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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Cristian Pauls estrena «Observatorio» en el FIDBA: «Quise hacer un documental directo, sin intervenir sobre los personajes»

Cristian Pauls presenta su documental Observatorio, en estreno mundial, en la Competencia Argentina del FIDBA. Podrá verse desde el lunes 17 a las 20 hs. hasta el lunes 24 a las 19.59 hs. en forma gratuita a través de la plataforma Festhome.com.

Observatorio se propone menos la grandilocuencia de la arquitectura que el reverso del decorado, menos la fascinación de un paraje que el retrato minucioso y detallado de quienes habitan y hacen posible el complejo: se trata de dar cuenta del trabajo de decenas de personas sin el que todo aquello que nos es dado a ver a diario sería letra muerta.

-¿Cómo definís Observatorio?

Es un documental directo. Un tipo de documental que yo no había hecho, excepto en una ocasión, en una película que hice en Jama, en la frontera con Chile (NR.: Ojos de Cielo, 2007). La película retrata de un modo directo, sin intervenir sobre el rodaje ni sobre los personajes, la vida en esa especie de microorganismo que es un observatorio de astronomía. Y mostrar lo que la gente hace en ese lugar, que es el contraplano o el lugar oculto de lo que uno puede ver si va a un observatorio. Lo que queda oculto ahí es el trabajo de la gente que hace posible eso. Me atrajo la zona oscura de una institución, el detrás de la puesta en escena.

-Sería como el observatorio observado. En ese territorio hay un contraste muy marcado entre la aridez de los paisajes y la precisión de las máquinas, la imprevisibilidad de la naturaleza y la exactitud de los cálculos. Esa fascinación por la naturaleza y la astronomía, en definitiva, ¿estaba en vos antes de hacer Observatorio?

No. La verdad es que la película no parte de un encargo, como muchos suponen, y tampoco vino de un interés particular que yo tenga, específicamente, por la astronomía ni por la ciencia. Más bien, diría al revés: el interés por hacer una película que como punto de partida buscaba ver si yo era capaz de filmar un documental directo. Donde no tenía que intervenir sobre lo que sucedía, sino que lo que sucedía era independiente de la película. Si no hubiese cámara allí, la gente haría eso que ustedes ven. No es que porque había una cámara se producía lo que producía, sino que eso podría ser algo que sucede cotidianamente, con las variantes lógicas de cualquier situación, como las contingencias o los accidentes.
La película parte de un ejercicio: de plantearme si soy capaz de hacer este tipo de cine documental que, hasta ahora, no había hecho. No me interesaba mucho, como punto de partida, ni el observatorio, ni la astronomía, ni la ciencia; ese interés se fue armando a partir de la decisión de filmar un observatorio, como podría haber filmado cualquier institución donde yo tenía alguna garantía de que algo sucedía todos los días de determinada manera. Quiero decir, si yo iba desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche todos los días, durante dos semanas, seguramente me iba a encontrar con una cantidad de acciones, de situaciones, de trabajos, de ordenamientos y coreografías.

-¿Cómo apareció ese observatorio, en particular?

Es uno de los observatorios que tiene la característica de estar ubicado en un lugar crucial por la altura, por la limpieza del cielo, por las posibilidades de que durante gran parte del año vos tengas una cierta garantía de poder encontrarte con observar sin tener, prácticamente, demasiadas inclemencias del tiempo.

Busqué cosas muy diversas y en cierto sentido podría haberme dado lo mismo. Pero empecé a bucear sobre esa idea y se me ocurrió trabajar sobre lugares desconocidos o poco conocidos donde las actividades estuvieran ocultas a ojos del gran público. Allí surgió la idea del observatorio. Me interesó el viaje, que fuese un lugar alejado, una institución, un lugar que tuviera cierta rutina, que permitiera algo que no era visible. Que no se sospechara, de entrada, que hay algo de lo científico y astronómico imposible de ser filmado.

-Un documental sobre astronomía sin mostrar el cielo ni las estrellas, que por otra parte no hubieran podido ser filmadas en forma directa.

No es posible filmar eso que se llama una observación astronómica. No hay condiciones físicas ni técnicas. Se podría reproducir en un estudio. En cambio, me pareció que el documental estaba en el trabajo de la gente. Que además muchas veces no tiene que ver con el objeto final: salvo alguna persona muy sofisticada que decida ir, las observaciones se hacen vía internet. Uno se conecta desde cualquier lugar del planeta, pide un turno en un observatorio y, salvo la diferencia horaria, puede optar por hacerlo.

