Terminó el rodaje de Villaflor, el nuevo thriller político de Santiago Mitre basado en hechos reales, protagonizado por Verónica Llinás (Azucena Villaflor) y Peter Lanzani (Alfredo Astiz), que narra los inicios de la resistencia civil a la Dictadura Militar y la infiltración del teniente de la Armada Astiz en el grupo de familiares que reclamaba por sus desaparecidos.
Villaflor retrata la infiltración de un oficial de alto rango en los grupos que pacíficamente comenzaban a organizarse para reclamar por sus familiares detenidos, sin advertir que estaban dando origen a una forma inédita de resistencia civil en el corazón de la dictadura argentina.

Producida por La Unión de los Ríos (Argentina) y Maneki Films (Francia), con guion de Mariano Llinás y Santiago Mitre, el rodaje se realizó en marzo en distintas locaciones de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Camille Cottin, Soledad Villamil y Valeria Lois completan el reparto de la película que llegará a Netflix en 2027.
“Esta película reconstruye un momento real, concreto, y lo hace desde adentro, siguiendo a personas comunes en una situación límite. No intenta abarcar toda una época, sino observar cómo se infiltra la violencia en la vida cotidiana. La historia revela la traición más íntima y la resistencia más poderosa. Lo más inquietante es que nada parece extraordinario hasta que ya es tarde«, expresó Santiago Mitre al comenzar la producción.

Peter Lanzani, a su vez, destacó: “Aceptar este personaje es aceptar una incomodidad desde el primer día. Es un rol que exige entender mecanismos reales de manipulación y traición, no caricaturas. La responsabilidad está en no suavizarlo ni exagerarlo, sino hacerlo creíble. Prepararlo implica trabajar sobre la confianza y desconfianza que genera alguien como él. Y asumir que contar esta historia también tiene un peso ético.”

“Protagonizar esta película es una responsabilidad enorme y, al mismo tiempo, un privilegio. Me acerco al personaje desde su humanidad, no desde lo que representa. Me interesa su lucidez, su determinación y la forma en que transforma el dolor en acción. Es una historia que habla de coraje colectivo, pero también de decisiones personales muy concretas. Me acerco a este proyecto con respeto y compromiso”, señaló Verónica Llinás sobre el desafío de interpretar a una madre en busca de su hijo.
Por su parte, Agustina Llambi Campbell, productora de La Unión de los Ríos, agregó: “Para el equipo de la productora, hacer esta película es un enorme privilegio, por la importancia de su historia – nuestra historia – hecha pura pulsión cinematográfica en el maravilloso guion que escribieron Santiago Mitre y Mariano Llinás, y por cómo reverbera en la actualidad; por la posibilidad de trabajar junto a un elenco y equipo de viejos y nuevos cómplices, con un talento y entrega sin igual; por acompañar la visión y liderazgo de Santiago en un nuevo capítulo de su indispensable camino como cineasta y por la generosa e incondicional confianza de Netflix. En el momento crítico que atraviesa nuestro cine, asumimos el privilegio con responsabilidad, gratitud y la alegría irrenunciable de hacer cine.”
El nombre de la película evoca a Azucena Villaflor de De Vincenti, activista social argentina, cofundadora de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo, dedicada a buscar a los desaparecidos durante el terrorismo de Estado en Argentina.
El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después del comienzo de la dictadura militar que se autodenominó «Proceso de Reorganización Nacional», fueron secuestrados uno de los hijos de Azucena Villaflor, Néstor De Vincenti y la novia de este, Raquel Mangin.
Tras seis meses de infructuosas búsquedas, Villaflor, junto a otras personas en su misma situación —que se fueron conociendo en la búsqueda de sus familiares— decidieron iniciar una serie de manifestaciones para dar publicidad a su caso. El 30 de abril de 1977 ella y otras trece madres se manifestaron en la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, enfrente de la sede del gobierno, la Casa Rosada. Ante la orden militar de no detenerse ni «agruparse», sino «circular», decidieron caminar alrededor de la plaza. La primera marcha tuvo lugar un sábado, y apenas tuvo repercusión; la segunda fue un jueves y desde entonces se convirtió en costumbre realizarla todos los jueves, en torno a las tres y media de la tarde.
El 8 de diciembre de 1977 se había programado una reunión en la iglesia de la Santa Cruz. Alfredo Astiz, quien se había infiltrado en la incipiente organización, haciéndose pasar por hermano de una desaparecida, había denunciado a las que consideraba «líderes» para que fueran secuestradas al finalizar la misa. En esa ocasión fueron secuestradas ocho personas: Teresa Careaga y María Ponce, ambas madres de desaparecidos, la monja francesa Alice Domon que colaboraba en la búsqueda, Angela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovilla, Gabriel Horane y Patricia Oviedo.
Azucena Villafor era otro de los objetivos, pero no pudo llegar a tiempo porque estaba en la casa de Emilio Mignone trabajando con la esposa de este y otras madres para terminar un remitido con los nombres de sus hijos desaparecidos. El día 9 de diciembre, Azucena y otras madres entregaron los originales del remitido, el dinero y las firmas que avalaban su publicación.
El remitido fue publicado el 10 de diciembre. Esa misma noche Azucena Villaflor fue secuestrada por un grupo armado clandestino de la Armada en la esquina de su casa de Sarandí, en Avellaneda, Buenos Aires. La golpearon y, pese a su resistencia, lograron introducirla en un auto. Según testimonios, fue recluida en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA, donde actuaba, entre otros represores, Alfredo Astiz. La llevaron al «altillo», el lugar en donde depositaban a los secuestrados que mantenían más en secreto. Esa misma noche fue torturada y regresó al calabozo sin conocimiento. A los pocos días, Azucena junto a las monjas francesas y los demás secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz fueron «trasladados» al aeropuerto militar que se encuentra en el extremo sur del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, subidos sedados a un avión de la Marina y arrojados vivas al mar frente a la costa de Santa Teresita, muriendo al chocar contra el agua.


