Juan Antonio Vigar, director del Festival de Málaga, integró este año el jurado que otorgó el Premio Transforma Make a Mark del Festival de San Sebastián a Tender Loving Care, del cineasta británico Mike Leigh. El reconocimiento destaca el papel del cine como motor de cambio social, resaltando el trabajo de creadores y cineastas cuyas obras demuestren un firme compromiso con la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y sostenible.
Su participación en el certamen donostiarra permitió conocer algo más de lo que se avecina en el trigésimo Festival de Málaga, que se celebrará entre el 26 de febrero y el 7 de marzo de 2027.
-Participaste en San Sebastián como integrante del jurado del nuevo premio Transforma Make and Mark. ¿Qué te interesó de la propuesta y qué significa estar en un festival siendo vos mismo director de otro certamen?
La razón por la que estoy en este jurado es muy simple: Make and Mark es patrocinador también del Festival de Málaga. Es un patrocinador que ambos festivales tenemos y entonces se planteó, tanto por el patrocinador como por nosotros, hacer un proyecto conjunto en los dos festivales. Este proyecto, como bien sabes, trata de cinco películas que inciden un poco en los valores y en el desarrollo de la sociedad actual. Y qué mejor forma de darle visibilidad a esa relación que yo pudiera también integrarme dentro del jurado. José Luis me lo planteó, yo le dije que encantado y aquí estoy. Pero no es la primera vez que soy jurado en San Sebastián, porque ya gracias a la generosidad de José Luis hace unos años estuve de jurado de Horizontes Latinos, que fue también una experiencia maravillosa. De hecho, aquí volví a encontrarme con Meritxell Colell, que fue presidenta de ese jurado y recordamos con mucho cariño ese momento.
Vivir eso en un festival que no es el tuyo se vive de otra manera. Porque estoy en la organización de un festival porque me gusta mucho el cine. Y poder disfrutar aquí de las películas, debatir con otros, intercambiar puntos de vista, es muy enriquecedor.
-Algo que en Málaga prácticamente no podés hacer por todas las actividades que despliegan.
Imposible en Málaga. La agenda diaria imposibilita cualquier momento de descanso, de disfrute, más allá del disfrute general de poder ver que todo funciona bien y que el festival marche adelante.
-¿Qué te llevás o qué observás de San Sebastián que se pueda aplicar en Málaga?
San Sebastián es un festival extraordinario. Confieso que tengo admiración por el trabajo profesional que hace su equipo y evidentemente también por una relación personal de afecto y de amistad con José Luis Rebordinos. Creo que de San Sebastián hay muchas cosas que todos podemos aprender porque es un festival que tiene 74 años; por lo tanto, tiene el recorrido que te da la experiencia y el haber transitado por muchos problemas y darle soluciones.
Más que buscar un espejo -porque creo que somos festivales que tenemos un objetivo diferencial, porque este es un festival internacional de carácter general y nosotros somos un festival de ámbito iberoamericano-, lo que hemos buscado desde siempre José Luis y yo es la complementariedad. Creo que no hay nada más enriquecedor que eso. Nos situamos en dos momentos equidistantes en el tiempo dentro del año: primavera, marzo; septiembre, el inicio del otoño. Son seis meses y seis meses. Con lo cual en el trabajo complementario hemos podido crear un nuevo paradigma de la distribución y la exhibición de cine español y en español aquí en España.
Antes, la mayoría de las películas que salían de San Sebastián iban a estrenarse en otoño y se producía un gran embudo, un cuello de botella que impedía que pudieran comercializarse de una manera eficiente. Y ahora hemos seguido casi una política de Estado, porque el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) y el Ministerio apoyan mucho esta complementariedad. De tal modo que conseguimos tener dos ventanas cualificadas, dos canales diferenciados en el año, que hacen que el cine español se pueda estrenar de un modo más razonable y pueda respirar mejor a la hora de llegar a la cartelera y no competir con sus iguales.
Y eso es fruto del trabajo en común, al margen de que tenemos un proyecto de internacionalización del cine español en Buenos Aires y también en Montevideo. Y estamos cerrando este año y muy ilusionados, porque parece que vamos a poder conseguir reeditar el proyecto MASS, que se hace entre finales de noviembre y principios de diciembre y que es otra muestra más de que los festivales podemos ser más ambiciosos en los objetivos y en los resultados cuando colaboramos, cuando nos complementamos, cuando sumamos.
-La segunda edición de MASS, que fue el año pasado en Buenos Aires, reflejó un crecimiento en cuanto a la audiencia con relación al primer año. En este sentido, ¿cómo imaginás que puede llegar a ser esta edición?
Nosotros este año estamos muy ilusionados porque contamos con un apoyo decidido del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Gabriela Ricardes (Ministra de Cultura de CABA) ya nos ha manifestado su deseo de apoyar abiertamente este proyecto. Eso se traduce no solo en un soporte logístico y económico, sino también en una difusión más amplia, más generalizada hacia el público y hacia la cultura en Argentina. Y es verdad, como tú dices, que el año pasado ya notamos un sustancial incremento de espectadores. Este año tenemos la ilusión de que todavía crezca más y que al final esto se convierta en un pequeño evento que conecta al aficionado, al público y a la industria argentina con el cine español.
