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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Exclusivo – José Luis Rebordinos, director de San Sebastián: «Las películas tienen que verse en el cine»

San Sebastián intentará desde el próximo viernes conseguir que el público vuelva a las salas, en la edición más compleja de la historia del certamen. José Luis Rebordinos, su director, fervoroso convencido del ritual del cine en su sitio original, tuvo una activa agenda en los últimos días: no solo apoyó con su presencia los festivales de Cannes, Málaga y la Mostra de Venecia, sino que también suscribió el documento que convoca el retorno a los cines junto con los directores de Cannes, Venecia, Londres, Karlovy Vary, Locarno, Rotterdam y Berlín. Más allá de los compromisos propios de su actividad, su participación adquirió un valor simbólico especial.

La decisión de celebrar la 68º edición del Festival de Cine de San Sebastián de manera presencial también implicó restricciones y modificaciones importantes: la muestra (que se llevará a cabo del viernes 18 hasta el sábado 26) tendrá un 31% menos de películas con respecto al año anterior; y habilitará entre un 40 y un 60% de las butacas disponibles en las salas.

Para Rebordinos, no había otro modo de llevar adelante el Festival.

-Adquiere otra dimensión el leiv motiv con el cual cerraron la edición anterior, cuando reivindicaron la experiencia de ver cine en las salas y vivir ese ritual colectivo. En ese sentido, ¿cómo fue definir y armar la programación del festival en el contexto de la pandemia?

Esas palabras fueron premonitorias, y hoy cobra más sentido que nunca el volver a recuperar el cine en las salas, con el sentido de comunidad y la experiencia de ver cine juntos. Ha sido un año realmente complicado y extraño. Por un lado, para hacer una programación. Al no realizarse el festival de Cannes, desgraciadamente, exhibiremos algunas películas que estaban previstas en su selección. Por otro lado, nos ha perjudicado que gran parte del cine español que esperábamos para este año no ha llegado, y también hemos notado que hay muy pocos films latinoamericanos. Si no me equivoco, en toda la selección de Cannes ha habido solo una película que es la brasileña Casa de antigüedades, y en la sección de Venecia solo ha habido una película que es la de Michel Franco. Nos ha costado ver cine latinoamericano que nos interese, porque gran parte de la producción está parada, no ha podido empezar a rodarse, y algunas se han quedado a medio camino. Se nos hizo un poco más complicado que lo habitual conseguir programación latinoamericana y española interesante.

-¿Cuál es el objetivo más importante que se plantea hoy para un festival internacional de la magnitud de San Sebastián? ¿Por dónde pasan los desafíos en este nuevo contexto?

Para este año nos planteamos que todas las películas puedan proyectarse en sala por el público. Por los invitados que vengan, por la industria, por los medios de comunicación. El objetivo más importante es poder mantener un festival presencial. Porque nosotros reivindicamos, como en otros festivales como Cannes o Venecia, que las películas en primer lugar tienen que verse en el cine. Con esto no estoy diciendo que esté en contra de los festivales online: creo que tienen mucho sentido. Pero es otro tipo de festival. En festivales como el nuestro, las películas deben presentarse en cines. Ese sería nuestro objetivo fundamental. Luego, nos gustaría que estén lo mejor defendidas por los equipos posible, que sea una festival seguro. Pero el objetivo es que se puedan ver en las salas, que eso no se caiga.

-¿Es el mayor desafío que tiene este año el festival?

Sí, eso y todo lo que tiene que ver con las medidas de seguridad, porque las películas se van a ver con restricciones y con fuertes medidas en cuanto a los accesos, salidas, medidas de higiene, etcétera. Yo creo que el gran reto es hacer un festival lo más parecido a un festival normal, pero con medidas de seguridad importantes.

-El festival reivindica la experiencia de ver cine en las salas y su ritual. Este año tiene otra dimensión. ¿Cómo se plantean las medidas de seguridad ante esta nueva normalidad?

Nosotros pensamos que eso se va a cumplir con normalidad: ya anunciamos las funciones y los horarios. La diferencia es que las salas van a estar a un 50 o 60%, que entre sección y sección habrá una hora porque tenemos que higienizar y desinfectar las salas. El espectador tendrá que ver las películas con mascarilla y no va a tener a nadie al lado, pero su presencia será como siempre, en una sala en condiciones, con buen sonido y buena imagen.

-El festival tiene un vínculo muy fuerte con el cine latinoamericano en general y el argentino en particular. ¿Cómo fue conformar la programación de películas y actividades vinculadas a estas cinematografías?

