Matías Italo Scarvaci llegará por primera vez al Festival de San Sebastián -que comienza el viernes 18-, para presentar su cuarto largometraje, La cuestión criminal, en la sección WIP Latam. Protagonizado por Marcelo Subiotto, se plantea como un juego de espejos entre un jurado popular y uno paralelo que debe decidir sobre un caso de homicidio. Un actor (Subiotto) y un grupo de ciudadanos son incorporados de incógnito para integrar un jurado paralelo que delibera, en simultáneo con el jurado oficial, sobre un caso de homicidio. Dos procesos idénticos, un mismo acusado y veredictos divergentes revelan la justicia como una construcción colectiva, frágil y en disputa.
-¿De dónde surge La cuestión criminal y cuál fue la primera situación o pregunta que te llevó a pensar en la posibilidad de hacer una película?
Antes de ser director, tuve formación de actor: trabajé muchos años con Ricardo Bartís. Pero también soy abogado y mediador. Y trabajé en contextos de encierro como mediador penitenciario, facilitando el diálogo entre jóvenes detenidos en Marcos Paz y los guardiacárceles. Mis películas anteriores también están vinculadas al sistema penal y al judicial, intentando aportar una mirada distinta o una fuga a la idea de justicia y a la injusticia también: a cómo se administra justicia, a la posibilidad del acceso a la verdad. Esta película es una consecuencia de aquellas que vengo haciendo. La singularidad que tiene ésta es que se trata de un híbrido que contiene documento y ficción.
-Ese híbrido tiene que ver con el protagonista, un joven diagnosticado con esquizofrenia y acusado de asesinar a su padrastro. ¿Cómo abordaste una historia atravesada por este tema?
La película es sobre un juicio por jurados. La referencia mayor que tenemos son las películas de Estados Unidos, en donde a un jurado popular le llega la citación para ser juez por un día de un caso de homicidio. Así funciona en la Argentina. Y así fue como me llegó la posibilidad de filmar este juicio por jurados de un chico esquizofrénico que, según su relato, mata a su padrastro para defenderse él y a la vez, a su madre. Este juicio sucedió en La Matanza en el 2024. A partir de esta situación, me permitieron acceder por diferentes acuerdos con la Asociación Argentina de Juicio por Jurados y con diferentes instituciones… A mí me interesaba filmar el jurado popular y jurado real, que por cuestiones legales no puede ser filmado. Pero me permitieron introducir un jurado paralelo conformado por gente de mi entorno que participa del mismo modo que el jurado. En los dos casos asisten a las pruebas, a los testigos y deliberan en tiempo real. Y ése es el dispositivo de la película. Dentro de esos doce jurados está Marcelo Subiotto, el único que compone un rol por fuera de la sala de deliberación. Allí es un jurado más.
-¿Por qué necesitaste incorporar a un actor?
Me interesaban dos preguntas. Primero, qué le pasa a un hombre común cuando le llega la citación para ser juez en un caso de homicidio -que tiene una pena de 8 a 25 años-, con todo lo que ello implica. Por otro lado, ¿cuántas justicias existen? Introducir a un actor y contar una historia tiene que ver con responder a esa pregunta. Así, todo el tiempo hay una yuxtaposición entre el documental y la ficción.
-Ese jurado paralelo que creaste para esta situación es el dispositivo cinematográfico, porque la ley no permite filmar al jurado real.
Claro. En la película aparece el juicio real y dentro del mismo está inserto mi jurado paralelo, pero a los ojos del espectador no se sabe cuál es cuál porque no se ve. Y por el montaje, pareciera que mi jurado es el real. Es bastante complejo de explicar y de entender.
-Creaste un dispositivo paralelo para sortear la imposibilidad de filmar el juicio real.
Exacto. Me interesaba mucho la deliberación del jurado. Doce hombres en pugna es el paradigma: toda la película es la deliberación. Cuando hablé con las autoridades me dijeron que eso era imposible porque es ilegal. Buscamos alternativas. A la vez, en Corea se estaba dando esta situación de un jurado paralelo porque no se animaban a introducir la modalidad del juicio por jurados. A partir de ahí surge la idea. Y luego aparece la incorporación de Subiotto, con quien nos conocimos como actores en La afinadora de árboles, la película de Natalia Smirnoff.
-Llegás por primera vez a San Sebastián, a la sección del WIP Latam, donde te vas a presenta frente a programadores, posibles coproductores o distribudores. ¿Qué expectativas tenés respecto?
Y… todo lo que acabás de mencionar, por la resonancia de estar en ese espacio que es de mucho prestigio y de mucho interés. Por la posibilidad de que la película pueda circular por este lugar y generar interés con esos actores. Como te decía, vengo de la actuación, entonces también se da la paradoja de que en el mundo de ficción trabajo con no actores. También los personajes que circulan por el mundo de Subiotto -que tiene un dilema moral en relación a su propia vida, al límite entre lo legal y lo ilegal-, son no actores, personas que han circulado por el mundo de la ilegalidad. Allí el tema adquiere diferentes capas de sentido, con la particularidad de que es una construcción de ficción. Si bien vengo de ese territorio, es la primera vez que me animo a construirla. Me genera mucha identificación este lugar al que anhelaba y aunque no lo tenía tan claro, de una manera intuitiva quería llegar a la construcción de ese tipo de cine. En esta película tuve la certeza de que lo estaba logrando y a partir de ahí, apareció esta posibilidad de ir a San Sebastián. Lo siento como una consecuencia de un trabajo de hace muchos años que venimos realizando.
-¿En qué etapa está la película en este momento?
Yo no presenté un corte completo sino un teaser. Justo estábamos preparando el final del rodaje cuando nos confirmaron esta posibilidad. A partir de ahí intensificamos el montaje. Ahora estoy terminando un primer corte. Estamos bastante avanzados. También tenemos coproducción chilena. Había iniciado el proyecto por una decisión personal. En esa instancia filmé la parte documental, todo el juicio. Y a partir de ahí conseguí la coproducción.
En esta instancia estamos trabajando con mucho rigor en relación al lenguaje. La película todo el tiempo tiene el marco de lo real y la ficción tiene que estar a esa altura: lo que no esté así, no puede estar. Por suerte, la ficción viene a alimentar y a nutrir ese espacio documental en la película, así que estamos muy contentos en ese sentido. El trabajo en esta etapa de montaje tiene que ver justamente con eso: lograr que la ficción esté a la altura de lo documental, que venga a nutrirla y a darle brillo. Estamos dedicándonos y ocupándonos de eso.
Julia Montesoro