-Lo hemos hablado en otras oportunidades, pero está bueno recordarlo, que las pantallas son muy pocas para el cine español en Argentina. No sé si esto ocurre en toda Iberoamérica.
Creo que es un caso generalizado. El cine iberoamericano en general se distribuye mal en su propio territorio de referencia. Pero es cierto que el cine español, que es un cine muy bien posicionado desde hace unos años para acá —no quiero referirme al último Festival de Cannes, donde tuvimos tres películas españolas notables— tiene una vocación de internacionalización bastante grande. Nosotros en ese sentido, al querer ser útiles a esa industria, hemos abierto este canal que despierta mucho interés también en el sector. Yo estoy ya trabajando con las películas de este año y cuando les planteo a las directoras o a los productores esta iniciativa, les ilusiona mucho y están dispuestos a ir.
Y luego nos encontramos con un público muy interesado, muy receptivo en el cine, que independientemente del número de espectadores -que digo que queremos que crezca mucho- está muy interesado en lo que se hace en España. Y no es un cine que pueda llegar allí con frecuencia. Entonces nosotros hacemos como de embajadores. Se ha dado la circunstancia en Uruguay el año pasado que una de las películas que nosotros llevamos, luego la Cinemateca Uruguaya la contrató para llevarla durante un período a su programación anual. Es una manera de seguir fomentando el conocimiento y la difusión del cine español en dos países tan cercanos a nosotros.
-Estamos a seis meses de una nueva edición del trigesimo Festival de Málaga. Un número redondo, que plantea el desafío de programar una edición especial. ¿Qué hay ya para anticipar y qué está en camino de generarse?
Siempre he dicho que la trigésima edición, por el número que es, tiene que contener dos líneas de trabajo. Por un lado debe ser celebrativa de lo que hemos hecho, que creo que merece mucho la pena: no solo llevamos 30 años con el festival, sino que llevamos ya también una cifra redonda; 10 años con el área de industria, 10 años con el abrazo al cine iberoamericano. Celebrativa de todo eso. En ese sentido, vamos a hacer cosas que pongan en valor todo lo que fue.
Y por otro lado, indagadora. Creo que un festival hoy -y siempre- tiene que estar muy pendiente de la evolución de su sector de referencia. Nosotros necesitamos saber qué quiere el sector en cada momento, cuáles son sus necesidades para poder, desde la idea de serles útiles, ir adaptándonos y evolucionando hacia eso. Los festivales tienen un papel bastante determinante en este momento en la industria audiovisual y seguirá siendo así. Pero necesariamente desde un proceso de adaptación y evolución que nos lleve a poder escribir en mayúsculas ese concepto de utilidad. Necesitamos saber cuál va a ser nuestra identidad, cuál va a ser nuestra utilidad y por lo tanto cuál va a ser nuestro futuro.
Y esas dos cosas son las dos grandes líneas de trabajo con las que se va a vertebrar la trigésima edición, además de otra serie de cuestiones que ya iremos desgranando y que mi equipo de comunicación, a quienes tú bien conocés, no me dejan que tan pronto pueda daros primicias. Pero para no enfadarles te pongo puntos suspensivos y si nos vemos ya en Buenos Aires, que confío que sea así, a lo mejor te puedo contar algo más.
-El vínculo con la industria es un área que Málaga fortaleció considerablemente. En ese aspecto, ¿cuáles son los temas que te ocupan para desarrollar en ese sector?
Nosotros hace diez años exactamente nos planteamos que si somos un festival exhibidor de películas pues está muy bien, pero que para ser útiles —siempre reitero esta expresión— necesitábamos dotarnos de un músculo de industria importante que le sirviera realmente a la industria. Y empezamos a trabajar en esa dirección.
Hemos ido desde la construcción de un mercado, llamemos más o menos convencional -que es nuestro Industry Club- a nuestros Spanish Screenings, donde reunimos a compradores, agentes de ventas, a festivales, a todos los subsectores del audiovisual. Además, hemos empezado a desarrollar una serie de acciones que van dirigidas a cómo la tecnología, que hoy por hoy es nuestra preocupación y ocupación más importante, está incidiendo en el audiovisual y cómo va a determinar su evolución futura. Porque todos somos conscientes que este sector no es que esté en evolución, está en auténtica revolución y tenemos que atender un poco a dónde estamos y a dónde vamos. Por eso nosotros hemos trabajado siempre este aspecto por dos líneas también de trabajo diferenciales. Una, acercarnos al talento emergente, a los creadores de contenidos digitales a través del Hack, generando con ellos una amplia comunidad a la cual estamos alimentando con actividades todo el año para que se sientan partícipes del festival y a la vez sean indicadores para nosotros de hacia dónde caminar. De hecho, se está cerrando (aunque todavía no se puede dar de modo oficial) un acuerdo con una importante universidad para dar unas credenciales a través de una propuesta de cursos y demás para que esa comunidad crezca y sea como la punta de lanza de ese proceso de reencontrarnos en el futuro. Y, por otro lado, nosotros hacemos que dialogue la tecnología con el audiovisual en un espacio físico concreto: le llamamos la Villa del Mar porque está al borde del mar Mediterráneo, en un sitio precioso donde se puede hablar de todo esto desde la armonía de ese espacio y desde la voluntad de encuentro y crecimiento.