Es una pena, porque siempre tenemos una presencia muy potente de gente latinoamericana de la parte artística y también de la industrial. Este año obviamente será menor. En la sección oficial hay dos películas argentinas: por un lado Nosotros nunca moriremos, de Eduardo Crespo, producida por Santiago Loza y una coproducción entre España, Francia y Argentina, Akelarre, de  Pablo Agüero, un director argentino –es una curiosidad- que la dirige en tierras vascas. Hay películas diseminadas en distintas secciones, pero menos que en años anteriores. Va a ser una comunidad mucho más reducida que cualquiera año. Las actividades de industria y los work in progress será solo online, porque ha habido mucha gente que por seguridad ha decidido quedarse en Argentina o en Uruguay.

-¿Cómo está respondiendo la gente en España, y particularmente en el País Vasco, el retorno a las salas?

Empezaron a abrirse las salas con ese 60%, de a poco. Al principio no iba muy bien porque no había películas, entonces había programaciones interesantes a base de clásicos o reestrenos. Pero si quieres que el público vaya masivamente a las salas, necesitas películas potentes. De hecho, en el momento en el que Santiago Segura estrenó No hay más que un padre 2 ha sido un hitazo impresionante. Luego se estrenó Tenet, la película de Christopher Nolan. En este momento está en pantalla la película La boda de Rosa de Icíar Bollaín. Son tres películas que están tirando la taquilla, de pronto no son nada malas. Ahora hace falta que los productores y los distribuidores se animen a poner películas importantes y a estrenarlas en los cines. Yo entiendo que eso es complejo, porque tienes que estrenar tu película al 60%, y eso tiene un riesgo. Pero Santiago Segura ha demostrado que cuando una película interesa, aunque sea a un 60% la sala se ha llenado, y es probable que vaya a hacer el mismo dinero o más que con su película anterior. Cuando hay películas importantes, el público quiere ver cine. Si hay películas pequeñas, por interesantes que sean, el público se queda en casa.

-En ese sentido, esto es también un desafío para los festivales en general. El cómo atraer los públicos a las salas, porque además, San Sebastián tiene un público muy definido de programación.

Sí. Nosotros somos un festival de público. El año pasado se vendieron de venta directa más de 105.000 tickets, en una ciudad de 186.000 habitantes, y con todas las películas que vieron los acreditados pasamos los 179.000 tickets. Obviamente, es una apuesta. Este año, donde vendimos 105.000, no podremos vender más de 30.000 o 40.000, por las restricciones y porque los medios de comunicación y la industria tendrán que tener una reserva. Todo va a ser preasignado. Es un reto, pero yo estoy convencido de que las entradas que saquemos a la venta se van a vender.

-¿Cuál es la función que cumple hoy un festival?

Depende del tipo de festival. Pero este tipo de festivales de la FIAPF, donde podrían estar Cannes, Berlín, Venecia, San Sebastián, tienen ciertas funciones. La primera de todas es hacer de prescriptor: es decir, que presentan a la sociedad, a los medios de comunicación y a la industria su preselección de películas. De alguna forma se pone el foco en que son ciertas películas en las que el festival tiene interés. Por otro lado, aparte de la exhibición, de mostrar las películas, tiene que ser un lugar de encuentro donde se hable de las películas, donde se pueda promocionar y donde también se intercambien experiencias. Donde la industria encuentre su espacio y consiga hacer negocios mediante las ventas, la distribución, etcétera. Esta parte de exhibición y de intercambio de experiencias, de promoción y negocio, serían un poco las bases de cualquier festival de tamaño importante.

-En ese sentido, ¿cómo van a ser las actividades de la industria este año? Es un segmento muy fuerte en San Sebastián, orientado hacia diversas cinematografías, pero este año será online. ¿Esto es mejor o peor?

Bueno, siempre es peor, porque que la gente se junte en San Sebastián, haga una cita y luego se siga hablando en un cóctel, siempre ayuda. Las actividades de industria este año van a ser de manera online, entre otras cosas porque gran parte de nuestra industria está en América Latina y sabíamos que no iba a estar presente en San Sebastián, por lo que queríamos que tuviera la oportunidad de seguir ahí. El foro de coproducción, las mesas redondas y las clases magistrales serán online. En cuanto a los work in progress, tanto el latinoamericano como el europeo serán online y también presenciales. Es decir, quienes estén en San Sebastían podrán verlos en proyección, y quienes no estén podrán verlo por internet. Solo las películas no acabadas se van a poder ver online. Las películas de las diferentes secciones solo se podrán ver en proyección.

-Algo que se instaló fuertemente a partir de la pandemia es el streaming. ¿Cuál es la posición de San Sebastián?

