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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Santiago Franco, codirector del documental «El partido»: «Buscamos que prevalezca la belleza del juego sobre el horror de la guerra»

Santiago Franco es, junto con Juan Cabral, codirector de El Partido, documental que narra el histórico enfrentamiento futbolístico entre Argentina e Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Con una mirada coral y antropológica, reconstruye los dos goles de Diego Maradona, el contexto histórico de la posguerra de Malvinas y reúne por primera vez a los protagonistas de ambos equipos.

El partido se estrenó mundialmente en el Festival de Cannes, inauguró el pasado viernes 3 el Festival de Karlovy Vary y proféticamente, anticipa un duelo idéntico entre Argentina e Inglaterra, que disputarán una semifinal del Mundial 2026 el miércoles 15.

-¿Cómo se hizo El Partido, qué enfoque eligieron?

Se empezó a pensar a partir de la amistad que me une con Juan Cabral. Y aunque me toque conversar a mí sobre esto, soy la cara de un grupo enorme de gente. La película está basada en el libro homónimo de Andrés Burgo, una crónica de ese 22 de junio de 1986, de ese partido tan conocido entre Argentina e Inglaterra. Juan descubrió el libro, me lo regaló y encauzó la idea de hacer la película.

A priori nos adaptamos a ese texto, porque el relato formal que tiene divide el evento entre antes, durante y después del partido, pero se mantiene dentro de una crónica de ese día. Solo se menciona el marco del Mundial, dando un poco de contexto sobre la guerra y luego, de la repercusión posterior.

-Pasaron de la idea de filmar el libro a proponérselo a Andrés Burgo. ¿Hacia dónde derivó el proyecto?

En una de las primeras charlas con él, surgió una pregunta que nos rondó a todos: ¿cuándo empieza un partido? ¿Cuándo termina? Nosotros formulamos esas dos preguntas en una placa al inicio de la película. A partir de allí empezamos a discutir: ¿cuándo arranca este partido? ¿Cuando se define el cruce de cuartos de final de ese Mundial? ¿Cuatro años antes, con el antecedente conocido y doloroso para nuestra historia que es la Guerra de Malvinas? ¿Un año antes, cuando Maradona sube a un escenario con Freddie Mercury e intercambia camisetas con el ídolo popular inglés? Una cosa impensada después de la guerra, ¿no? Pero sucedió. Incluso, nos remontamos hasta 221 años antes del partido, cuando John Byron llega a las islas y pone una bandera y genera el inicio de un conflicto geopolítico que dura hasta hoy.

-Entre todos esos interrogantes, ¿por dónde decidieron ir?

Narramos una descripción de todos estos temas. La película arranca con esa pregunta y empezamos a hacer ese recorrido. De una manera muy dinámica y rítmica vamos transitando la llegada de Byron al principio, narrado a través de Gary Lineker, el delantero de la selección inglesa que estuvo presente en el partido y fue goleador de ese Mundial. Y del otro lado, con el otro punto de vista, está Jorge Valdano, el futbolista argentino que va narrando todas estas anécdotas. En una de las cosas fundamentales en las primeras charlas que tuvimos con Juan, él mencionó que lo más importante era reunir a ambos equipos. Entendiendo que este año se cumplieron 40 años de aquel Argentina-Inglaterra, de la Mano de Dios y del gol del barrilete cósmico, el gol más grande de la historia. Para los futboleros es casi como una especie de cumpleaños. Dos años atrás nos dimos cuenta de la importancia de la fecha y nos propusimos llegar con la película terminada. Todo se aceleró más cuando tuvimos la gran noticia de que la película iba a estrenarse en Cannes. Eso aceleró más los procesos para terminarla.

-La película utiliza a Jorge Valdano y a Gary Lineker como grandes hilos conductores del relato. ¿Cómo se estructuró? El uso de estos narradores principales para darle, además, una dinámica muy particular.

