicia Eguren e hijastro de John William Cooke, cuya vida atraviesa el golpe de 1955, la revolución cubana, el exilio y la represión en Argentina.

Tras una primera experiencia conjunta como codirectores con Puan (ficción, presentada en 2023 en este mismo festival), emprenden nuevamente la colaboración a cuatro manos, en un emprendimiento autogestivo, con recursos acotados (de Argentina y también de Noruega) que contribuyeron a concluir el proyecto.

El Festival de San Sebastián acogió la premiere mundial de Pedro en el país. Yendo al origen, ¿cómo se encontraron con este proyecto?

María: Nuestra primera aproximación fue a través del hijo de una amiga nuestra que estaba en ese momento en una agrupación que le pusieron “La Alicia Eguren”, porque estaban estudiando con Miguel Mazzeo, autor del libro biográfico sobre Alicia Eguren, “Alicia en el país”. Compré ese libro porque estaba interesada también en algunos temas que me parecía que podía encontrar. Y lo que encontré en ese libro es que aparecen fragmentos de las cartas que se mandan ella y John William Cooke cuando están ambos en distintos penales. Es una historia de amor que va creciendo a través de la correspondencia y que en la realidad nunca se concretó, porque prácticamente no compartieron más que una tarde juntos. No solo eso nos pareció muy especial: también lo era la forma apasionada en la que se escribían. Hablaban de política, del amor, del tipo de amor que querían tener, de un montón de detalles domésticos y de galanterías para conquistarse. Todo con una prosa que ya no estamos acostumbrados a escuchar hablar a alguien o escribir. Esa correspondencia, que se conoció recién en el 2016, era como tenerlos presente. Ahí nos copamos con la idea inicial de hacer una ficción.

-¿Cómo se convencieron de que sería un documental?

María: Investigando para esta posible ficción conocimos a Pedro Catella, el hijo de Alicia e hijastro de John, que vive en México, en la Villa Olímpica. A partir de ahí se impuso otra película con él como figura principal.

-La película casi no incluye material de archivo y se centra en su figura. ¿Qué los llevó a tomar esa decisión?

Benjamín: Antes que nada, porque él tiene una capacidad oratoria descomunal. Eso es algo que está un poco en extinción. Es una oratoria capaz de proyectar no solamente imágenes, sino sensaciones vívidas de la experiencia. Y el cine también tiene ese don de poder documentar, de trabajar la evocación. Y así como es interesante sentarse a veces a que alguien te cuente su vida, puede haber una película que sea eso: sentarte y escuchar una vida y hacer ese trabajo mental de sintetizar las imágenes por vos mismo. Justamente buscamos lograr eso en esta era del frenesí de la imagen generativa, donde hay una especie de fascinación por lo generativo sintético en medio de una capacidad ya inherente al humano, que es la de escuchar un relato y producirlo dentro de la subjetividad de cada cual.

-¿Sabían de antemano quién era Pedro y qué buscaban de él?

Benjamín: Fue una apuesta. Porque una cosa es hablar a pelo, en una casa y otra es que te pongan una cámara, un micrófono y un equipo de extraños. Había una parte de incerteza en la propuesta. Pero construimos un clima de trabajo muy íntimo, en el cual él se desenvolvió y nos compartió sus vivencias de forma muy natural.

María: De todas formas, cuando llegamos finalmente con las cámaras y con el pequeño equipo que éramos a filmarlo, tampoco teníamos la certeza de que iba a conversar todo lo que nos contó. Hubo muchas cosas que se habían conversado en la intimidad antes y por suerte, evidentemente tenía muchas ganas de contarlas y de dar cuenta de su parte de la historia. Fue muy emocionante que una persona como él se haya abiero con su vida íntima de esa forma y nos haya regalado este testimonio.

-En el montaje final, ese testimonio también requirió de una decisión quirúrgica por parte de ustedes. ¿Qué lamentaron que haya quedado afuera?

María: La etapa del montaje fue de muchas discusiones entre Nubia Campos, que es la montajista, Benja y yo. Al principio, Pedro hablaba mucho de la vida de Alicia antes del 55 y antes de conocer a John. O contaba anécdotas de Pedro con John en París. Pero abarcar todo era imposible: la historia se desbordaba por todos lados. Por eso decidimos hacer una película concisa.

-Además del libro y de este testimonio, ¿realizaron su propia investigación?

Benjamín: Hicimos una investigación histórica en cuanto a las vidas de John William Cooke y Alicia Eguren, que son personajes tal vez secundarios, pero más propios de una historiografía. Después, la vida de Pedro es un orden más desconocido, una incógnita. Ahí creo que hay grandes dosis de subjetividad en el relato. Pero también hay una especie de verdad emotiva que emana de su presencia en cámara. Y eso nos cautivó. El espectador tiene que ver la película con esa clave.

-Al dejar fluir esa reconstrucción histórica, ¿asumieron el riesgo de que la memoria pueda traicionar los hechos tal como fueron?

María: Sí. A veces, uno pudo detectar que Pedro contó anécdotas como si hubiera estado, pero que se las contó Alicia de una determinada manera y él las repitió como ella se las había contado. Hay varias operatorias de distintas maneras de narrar, como lo que él vive en forma directa, que lo cuenta con mucha emoción. Hubo algo en el montaje que priorizamos mucho: incluimos todo aquello que Pedro contaba desde la emotividad y de haber estado muy próximo. A veces nos pasaba que llegábamos a la jornada de rodaje y él empezaba a hablar del contexto actual, de política; es una persona apasionante hablando de muchos temas. Hicimos una selección para poner el foco en las grandes cosas donde él estaba tocado en primera persona y en algunas otras, no tanto él, pero sí Alicia o John. Esa trinidad es la que organiza esta memoria.

Benjamín: En ese sentido, esta es una de esas películas que fue escrita en gran medida en el montaje. Y ahí todo el crédito es para Nubia Campos Vieira, que tomó la ardua tarea de compaginar este material.

María: Muchas veces discutíamos frase a frase qué dejar, porque Benjamín estaba muy preocupado por que no cayera la atención del espectador. Nosotras teníamos mucho gusto por algunos recovecos de las palabras. Fue un montaje con muchas discusiones palabra a palabra para llegar a algo preciso.

-Es la primera vez que asumen el rol de productores. ¿Qué cambios implicó esto para ustedes?

María: Pudimos asumir ese rol porque era una película conformada por un equipo muy pequeño que trabajó en un departamento de Pedro y con algunas imágenes en Ciudad de México. Pensamos una película posible para producir nosotros. O tal vez la película nos pedía esa estructura.

Benjamín: Tuvimos libertad por el cine que hacemos nosotros, pero más que libertad tuvimos más responsabilidad y más trabajo.

-¿Qué reacciones recogieron en el festival?

María: Me sorprendo de que la gente se conmueva con la película, porque es una apuesta grande, hecha con una sola persona. Hay algo de lo austero frente a la ficción donde uno apuesta por el sostén de algo que se va contruyendo con otro mecanismo, como sacar a relucir las músicas.

Benjamín: Como historia no sabíamos si íbamos a poder circular fuera del país. Y está pasando. Eso nos da una gran alegría.

Julia Montesoro / Desde el Festival de San Sebastián

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