El documental Un precio que tenemos que pagar, investigación sobre la muerte del periodista argentino Ignacio Ezcurra en la guerra de Vietnam dirigido por Ricardo Preve, se encuentra en la etapa de posproducción.
La película funciona como un thriller de investigación histórica. Reconstruye la misteriosa desaparición y asesinato de Ignacio Ezcurra, un joven y destacado periodista argentino enviado por el diario La Nación a cubrir la Guerra de Vietnam en 1968. Expone cómo su búsqueda de la verdad lo llevó a cruzar fronteras de peligro extremo. Y cuestiona este relato histórico mediante una profunda investigación periodística.
-¿Por qué elegiste esta historia? ¿Qué representaba para vos Ignacio Ezcurra cuando decidiste encarar este proyecto?
Había escuchado un poco sobre su historia y sentí alguna identificación con él. Era un periodista que había trabajado en lugares bastante insólitos para periodistas argentinos, sobre todo en los años 60. Había ido a cubrir la guerra civil en Siria, a los Estados Unidos a relevar las luchas de los afroamericanos por sus derechos y después, obviamente, a Vietnam. Tuve la suerte de hacer películas en lugares como Sudán o Kenia, donde no hay tanta presencia del cine argentino. Y también me interesaba encontrar una historia que uniera Argentina con Asia, porque no estamos muy presentes allí como cine argentino por motivos lógicos: es lejos, es difícil, son dos horas de diferencia horaria. Me parecía un desafío interesante tomar una historia muy argentina y contarla también en términos de Asia; en este caso, de Vietnam.
-El título del documental, Un precio que tenemos que pagar, proviene de las últimas declaraciones de Ignacio Ezcurra antes de desaparecer en Saigón. ¿Cómo resuena esa frase a lo largo de la película?
Sí. Es algo que hablamos bastante, porque a medida que fuimos descubriendo más detalles sobre qué le sucedió y por qué, esa frase adquirió cada vez más vigencia. La dijo a la mañana del 8 de mayo de 1968 en una entrevista, horas antes de ser asesinado y que desaparecieran sus restos. Y una de las cosas muy interesante a lo largo de estos dos años de investigación fue la cantidad de información que se escondió aunque estaba disponible, de la que no se habló por varios motivos. Creo que él era conciente de que si algo le pasaba, quizás no iba a ser un tema que iba a ser muy investigado. Al menos hasta que llegamos nosotros, casi 60 años después.
-El documental involucra a la familia de Ezcurra, a historiadores y periodistas de tres países: Argentina, Estados Unidos y Vietnam. ¿Cómo lograste equilibrar la emotividad de los testimonios familiares con la investigación?
Digamos que no fue una tarea fácil. El documental nace de un descreimiento. A nosotros nos parecía muy raro que en una guerra tan filmada, tan fotografiada, con tantos periodistas acreditados como fue la guerra de Estados Unidos en Vietnam, un occidental, un argentino enorme (insólito para Vietnam), un tipo alto, flaco, vistoso, se pudiera bajar de un jeep en el cruce de dos calles en Saigón, que era la capital de Vietnam del Sur, rodeado de policías militares de Vietnam del Sur en un momento que no había combates, y simplemente desaparecer. ¿Se trataba realmente de que no había información o era el clásico caso de «no hay peor ciego que el que no quiere ver»?
Así que armamos tres equipos de investigación periodística. Uno en Estados Unidos, que trabajó con archivos y documentación en distintas universidades y archivos del gobierno de Estados Unidos. Encontramos documentación desclasificada de la CIA y de otras fuentes de inteligencia estadounidense. Y también tuvimos una colaboradora que fue quien realmente logró resolver el enigma: una periodista vietnamita que llamada Levan. Este ya es el tercer documental en el que trabaja sobre la guerra de Estados Unidos en Vietnam, y también ella siguió una pista japonesa. Así que también se trabajó en Japón. Y después en Argentina, donde obviamente nos enfocamos en encontrar esa información que creíamos que era básica para resolver las preguntas: quién lo había matado, por qué lo habían matado, dónde lo habían matado y exactamente qué había sucedido después de que se bajó de ese Jeep.
-Imagino que desde el comienzo del proyecto hasta ahora, que estás en la posproducción, deben haber habido cambios. ¿En qué sentido se modificó el plan inicial?
Es que seguimos muchas pistas falsas. Nos tomó tiempo entender que la verdad no era lo que parecía en un primer momento. Siempre se dijo que a Ignacio Ezcurra lo mató el Vietcong, la guerrilla comunista que operaba en Vietnam del Sur. Y nosotros dijimos: «Bueno, puede ser. Veamos también si la alternativa podría ser que lo mató la policía de Vietnam del Sur o las fuerzas de Estados Unidos». Para tratar de contestar esa pregunta, buscamos dos documentos que encontramos después de casi dos años de trabajo, pero que nos tomaron muchísimo trabajo. Por un lado, un informe de la Cancillería argentina. La Cancillería argentina había enviado a un diplomático a investigar lo que le había pasado a Ignacio Ezcurra. Ese diplomático anuncia que había preparado un informe y que se iba a publicar y compartir con la familia Ezcurra. Ese informe desapareció. No fue publicado y además nos dijeron que no fue compartido con la familia. En cambio, sabemos que el día que el diplomático anunció que había terminado el informe recibió un cable secreto de la Cancillería diciéndole que no hable más con periodistas.
Eso nos pareció raro. El presidente argentino era Juan Carlos Onganía. Era un gobierno militar, el canciller era Nicanor Costa Méndez (que luego volvería a ser canciller durante Malvinas). Nos dijimos: «¿Dónde está ese informe?». No estaba en los archivos de Cancillería, no estaba en el Congreso, en la Biblioteca del Congreso, etcétera.