Cuando uno encara un documental, generalmente piensa que lo principal es obtener primero los testimonios y después estructurar el resto a partir de allí. Nosotros hicimos el camino inverso cuando nos dimos cuenta de que el 40º aniversario estaba muy cercano. Tuvimos un año y monedas de edición: muy poco tiempo para llegar a estrenar en mayo de este año. Con un equipo de edición de cuatro personas, además: arrancamos siendo dos y se sumaron Sebastián Fasanelli y Lucas Coppolecchia. Nos planteamos generar una estructura de archivo. Lo bueno fue que en diciembre pasado, cuando generamos las entrevistas con Lineker, Valdano y los demás jugadores ingleses y argentinos, pudimos mostrarles casi un 70% del material preeditado. Ellos vieron la experiencia en pantallas gigantes y pudieron reaccionar de una manera muy genuina. La interacción que sucede en la película es real. En líneas generales vieron una gran parte de la estructura de la película, sobre todo las secuencias que tienen que ver con el antecedente de la Guerra de Malvinas. No teníamos muy claro cómo iban a reaccionar los ingleses a ese material y eso torna muy genuino lo que sucede. Y la realidad es que las respuestas fueron muy bellas.

-¿Qué tenían de nuevo para decir, cuarenta años después?

Eso es lo primero que nos preguntaban los jugadores cuando iban a hablar. ¿Por qué hacerlo? Gary Lineker, Peter Shilton (que es casi la némesis de Maradona a lo largo de la historia) y John Barnes se preguntaban: «¿por qué me voy a exponer a que dos directores argentinos me hagan preguntas sobre este tema, que es un partido que perdimos y es casi una cicatriz?». Al mostrarles pequeños pedazos de lo que veníamos editando, entendieron que esto es distinto. Al ver, por ejemplo, el episodio de Queen y Diego. O reconocer ciertas cosas del lado argentino que no conocían (y viceversa, los argentinos conociendo un poco el costado inglés). Eso es lo más nutritivo que tiene la propuesta. Para nosotros este es el partido más icónico de la historia y desde el principio teníamos esa premisa; para estar a la altura necesitábamos necesariamente ambos puntos de vista.

-Estos testimonios al ser revisitados hoy adquieren otra dimensión, ¿no es cierto?

Sin dudas. Y en un momento muy particular del mundo. Nos dimos cuenta en Cannes al proyectar la película: la devolución que se dio ahí en una sala de mil personas, donde hay gente de todo el mundo, fue la muestra más genuina que tuvimos de lo que representa el material en sí mismo. Allí no había tanto prejuicio: ni tanta argentinidad ni tanta perspectiva inglesa. Esa era también una de las premisas principales que teníamos con Juan: hacer un documental que exceda lo futbolístico, que no sea como una crónica para un programa de deportes. Y que a su vez también exceda a la argentinidad en sí misma. Que hable de algo que nos atraviesa a todos. Es muy notorio cómo eso se hizo sentir en las devoluciones de los críticos a lo largo de todo el mundo. Tengo el recuerdo muy claro de una periodista alemana en Cannes diciéndome: «Es la primera vez que entiendo qué le pasa a mi marido cuando ve fútbol. Lloré tres veces a lo largo de la película y odio el fútbol». Planteando que el fútbol es uno de los conflictos que tiene con su marido.

-No es la única.

Esas cosas realmente me llaman mucho la atención. Uno no se da cuenta de lo que la película le puede generar a una persona. Pero evidentemente lo que en algún punto nombra, sobre todo hacia el final (sin necesidad de spoilear demasiado por si hay alguien que no la vio), en ese momento borgiano, hay un punto de unión entre dos cosas que parece que no se van a mezclar nunca. Y nos parecía súper interesante intentar que prevalezca la belleza del juego sobre los horrores de la guerra. Eso era un contraste potente. Intentamos que esa mezcla, esa conjunción entre ambas cosas, no fuese forzosa, sino que se diera de una manera natural.

-¿A qué tipo de documentación desconocida o inédita accedieron?

