Annamaría Muchnik es presidenta de la Asociación La Mujer y el Cine y artífice del festival, cuya 38ª edición se celebrará entre el miércoles 26 al domingo 30 con entrada libre y gratuita en cinco sedes centrales: la DAC, Malba Cine, Atlas Patio Bullrich, Amigos del Bellas Artes y la Universidad del Cine.
-En el balance numérico de las postulaciones que recibieron, ¿qué escenario observaron respecto de años anteriores?
En el concurso de cortometrajes hay una cantidad enorme. Nos quedamos muy asombradas porque hay más de 240 cortos, una cantidad muy importante frente a los 130, 140 o 160 que se presentaron en los últimos años. No solo nos conmovió: también nos sorprendió. Porque nosotras al principio decíamos que el año pasado fue muy difícil y que eso se podría reflejar en la producción de los cortometrajes. Pero fue todo lo contrario.
También llegó una enorme cantidad de videominutos. Es una sección que abrimos hace pocos años con el objetivo de que las chicas salgan a filmar con el celular. En un minuto tenían que contar una historia pequeñita -o no tanto, como ellas quisieran-, pero con celular. Y también hubo muchos, algunos de los cuales son joyitas. Una puede preguntarse: ¿se puede filmar una historia en un minuto? Sí que se puede, si ves publicidades en la televisión que duran 40 ó 50 segundos y te cuentan una historia. El poder de síntesis es importante. Y se nota en los resultados: algunos son muy lindos.
La otra parte son los WIPs. El Work in Progress es esa sección en la que las chicas, las realizadoras, presentan sus películas a las cuales les falta -como decimos nosotras-, la última hornada. En general, les falta algo para terminarla por razones económicas. Nuestros sponsors se reúnen, ven el material, hablan con las directoras y ven de qué manera pueden ayudarlas a terminar sus películas. Nuestros sponsors son todos los que de alguna manera tienen en su haber la parte de posproducción: están ahí para el final, para terminar la película. Después, esas películas se estrenan en el festival de La Mujer y el Cine del año siguiente.
En donde a lo mejor estamos menos frondosas, digamos, es en los largometrajes. No se filmó tanto y es comprensible. Hay mucha aceptación en cuanto a lo que tiene que ver con filmar para las plataformas, o con el apoyo que dan las plataformas. Entonces hay que arreglártelas con películas que han sido comprometidas para ser estrenadas en otros momentos o que van a otros festivales. Por eso no hay tanta cantidad. En cuanto a calidad, vi casi todas y ¡me gustaron! Hay mucho documental y poca ficción. Pero toda la producción es muy interesante. Hay una búsqueda muy importante de parte de las directoras (algunas en su primera película, otras que ya han filmado). Lo bueno es saber .y esto es lo que nos da mucha fuerza después de 38 años de La Mujer y el Cine-, es que hay películas, hay cámara, hay imagen, hay mujeres que tienen ganas de filmar. Esto hace que La Mujer y el Cine recobre año a año todo el valor y a la vez respete el legado que nos fue dado ya hace tiempo, en 1988.
-El festival va a entregar premios a la trayectoria a Mercedes Morán y a Paula Félix-Didier como reconocimiento a sus recorridos en la industria audiovisual. ¿Qué simbolizan estos nombres en el universo del audiovisual realizado por mujeres?
-Dimos mucha discusión en cuanto a quién queríamos que La Mujer y el Cine premie con una trayectoria. Nos importaba que detrás hubiera una lucha, una entrega, un talento. Básicamente, que se trate de una mujer que de algún modo tenga una carrera de haber estado al frente día a día, mes a mes, año a año. Mercedes es una actriz que hace muchos años que trabaja: es muy talentosa, ha hecho teatro, ha hecho cine, ha escrito libros. Y es una mujer muy sensible. A mí me cae muy bien, le tengo un afecto muy especial a Mercedes. Se lo merece. No era fácil porque uno también quiere que otras actrices o directoras puedan tenerlo. Pero nos parecía que en este momento era importante destacar a Mercedes.