Una segunda pista fue una foto de Ignacio Ezcurra muerto, que no permitía identificar el lugar exacto donde había sido asesinado. Cuando nos pusimos a investigar la autoría de esa foto, nos decían que la había sacado un fotógrafo japonés. La foto había llegado de la agencia Associated Press, una agencia de noticias estadounidense en Vietnam, pero, escuchá esto, increíblemente la Associated Press se había olvidado de anotar el nombre del fotógrafo japonés.
O sea, un fotógrafo japonés entra a las oficinas de Associated Press con una foto de un colega tuyo asesinado que hasta el día anterior estaba sentado en el mismo despacho (porque Ignacio Ezcurra usaba la oficina de Associated Press en Saigón) y a nadie se le ocurrió preguntarle: «Perdón, señor, ¿usted cómo se llama? ¿Para qué medio trabaja? ¿En qué hotel está parando?». Después de muchísimos esfuerzos y muchas pistas falsas, encontramos el informe de la Cancillería y adentro del informe la foto en mucho mejor calidad de la que teníamos. La encontramos en manos de un privado en una localidad en el interior de la Argentina que por el momento vamos a mantener en reserva. Y también tuvimos un golpe de suerte extraordinario porque el año pasado se cumplieron 50 años del final de la guerra de Estados Unidos en Vietnam.
-¿Un golpe de suerte modificó nuevamente los planes?
Sí. El actual gobierno de Vietnam en abril del año pasado hizo unas celebraciones por los 50 años. Entonces nos preguntamos si el fotógrafo japonés -el misterioso fotógrafo japonés a quien no le anotaron ni el nombre-, vivía todavía. Y aun más: si iría a las celebraciones. Así que mandé dos colaboradores a lo que hoy se llama Ciudad Ho Chi Minh y a cuanto japonés se cruzaban, le mostraban la foto. Hasta que milagrosamente, un reportero gráfico japonés de 87 años levantó la mano y dijo: «Sí, esa foto la saqué yo». A partir de allí no solamente nos dio un montón de información sobre las circunstancias en las cuales él encontró el cuerpo de Ignacio, sino que nos compartió tres fotos más de Ignacio Ezcurra fallecido que nunca antes se habían visto, sacadas con un lente gran angular que nos permitía ver el entorno donde él fue asesinado. Eso hasta nos permitió encontrar el lugar exacto de los hechos y a testigos que habían visto lo que había sucedido con su cuerpo. Esa información estuvo por 60 años, pero nunca se había investigado.
Definitivamente fue un golpe de suerte. Fuimos a un archivo de la guerra de Vietnam, vimos algunas miles de fotografías a ver si por casualidad encontrábamos una del cuerpo de Ignacio. Y fue una suerte extraordinaria encontrar al fotógrafo: ahí estuvimos, filmando en Argentina y en Vietnam.
-Qué investigación apasionante la de Un precio que tenemos que pagar en este tiempo de fake news, ¿no?
Sí. Y eso es algo de lo que nos cuidamos mucho. Hoy está muy de moda la inteligencia artificial. Y yo para hacer este documental puse una regla muy de señor mayor: no vamos a generar ningún material con la IA. Siempre está la tentación, cuando encontrás fotos de época, de animarlas para que se vean mejor. Nosotros hemos hecho un trabajo absolutamente sólido con Clara Preve, una sobrina segunda mía que fue corresponsal de guerra en Ucrania. Nos parecía interesante tener a una corresponsal de guerra contando la historia de un corresponsal de guerra argentino. También hubo mucha otra gente que aportó a nuestra búsqueda de información. Pero no generamos nada con la IA.
-Sin espoilear, ¿qué nuevo aspecto revela este documental?
Estando en Vietnam, una vez me desperté en el medio de la noche -como pasa muchas veces en Asia que hay una diferencia horaria tan grande-, y me di cuenta de que en realidad Vietnam no tenía tanta importancia. Que este era un documental sobre cómo manejamos información incómoda en Argentina. Ignacio podría haber muerto en México, en Bosnia, en Rusia, donde sea. Lo que a nosotros más nos llamó la atención es la actitud del gobierno argentino -del gobierno militar de Onganía- porque apareció información que no coincidía con las versiones iniciales de quién había matado a Ignacio Ezcurra.
No se trata de revelar todo -algunas cosas las vamos a dejar porque queremos enfocarnos en los hechos que son concretos y que tenemos documentados-, pero una de las cosas que más aprendí de este trabajo en particular —siempre aprendo de todas mis películas— es que no vale la pena tratar de ocultar las cosas, es mejor enfrentarlas de cara. La madre de Ignacio Ezcurra, que ya falleció, dijo una vez que si le hubiera sucedido a otro periodista lo que le sucedió a él, él hubiera sido el primero que hubiera querido investigar y aclarar el caso. Y eso fue nuestra guía, el norte que nos orientó durante toda la investigación.
-¿Quién fue el primer periodista que quiso investigar la muerte de Ignacio Ezcurra?
Estamos muy contentos de haber encontrado un material desconocido relacionado al viaje de Andrés Percivale, un periodista argentino que fue a investigar para Canal 13. Ese material estaba perdido. Y es esa búsqueda hubo una sombría coincidencia: el único otro periodista argentino que viajó a investigar la muerte de Ezcurra fue Enrique «Jarito» Walker, que era el secretario de redacción de la revista Gente. Como Ezcurra, tuvo una suerte trágica: en julio de 1976 fue desaparecido por la dictadura militar.
Julia Montesoro