Yo lo tengo muy claro. Por un lado, a la hora de seleccionar materiales para proyectar, en nuestro caso nos da igual que lo produzca un productor tradicional o una plataforma. Juzgamos películas o series, no quién las produce o quién las hace. De la misma manera, puede haber una serie como Antidisturbios, de Sorogoyen, que nos parece que es más cinematográfica que la mayor parte de películas que hemos visto este año. Es una serie de cinco horas que se podrá ver completa en la Sección Oficial, fuera de concurso. En ese sentido, no tenemos ningún problema en seleccionar materiales de las plataformas. Lo que sí tenemos claro es que lo que nosotros seleccionamos, lo proyectamos en una sala de cine: no vamos a sustituir la proyección en sala por el streaming. El primer lugar para ver una película es una sala de cine. Ojo, luego puede haber festivales que recojan películas que ya se han visto y que se hacen en streaming. El streaming siempre tiene un pequeño riesgo de pirateo; pequeño, pero lo tiene. Y aparte pensamos que para una película el mejor sitio es una sala de cine para verlo en condiciones. Todos sabemos cómo vemos las películas por streaming: te levantas, la atención es diferente. Esa es nuestra reivindicación y vamos a seguir peleando por ello. Hemos venido de Venecia donde se ha leído un manifiesto en la inauguración, donde hay reivindicaciones claras de varios festivales de que somos festivales que proyectamos películas en salas de cine.

-¿Crees que la combinación de actividades presenciales y online es un formato que llegó para quedarse?

Este formato llegó para quedarse hace tiempo. Hay una especie de percepción que no termino de entender, de que la pandemia ha traído el streaming. Nosotros tenemos una biblioteca online hace años, solo para profesionales. Todas nuestras ruedas de prensa se pueden ver por streaming. Lo que trajo el cambio fue la aparición de las nuevas tecnologías, y sobre todo, de los nuevos dispositivos electrónicos que permiten disfrutar del audiovisual de forma casera. ¿Qué pasa con la pandemia? Que acelera algunos procesos que ya existían, que probablemente se producían de manera desorganizada y no muy positiva, pero el streaming llegó para quedarse hace mucho. Cada vez más los festivales lo vamos a usar para muchísimas cosas, que una rueda de prensa o una master class que se produzcan en San Sebastián se puedan ver en el resto del mundo. Lo que pasa es que nosotros intentaremos usarlo para esas cosas, y no para poner las películas. Yo creo que el streaming es una gran herramienta, y que incluso la proyección online puede ser una gran herramienta para muchas cosas, para muchas películas y para muchas personas en muchos momentos, pero no para proyectar la Sección Oficial de San Sebastián, de Cannes o Venecia.

-Es el primer festival con Luis Puenzo como presidente del INCAA. ¿Se contactaron oficialmente?

Sí. Nos conocemos hace años y hemos tenido varios intercambios de mails. Porque además, cuando la película Nosotros nunca moriremos entró en competición, llegó muy tarde. Creo que fue la última en entrar. Allí tuvimos que hablar con el INCAA. En verdad, el apoyo siempre ha sido total. Desde mi punto de vista siempre es un placer hablar con alguien como Luis. Nos sentimos muy apoyados por el INCAA, estamos encantados de tratar con él y con su equipo.

-Entre otros vínculos con Argentina, el festival impulsó la formación de jóvenes espectadores y realizadores de una escuela de Mar del Plata, una experiencia muy importante y modificatoria para estos adolescentes. ¿Cómo sigue la experiencia de Mar del Plata?

Nosotros hemos cumplido una experiencia maravillosa con Mar del Plata. Ha sido maravilloso tratar con esos adolescentes y con la gente de la escuela. Fue una experiencia que nos va a marcar para siempre, por muchas razones personales. El proceso fundamental lo hemos terminado. Es una escuela donde hemos estado varios años intentando enseñarle a esos niños a entender y a hacer el audiovisual. Hemos llevado cámaras, kits de sonido, programas para montaje. Vamos a ver si el año que viene podemos recuperar todo esto, y aunque probablemente el programa se haya cumplido y ahora se deba continuar en otro país, no queremos abandonar esa escuela. Queremos continuar una relación todos los años, y seguir aportando algunas cosas, por lo menos de mantenimiento. Esa es la idea. Vamos a esperar si el año que viene podemos seguir con este proyecto, y si sigue habiendo fondos desde nuestras instituciones en otro país de América Latina, pero seguir apoyando a esta escuela porque nos gustaría seguir teniendo con ellos una relación que siga en el tiempo.

Julia Montesoro

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