En cuanto a Paula Félix-Didier, pocos días antes de que pasara lo que pasó por el lado de las autoridades del Museo del Cine, quienes la estaban dejando de lado, habíamos hablado con ella. Paula ha hecho un trabajo de una dedicación, de una finura, de una entrega muy digno de destacar. Nosotros lo decidimos antes de que pasara esto. Cuando pasó lo que le pasó, le dije: «Paula, el premio sigue igual. Nosotros estamos a tu lado, te apoyamos y tu tarea es intocable. El premio a la trayectoria, el reconocimiento, lo vas a tener». El Museo del Cine hace una gran labor a través de sus distintas muestras. He estado armando junto a Lita Stantic una muestra de María Luisa Bemberg. También una de mi hermano Hugo Santiago. Hemos hecho una proyección de Invasión. Con esos dos reconocimientos estamos muy felices. Eso no quiere decir que no haya otras personalidades que se lo merezcan. Pero este año hemos elegido a estas dos.
-Hay que hacer un recorte necesariamente en todas las áreas. Decir que tantas películas entran, tantas quedarán afuera; tantos cortometrajes pueden entrar, tantos otros quedarán afuera…-¿Qué criterios estéticos prevalecieron en esa selección a la que finalmente arribaron en el momento de definir la preselección?
-Siempre tenés que hacer un recorte, siempre hay que hacer una elección. Imaginate que nosotras de los 230 ó 240 cortos no podemos pasarlos todos. Hubo que hacer una preselección, o sea, no tenemos tantos días, no tenemos tantas salas, no tenemos tanto espacio, lugar, tiempo. Ojalá tuviéramos, y ojalá tuviéramos el apoyo necesario como para decir: Bueno, pasamos todos para que los vean todos. Pero hubo que hacer y hay que hacer. Hay un jurado de preselección que ha tenido que elegir, y a lo mejor quedaron algunos afuera que valían la pena, pero todo no se puede.
-Los criterios son de calidad, por supuesto, siempre. O sea, que nos parezcan buenas películas, buenos cortos en cuanto a la factura técnica, digamos: bien realizados, bien producidos, bien iluminados, bien actuados en la medida en que hay actuación.
Esto es como importantísimo. Hay temáticas que son muy alrevesadas y hay temáticas que son muy abiertas y muy libres. Hay temáticas que de alguna manera vuelven. Hay mucha cosa, y esto es importante decirlo, me parece a mí, que tiene mucho que ver con vivencias muy personales, con cosas que tienen que ver con la niñez, con relaciones con familiares muy cercanos, con temas muy íntimos que de pronto frente a una cámara se animan a sacarlos afuera. Tiene que ver con cosas que te gustarían y quisieras y no están; tiene también que ver con qué pasó, cómo pasó y cómo me hubiera gustado que pase. O sea, yo vi una enorme cantidad de esos cortos, prácticamente todos. Me conmovían mucho, de pronto, historias que tienen que ver con antepasados, con cómo una se engancha, sobre todo en los documentales, con cosas del pasado que te vuelven a vos en momentos de tu vida en que de pronto decís: ¿Yo por qué hago esto? ¿Y por qué digo esto? ¿Y por qué me pasa esto? Y entonces esto hace que puedas volver atrás y encontrarte con momentos de la vida, o tuya, de tu infancia, de tu familia, de tu madre y padre, de tus abuelos, que están muy agarrados, muy apretados a lo que a vos te está pasando. Y hay algunos, muchos también, que tienen que ver con… hay muchos de las provincias, y esto me gusta destacártelo, porque hay muchos cortos de muchas provincias muy bien hechos. Debemos decir que, en este momento, hay muchas provincias que están ayudando mucho a las chicas, las están ayudando en cuanto a conseguir fondos, que es fundamental en la parte de la distribución, en la parte de proyección y difusión. O sea, que eso es bueno porque de pronto vos recibís cortos del interior, de provincias lejanas, y te encontrás con paisajes distintos, con decorados diferentes. Andando en esto, es bueno, es muy bueno acercarte a todo el país y no poner el acento únicamente en Buenos Aires, en la capital, en esto que somos nosotras y en lo que estamos metidas día a día.
