Bernardo Artus es un estudiante y joven creador argentino que, tras haber ganado la primera edición del Hack FIC.UBA, es uno de los veinte creadores de contenidos procedentes de once países se darán cita en la sexta edición de Hack Málaga, laboratorio de talento del Festival de Málaga. Integrado en MAFIZ, su área de industria, este espacio nació con la misión de forjar una comunidad donde los jóvenes aprendan a contar historias con la profundidad del cine y la fuerza de lo digital.
Artus es Licenciado en Diseño de Imagen y Sonido por la UBA y director y guionista de El eco en el caparazón de un molusco, su primer largometraje, actualmente en posproducción.
-¿Cómo fue el proceso del premio otorgado por el Hack FICUBA hasta llegar al Festival de Málaga?
Para ganar el premio hubo que atravesar tres desafíos. En uno hubo que hacer un autorretrato, en otro contar un mito o historia de la UBA y en el tercero había que mostrar cómo fue nuestra experiencia en el festival. Todos tenían que durar un minuto. Hubo 20 seleccionados y uno de ellos ganaba y viajaba a España. Hice una especie de mini musical de un minuto contando toda la experiencia de lo que viví y también cómo fue el festival en general. Creo que la razón por la que lo eligieron es porque pude contar con humor un poco todas las cosas buenas así como las que tampoco me gustaron tanto. Y tomé sobre todo formalmente elementos que estaban en el festival. Por ejemplo, había una muestra de Juan Gatti: tomé esos elementos y los usé para que el mismo video tenga esa gráfica que estaban exponiendo. Creo que eso sumó bastante. La gente me lo elogió mucho.
En cuanto al festival, nos pidieron que filmemos una ficción vertical. Con respecto a mí, seguí trabajando en proyectos personales. Estoy con un largometraje con el que hace rato estamos peleando en la posproducción para conseguir financiamiento. Aparte, trabajo como filmmaker y fotógrafo freelance.
-¿Cuáles son las actividades que tenés previstas en Málaga?
Estoy en un grupo con tres personas más ganadores de otros países, con quienes vamos a armar un proyecto entre todos. Usando cosas de estas microficciones que cada uno va a hacer, generaremos un proyecto compartido entre los cuatro. Entiendo que tendremos muchas charlas con gente de la industria que nos va a explicar cómo es esta nueva industria de las series verticales. Es una manera de plantear el presente y también el futuro.
-Málaga suele ser un puente de formación de nuevos cineastas. ¿Hay algún aspecto específico que te interese de tu participación? ¿Algo en lo que querés profundizar?
Me interesa conocer. Participar de charlas relacionadas con la tecnología, para saber de qué se está hablando ahora tecnológicamente, de cara al futuro. Supongo que tiene que ver con la inteligencia artificial, de la cual en verdad no soy muy amigo, pero está bueno saber qué se viene. Por otro lado, me interesa establecer contactos porque también me encanta escribir cine. Tengo un proyecto que estoy escribiendo y -quién sabe-, tal vez consigo alguien a quien le interese o que me ayude. Ese es principalmente mi foco. Además de eso, me entusiasma aprender de gente de otros países, ya que todos mis compañeros son de distintos países de Latinoamérica (algunos de España). El encuentro va a tener una impronta multicultural.
-¿Cómo sentís que la formación en la universidad pública argentina moldeó tu identidad como cineasta emergente?
Muy fuertemente. Charlo con amigos o gente que está en otras facultades y tienen formas de trabajar muy distintas. Siento que la UBA tiene esta cuestión de que todos vamos a hacer todo. Capaz que estoy en la dirección, pero también estoy en arte. Y saber de arte me ayuda con cosas de dirección. Es un camino muy comunitario: los proyectos se piensan en grupo. Y la toma de decisiones también.
Obviamente, a la hora de trabajar necesitás cierta línea y estructura. Pero siento que la facu me dio la libertad de aprender a trabajar de esa manera, que quizás en otras universidades es un poco más industrial. Creo que la UBA lo enseña de forma muy horizontal. Y también a atar las cosas con alambre, ¿viste? Porque no tenemos muchos recursos y hemos logrado hacer una película de ocho personas (lo cual es una locura) y casi sin plata. Siento que esas cosas me las dio la UBA. También la motivación de que se puede hacer sin recursos.
-¿De qué trata tu proyecto de largometraje?
El eco en el caparazón de un molusco trata sobre un chico, Manu, que viaja a Puerto Madryn a vender la casa de su hermano fallecido hace cinco años, de quien nunca se encontró el cuerpo. En el medio del camino se cruza con un caracol marino gigante en una playa. Se lo pone al oído y le empieza a hablar. Allí empieza su camino de intentar vender la casa y de duelar a su hermano. Este tema interno en una aventura un poco surrealista: hay puertas que llevan a otros lugares, barcos abandonados, lugares extraños. En el medio viaja con un amigo con quien tienen un vínculo muy lindo. Y también busqué poner en tensión las relaciones amistosas.
Julia Montesoro / Desde el Festival de Málaga