Con esa referencia, era como filmar un taller mecánico. La gente que trabaja ahí hace cosas que tiene que ver con la tornería y, por ahí, no tiene mucho que ver con el saber astronómico. Son técnicos, mecánicos, gente muy capacitada, pero no pueden hablar una hora de astronomía.

-¿Cuánto tiempo te demandó este proceso? ¿Tuviste que hacer un acercamiento previo?

Poco. La primera vez que fui a ver de qué iba el observatorio, me di cuenta que tenía que filmar, no tener ideas preconcebidas sino que aparecieran. Tuve, rápidamente, cierta idea de que había que captar algo de ahí. Eso fue afortunado aunque totalmente azaroso, porque después ese material, que en principio había sido pensado solamente para poder reflexionar sobre él y ver qué iba a filmar verdaderamente, quedó. Las dificultades para poder volver quedaron aplastadas por la pandemia. Solo pude regresar una vez, por una semana: el observatorio se abrió prácticamente para mí y fui a filmar algo que ya había entrevisto en las veces anteriores. Traté de filmar todo aquello que tuviera que ver con la cotidianidad en un observatorio: a qué hora se levantan, dónde trabajan, dónde está ubicado, cuánta distancia hay de un lado a otro. Quería dar cuenta de eso sin esperar que aparecieran grandes ideas. Si tenían que aparecer sería en el montaje.

 -Que sucedieran las cosas como se supone que suceden habitualmente en ese lugar, ¿no?

Si. Es un trabajo muy solitario y, a veces, tienen gran recelo cuando uno va a filmar algo que ellos no saben muy bien para qué es. ¿Qué hace éste? ¿Qué está filmando? Esa cuestión me interesa mucho: qué es lo que el otro ve de uno como filmador de ellos. Había que sortear un pequeño obstáculo: la gente tiene cierta dificultad de poder entender qué hace uno ahí, por qué está si no hay afán de lucro, si no hay nadie que me hubiera encargado, si el observatorio no está en tren de hacer un institucional. Por un lado, la gente considera mucho que te ocupes de ellos y, al mismo tiempo, tiene un gran recelo. Por eso me parece que hay que filmar con cierta cautela con la gente e ir, lentamente, aflojando esa tensión que hay entre aquellos que van a ser filmados y uno. Pero no hice ninguna investigación, realmente.

-La naturaleza impone su propia banda de sonido: Observatorio es un documental –valga la paradpja- de observación, donde la imagen reemplaza prácticamente a las palabras. Y también donde se pueden escuchar los sonidos del camino. ¿Estaba en el proyecto inicial?

Sí. Fue una de las ideas que tuve muy rápido. Había que hacer oír el lugar: los materiales, los metales, las llaves, los instrumentos mecánicos. Esa especie de materialidad que se teje todos los días ahí y que tiene que ver con cómo suenan las cosas sobre las cuales uno trabaja. Muy rápido me di cuenta que eso tenía que ser como la música de la película; no porque se convirtiera en música sino porque eso tenía que sonar como algo que reemplazara las palabras. Porque, además, no son gente de palabra: no son personas que cuando trabaja dicen cosas interesantes (ni tienen por qué decirlas): su arte está en la manera en que hacen lo que hacen. La película tiene mucha reconstrucción sonora porque era muy difícil dar cuenta de esa sonoridad.

-Entre otras cosas, fuiste programador del FIDBA, donde el lunes 17 se estrena Observatorio. ¿Acompañas la evolución? ¿Sos espectador de lo que se presenta allí?

Estoy un poco alejado, y no por el FIDBA. En general, tengo una dificultad con la actualidad del cine, con la locura por participar de todas aquellas cosas que se presentan. Me interesa muchísimo y al mismo tiempo, me produce una especie de histeria, de sensación de estar corriendo de atrás. Y me hace mal. Desde hace tres o cuatro años abandoné un poco, a pesar de que me gusta mucho y veo mucho cine.

Decidí bajar el ritmo y la necesidad de sentir que tenía que ver todo, lo cual me produce un gran pesar porque me gusta saber en qué andan los demás, qué tipo de cine se hace, de qué manera se habla. Pero al mismo tiempo me produce una sensación de inquietud muy grande, porque tengo la impresión que es tanto el cine que se hace que me produce una angustia muy existencial.

Julia Montesoro

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