A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, se estrenará mundialmente en la competencia de Giornate degli Autori, que se celebrará en el marco del Festival de Venecia entre el 2 y el 12 de septiembre y pocos días después integrará la grilla de la sección competitiva Zabaltegi Tabakalera del Festival de San Sebastián.
Se trata de una película dramática que narra el encuentro en Madrid entre Eva, una mujer cordobesa solitaria y apática y Dante, un historiador argentino dedicado a investigar las luchas obreras. El título del largometraje está directamente inspirado en un verso de la canción Milonga del peón de campo de Atahualpa Yupanqui.
-¿Cómo surgió la idea de filmar A veces me entra tristeza, otras veces rebelión? ¿Y qué continuidad tiene, si es que la tiene, con Las cosas indefinidas, tu película anterior?
El origen es bastante particular, porque surgió de manera atípicamente rápida. El año pasado estuve unos meses viviendo en Madrid, a propósito de una residencia que organiza el área de cine del Museo Reina Sofía: postulé a esa residencia, me eligieron y estuve seis meses. Un día me dijeron: «Como residente del museo, si te interesa puedes filmar algo acá». Había algo de ese gran edificio que arquitectónicamente me resultaba muy interesante. Desde que me dijeron que podía poner una cámara ahí, me atrajo mucho la idea. Y empecé a pensar en algo para filmar. Después se dio una serie de coincidencias, como que justo Eva Bianco estaba allá en el mismo momento, durante unas semanas, coincidiendo con nuestra estadía. También estaba en Barcelona un amigo sonidista. Y varios amigos de Córdoba, que estaban atravesando la dureza del momento de no poder filmar y de sufrir las desilusiones cinematográficas por las características del momento que estamos viviendo.
Entonces, nos aventuramos en este proceso de escribir y de filmar muy espontáneamente, muy rápidamente, pero con la singularidad total de poder filmar adentro del Museo Reina Sofía. Fue demasiado veloz: no hace ni un año que la filmamos. Y de alguna manera, es una continuidad de Las cosas indefinidas: retomamos ese mismo personaje, el de Eva Bianco, pero ahora aparece otro personaje más, que es el de Dante, interpretado por Roger Koza.
-De qué manera ese paisaje urbano español, con el Reina Sofía siendo el corazón del relato, influyó en tu forma de contar la historia?
Influyó muy directamente, porque pensé específicamente en cómo filmar algo adentro de un museo. Y en el Reina Sofía, además, que tiene una arquitectura imponente. Pensar en filmar ahí me parecía alucinante. Es un museo muy grande y tiene un área de cine, con una sala de cine y una biblioteca muy hermosa, de acceso público. Todos esos condimentos me hicieron pensar: si tuviese que inventar algunos personajes que habiten este lugar, ¿cuáles serían?
-Los personajes están en función del Museo.
El espacio fue muy determinante para la película. El personaje que interpreta Roger hace algo parecido a lo que yo hice durante ese tiempo en Madrid, que es que básicamente ir a la biblioteca casi todas las semanas a trabajar en la escritura de otra peli que estamos desarrollando. Yo allí iba a leer, a escribir y a trabajar. Entonces imaginé cómo sería un personaje que tenga esa actividad diaria. Pensé en un historiador argentino que se encuentra en Madrid por una beca de investigación. Ese personaje refleja lo que yo me encontraba haciendo allí. Al tratarse de un espacio muy visitado por el turismo, imaginé que una tarde Eva, que está de paso por Madrid, va al Museo Reina Sofía y en medio de una de las salas se cruza con Dante, el personaje de Roger. Ahí se produce un encuentro entre ambos. La película retrata unos poquitos días de ellos en la ciudad.
-¿Cómo recibiste la noticia de tu participación en la Giornate degli Autori de Venecia, que tradicionalmente está destinada a los proyectos más innovadores y desafiantes?
Es muy extraño para mí y para todos los que hicimos la película, porque es la primera vez que una película nuestra va a estar en estos festivales tan grandes. Si bien no estamos en la sección principal de Venecia, la Giornate ocurre en el mismo momento del festival, en las mismas salas. Estamos experimentando lo que significa estar en estos festivales de muchísima más envergadura y visibilidad. Para las películas independientes es realmente otra cosa, porque de repente tenés que compartir espacios o secciones con películas que tienen una estructura muchísimo más grande. Ellos fueron muy generosos con nosotros: vieron un corte de montaje de la película y, por alguna razón, les gustó y nos enviaron la invitación. Nosotros estamos a contrarreloj porque estamos todavía cerrando la mezcla y la posproducción de sonido, ya que, como decía, no pasó ni un año desde que la filmamos.
Estamos corriendo para llegar con la copia lista para el festival. Es una película muy pequeña, un poco experimental, un poco arriesgada. Estamos muy felices. Y muy sorprendidos: muy intrigados por saber cómo va a ser recibida.
Julia Montesoro