Particularmente con respecto al material específico del día del partido, la mayoría de las cosas están reveladas. Pero no había previamente un documental específico del partido. Y nosotros vimos muchos footages de ángulos no vistos previamente, de jugadas que mucha gente desconoce. Una de ellas es un evento que conocido es «la nuca de Dios», un suceso que ocurre hacia el final del partido y que mucha gente no recordaba. Incluso conociendo la historia es llamativo que no sabían que eso había sucedido. Hay materiales específicos de eso. Hay también un ángulo del gol de Diego que no se vio nunca y reacciones de jugadores al gol que no se habían visto antes.

La posibilidad de dedicar la premisa de tu documental a un partido específico hizo la diferencia. Hay otros documentales que se revisan más que nada desde la óptica de Maradona o de los campeones del mundo. Y se enfocan de una manera más superficial. Entonces no se justifica el gasto que tiene ese material, que de por sí es complejo. En este caso, el valor agregado lo dio el trabajo de nuestro equipo de archivo, lidiando con recursos escasos para que las gestiones se vuelvan posibles.

-Fuera del público futbolero, que es básicamente el que va a sufrir y va a disfrutar mucho con esta película, digo, ¿por qué el documental atrae también a los amantes de la geopolítica, de la historia?

Si bien es un documental deportivo, excede el deporte. Nos interesaba remarcarlo. Los documentales previos que tocan el tema lo hacen de una manera muy superficial. El tema de la guerra para nosotros era fundamental, pero siempre estructurado desde el fútbol y presente a lo largo de la película. Eso no se abandona nunca. Por eso no es caprichosa la unión de ambas cosas. En dos naciones tan futboleras como la inglesa y la argentina hay muchas cosas que parece que van de la mano: desde la invención del fútbol, los ingleses llegando a la Argentina trayéndolo, los intercambios culturales y económicos, los conflictos geopolíticos.

El capítulo de la guerra dura 10 minutos de un total de 91, una duración considerable tratándose de un documental de fútbol. No siento que a priori nosotros hayamos dicho «vamos a darle una ventaja mayor a la historia que al partido en sí mismo». Pero fuimos consecuentes con lo que sentíamos que era necesario para entender un poco de dónde viene esta rivalidad que de alguna manera se cristaliza ese día. Hay un montón de historias que convergen en un punto que es ese 22 de junio en el Estadio Azteca en México. Con un tipo que sale a la cancha con la 10 en la espalda y genera, por un lado, el gol quizás más polémico y pícaro de la historia —como querramos definirlo desde el punto de vista que querramos— y por otro, el gol más increíble de la historia. Y todo eso en el marco de 4 minutos. Es demencial. Quien quiera ver ese partido entero (generalmente eso no pasa porque uno ve los resúmenes) notará cómo se va transformando la energía de una manera increíble. Nosotros intentamos reflejar esos matices, eso que sucedió ahí adentro. Nos pareció importante generar ese diálogo entre lo granular, lo pequeño del detalle, y lo grande, lo gigante: la alineación de planetas, dos historias, dos fuerzas imparables que van a chocar en ese punto. Entendiendo el contexto de la historia, la cantidad de detalles y micro anécdotas que hay alrededor y por supuesto las consecuencias después de eso, en todo sentido: cómo afecta la cultura, cómo afecta incluso a nuestra relación diplomática con ese país.

-Cuarenta años después, en este contexto, frente a otro choque trascendental en un Mundial, ¿Maradona o Messi?

Los dos. No tengo forma de elegir. Podemos hablar dos horas de esto, no le esquivo a la pregunta, me encanta, pero ambos son maravillosos. Los dos tienen un arco narrativo muy atractivo en sus historias personales que excede lo futbolístico. Eso me encanta. Al principio parecía que Messi no tanto comparándolo con Diego, que es como un personaje casi increíble, con una cantidad de facetas descomunal. Pero Messi conmueve a muchos niveles. Lo que me encanta es entender al fútbol como un espacio de proyección. Estos dos tipos en particular tienen la capacidad de representar lo que nosotros querramos. Los dos van transitando al inconciente colectivo: si querés los podés odiar, los podés amar, los podés idolatrar. Lo que sea que te ocurra, ellos pueden recibir esa energía y magnificarla.

Julia Montesoro

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