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Todo el cine y la producción audiovisual argentina en un solo sitio

DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Santiago Loza publicó su nuevo libro «Diario inconsciente»: «La memoria construye ficción»

Santiago Loza publicó Diario inconsciente, un autorretrato ficcionado sobre su mirada del mundo y sus crisis emocionales cuando solo tenía 20 años. En el borde entre la literatura y el cine, el realizador y escritor cordobés venía de presentar en noviembre último su más reciente película, Amigas en un camino de campo, en el Festival de Cine de Mar del Plata. Sus proyectos están vinculados con la escritura: en 2023 tiene planificado presentar dos libros más; uno de ellos, una novela.

“Diario inconsciente está corrido del caso clínico –expresa Loza-. Se puede leer con cierto humor y con cierta poesía. Por supuesto que tiene un anclaje con lo real, pero es ficción. La memoria construye ficción”.

El libro además sirvió como presentación en sociedad de Bosque Energético, editorial de Andrés Gallina y Eugenia Pérez Tomas, dedicada a la publicación de diarios íntimos, autorretratos, cuadernos de artistas, bitácoras de viaje, micrografías, novelas camufladas en diarios y falsos diarios.

-Publicar un diario íntimo es antes que nada un acto de valentía, porque trata de exponer públicamente temas privados y sensibles, aunque ficcionalizados. ¿Qué te decidió a llevarlo al formato de libro?

Al comienzo fue una propuesta de los responsables de Bosque Energético, que me acompañaron mucho desde la edición. Sentí que había tomado distancia y que podía hacer ciertas operaciones artísticas sobre eso que había vivido. No era la confesión por la confesión misma, porque no me interesaba, sino un tipo de relato que tenía que ver más con cierta búsqueda de lucidez o de comprensión.

-Cumpliste 50 años en plena pandemia, en 2021 y el libro fue tomando cuerpo en ese momento. ¿Tiene que ver con el confinamiento, con la posibilidad de más tiempo ocioso para pensar en uno mismo o en un balance?

En parte sí. La escritura es mi actividad permanente. Ese aquietamiento que quizás tuvo que ver con el tiempo de la pandemia me permitió trabajar en dos textos: Nadadores lentos (que se publicó por Edición Documenta), que tiene que ver con la escritura y con sus derivas y Diario inconsciente. Por obvias razones, estuve más alejado de otras actividades mías, que tienen que ver con el cine o el teatro.

-Solés decir cuando terminás una película que no vas a volver más al cine.

Lo sigo creyendo (Risas). Hay muchos elementos que tienen que coincidir para que una película -por lo menos el tipo de películas que hago yo- detonen o se puedan hacer. Ahora me parece que está complicado de vuelta…Bueno, siempre se complica… (Risas). Aun así, el año pasado hicimos Amigas en un camino de campo, una película muy pequeña estrenada en el Festival de Mar en Plata, rodada durante la pandemia.

-¿Qué te motiva a volver al cine cuando te proponés no volver a filmar?

Tiendo a estar más recluido, más solitario para la escritura. Y allí es cuando vuelvo a extrañar la intensidad que tiene el filmar cine, con mucha gente trabajando para lo que suceda en la toma. El cine tiene algo colectivo, grupal, de encuentro de familia un poco nómade que se arma en esa situación de rodaje, y yo lo necesito.

Por otra parte, me gusta mucho la edición. Siempre trabajé con Lorena Moriconi. Y en la última película lo hice con Josefina Llobet. Hay algo en la edición de volverse a encontrar con un material que a veces es duro y recibir las miradas amorosas de las editoras.

Aún cuando creo que es muy cansador y que se me vuelve complicado conseguir la financiación, vuelvo a extrañar esas intensidades y esas grupalidades.

-El montaje del cine tiene que ver con la literatura en tanto es una reedición.

Sí. Son otras formas de escribir, otros lenguajes. Hay algo del cine que llega a ciertas zonas donde la palabra escrita no llega. Tiene la contundencia de la imagen. A la inversa, a veces necesito la reflexión que tiene la escritura. En el caso de los libros, también trabajo con editores que revisan, seleccionan y arreglan el material original.

Diario inconsciente te retrotrae a tus 20 años. ¿Qué ves ahora de ese que eras a los 20 años?

Tenía ciertos deseos y temores y una vocación fuerte por lo artístico. Y a la vez me parecía que no se iba a poder dar, que había una imposibilidad. Ahora se filma bastante en Córdoba, pero en ese momento no era tan simple pensar en hacer cine. Era una situación compleja. Supongo que siempre es complejo ser joven. Al menos, para mí lo fue.

-El libro habla de un joven que se perdía en las calles y proclamaba el fin de los tiempos. ¿Ese eras vos?

Diario inconsciente tiene una zona confesional pero también hay una zona de ficción o de relato de pequeña novela, donde se narran ciertos acontecimientos que tienen que ver con ese personaje joven, donde en parte me siento representado y en parte no.

Ese es otro que no soy yo: es lo que la ficción construye desde la memoria. El libro es una manera de ordenar ciertos recuerdos, pero también lo que se propone es una forma de distorsión. Lo que uno no puede lo inventa o lo termina de armar. La escritura tiene la posibilidad de reconstrucción y de reparación.

-¿Cómo te veías en ese momento y esas circunstancias?

No tenía una mirada clara sobre el propio presente. Algo de esa mirada se fue construyendo con el paso del tiempo. También tenía cierta fragilidad. Algo de lo que toca el libro tiene que ver con el tabú de la salud mental, que es mucho más común de lo que se piensa. En algún momento tuvo que ver con un borde doloroso. Algo de eso construye el libro. Ese es un lugar sobre el cual seguí trabajando. Uno vive para tratar de entender: mucho de lo que fui haciendo tiene que ver con esa necesidad. Especialmente esa zona inasible, que no se puede comprender.

-¿En qué momento decidiste o te diste cuenta que podías salir de ese estado? ¿Tuvo que ver el acercamiento al cine y la literatura?

Yo elegí expresarme de una manera artística. Ir por “el camino de lo artístico”, por llamarlo de alguna forma, aunque suene un poco ampuloso. Eso tiene algo saludable. O al menos, que no tiene nada que ver con la pérdida. La expresión artística ordena, o puede nominar o expresar lo que la desesperación no puede hacer.

También fui ayudado por redes afectivas y terapéuticas, además de haber podido hacer cierto trabajo sobre uno mismo.

Pero sobre todo hay algo del orden de lo artístico que es una forma de seguir. Y que tiene que ver con armar un plan, un proyecto. Va más allá del cine. Un proyecto que uno va armando y que va mutando, pero siempre existe. Cuando uno deja de tener proyectos o planes es fácil sucumbir.

Julia Montesoro

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