-Corregime si me equivoco, pero me parece que el año pasado ya también les había llamado la atención, a vos cuando hablé con vos, este aspecto de que el interior aportara también el trabajo de muchas realizadoras y técnicas, porque los cortos no son solamente hechos por realizadoras, hay equipos técnicos trabajando también aunque se trate de cortos. O sea, que esto es una tendencia en crecimiento.
-Es en crecimiento. Y además es importante destacar lo que acabás de decir vos: que no es solamente en puestos de dirección, también hay muchas productoras, muchas productoras, y hay técnicas también, técnicas en iluminación, en sonido, en compaginación, edición. Esto es importante porque, hasta no hace mucho, todo lo que era detrás de cámara era de los hombres. Era muy raro conseguir.
Yo siempre me acuerdo, hace muchos años, María Luisa Bemberg un día estaba filmando y me dijo: ¿Vos sabés lo que es entrar a un estudio, abrir la puerta del estudio y ver 22 personas, todos hombres, mirándote y diciéndote, aunque no lo expresen, a ver, y ahora qué? Y esto con la gracia de María Luisa… Yo la entendía, yo la entendía porque haciendo televisión lo viví también. Detrás de cámara eran todos hombres. Las únicas mujeres en ese momento éramos las que estábamos delante de la cámara, pero detrás de cámara todo lo manejaban los hombres, y ahora eso se está empezando a revertir. Lo veo en la televisión poco, pero lo veo. Y en el cine las chicas que… a ver, en las escuelas de cine hay muchísimas mujeres, pero tienen más trabajo los varones que las chicas.
-Esa tendencia no se ha modificado. Cuando pasan al campo profesional, hay más mujeres que varones en las escuelas de cine, pero cuando pasan al campo profesional todavía les cuesta hacerse un camino, ¿no?
-Sí, señora. Bueno, de todas maneras, por ejemplo, y vos lo sabés bien porque viajaste mucho, hay festivales internacionales que apoyan mucho el cine hecho por mujeres, los festivales españoles, tanto Málaga como San Sebastián pasan muchas producciones de mujeres, aunque hay otros que menos. Yo me acuerdo de las palabras de Thierry Frémaux cuando inauguró Cannes este año, donde dijo en su discurso inaugural: Hay pocas películas realizadas por mujeres. Lo reconozco y nos gustaría que haya más, pero bueno, el festival tiene que buscarlas.
-Mucho de esto que estás contando ha contribuido, y me consta, justamente La Mujer y el Cine. ¿En qué medida el festival hoy funciona como una plataforma de resistencia para sostener espacios de exhibición ante la reducción de pantallas comerciales para nuestras producciones?
-Eso es importante decirlo porque hay una reducción de pantallas.
-¿El festival en ese sentido es un espacio de resistencia?
-Lo es de alguna manera, porque aquí estamos. Lo es porque de alguna manera somos muy persistentes, cabeza dura, salimos adelante como podemos. Cómo hacen las chicas cuando filman. A ver, cuando vos hablás con las chicas, sobre todo cuando digo yo ‘chicas’ me refiero a las más jóvenes, a las que de pronto hacen su primera o segunda película, lo primero que te dicen es eso, ¿no? Es lo difícil que resulta empezar a filmar y cómo necesitás apoyos que, si no vienen de la parte institucional, de pronto es o de las escuelas de cine o de los compañeros que han estudiado contigo o de tu familia o de las gobernaciones que de algún modo apoyan, o de las provincias que tienen un instituto de la mujer o dan todavía apoyo a las mujeres, y se van haciendo como una cadena de apoyos y pueden salir a filmar. Y esto es importante porque si no, no hay películas, y esto en este momento está cada vez más difícil, o sea que es una lucha diaria. Y lo que sí vemos es que el cine independiente sí se mueve, sí puede avanzar de a poco, sí puede presentar películas, viajar, conseguir apoyos afuera. Ahora, institucionalmente… bueno, ahí estamos.
Julia Montesoro