Por lo tanto, desde ese escenario que nos conecta con un presente continuo que nos va a llevar a un futuro inmediato, es donde la industria está cobrando un especial sentido. Atendemos al sector a través de actividades más clásicas, como puede ser el mercado, los Work in Progress o el laboratorio, pero por otro lado queremos estar expectantes y poner oídos a lo que dice la tecnología y los nuevos creadores de contenidos digitales, y eso está enriqueciendo mucho nuestro sector de industria.
-A partir de lo que comentas y de tu propia experiencia, ¿hay una influencia de estas nuevas tecnologías en el cine, especialmente de la inteligencia artificial?
Sin dudas. La inteligencia artificial no es algo que está por venir: es algo con lo que ya convivimos hace bastante tiempo. El sector ha utilizado la inteligencia artificial en labores técnicas desde hace ya bastante tiempo. Esto está impregnando muchas otras situaciones que hasta ahora no eran previsibles. En un acto reciente donde se cumplían 20 años de El camino de los ingleses, una película que dirigió Antonio Banderas, él nos contaba a nosotros, al público y a los medios, que le habían hecho una propuesta para que cediera su imagen para hacer una réplica de inteligencia artificial que interpretara una determinada película. Es decir, estamos llegando ya a esa situación de que los actores pueden no aparecer en películas, sino a través de réplicas realizadas por inteligencia artificial; eso sí, previa firma de contratos y derechos. Con este pequeño dato te sitúo en la realidad en la que estamos.
Una cosa es el valor que la inteligencia artificial tiene para la tecnología y otra es que termine suplantando a la parte creativa. Eso es lo que no queremos ni nosotros ni creo que nadie. Por eso nosotros necesitamos saber a la hora de la descripción de las películas, siguiendo un poco la línea de la Academia de Cine Española, qué partes de la película se han hecho con inteligencia artificial: si el guion, si la parte técnica, si hay recreaciones de efectos especiales o posproducción. Porque el porcentaje de inteligencia artificial dentro de una película para nosotros es un condicionante para considerarla película de competencia oficial. Queremos cuidar mucho al creador. La inteligencia artificial es muy interesante para muchas cosas, pero hemos empezado a temerla ya. Y no solo nosotros; ya estáis viendo cómo las grandes corporaciones están ralentizando el crecimiento de la inteligencia artificial generativa porque ya se están produciendo fugas para desarrollar cuestiones que no se les han planteado y que están fuera del control de quienes las están entrenando.
De hecho, recientemente dos inteligencias artificiales diferentes se han coaligado para generar un proyecto autónomo. Es decir, empezamos a darnos cuenta de que es un camino complejo el que estamos recorriendo y lleno de mucha inquietud respecto a cómo va a ser a corto y medio plazo. Por eso se está trabajando ya por las grandes corporaciones en ralentizar el crecimiento de la inteligencia artificial.
Vengo del mundo de la ciencia y creo que todo lo que viene de allí es interesante a priori. Pero hay que saber evaluar en cada momento hasta dónde debemos llegar y cómo debemos hacerlo. De momento, para nosotros la gran virtud de las películas está en sus creadores, personas que escriben unos maravillosos guiones, que dirigen las películas con mucha solvencia, que las interpretan desde su propia fisicidad. Todo eso lo queremos preservar hasta que más o menos veamos cuál es el futuro a corto y medio plazo.
-Eso es el cine en definitiva: los creadores.
Eso es el cine. Eso es el cine y eso es lo que queremos la gente que amamos el cine: que se sigan contando historias, que no sean réplicas realizadas por máquinas que en un momento determinado lo único que hacen es sumar contenidos para extractar ideas. Las ideas tienen que tener alma y corazón. Las ideas deben tener pasión. Y eso es difícil que se pueda producir en estos momentos a través de la inteligencia artificial. Yo no sé si tú estás acostumbrada a recibir informes de gente con la que trabajás o gente que se dirige a ti, a mí me pasa igual, y cuando me llega un documento lo miro y digo: «Esto está hecho con inteligencia artificial». Porque tiene una misma estructura, unos mismos enfoques, una misma nomenclatura y literatura. Y si eso lo llevamos al cine, pues tendremos unas ideas y unas películas mil veces replicadas, pero carentes de vida y de emoción.
Julia Montesoro / Desde el Festival de San Sebastián


