Luis Puenzo, cuya obra quedó grabada a fuego en la identidad del país, falleció a los 80 años en la madrugada del martes 21. Fue director, guionista y productor y tuvo una relevancia mundial inusitada cuando el 24 de marzo de 1986 ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera por La historia oficial, la primera película argentina y latinoamericana en obtener este reconocimiento, un hito que coincidió con el décimo aniversario del último golpe militar en Argentina.
Pero más allá de sus méritos y reconocimientos por su obra cinematográfica, fue también un incansable luchador en la defensa del cine argentino. Luis Puenzo, Carlos Galettini y Adolfo Aristarain fueron los impulsores clave de la reforma de la Ley de Cine argentina en 1994 (Ley 24.377), que reemplazó al anterior Instituto Nacional de Cinematografía (INC) por el actual INCAA. Esta ley fue fundamental para asegurar el financiamiento del cine nacional a través de aportes de la televisión y la recaudación de salas.
Junto a otros cineastas, lideraron la movilización del sector para la reforma de 1994, buscando adaptar el cine a los cambios tecnológicos y garantizar fondos. Esta modificación consolidó el Fondo de Fomento, permitiendo la sostenibilidad de la industria argentina. A lo largo de los años, estos directores se erigieron en referentes frente a la necesidad de defender esta ley ante intentos de desfinanciamiento.
La lucha de estos directores se ha centrado en garantizar la soberanía audiovisual y el apoyo estatal para que el cine argentino pueda competir y desarrollarse.
Impulsado por el sector audiovisual, decidió asumir la responsabilidad de presidir el INCAA. Ocupó el cargo entre enero de 2020 y abril de 2022.

En los últimos meses se había alejado de la escena pública debido a complicaciones de salud. Su última actividad pública fue en octubre de 2025 al recibir el Premio Abridores de Caminos, otorgado por Abuelas de Plaza de Mayo al cumplirse 40 años del estreno de La historia oficial.
En aquella oportunidad fue entrevistado por GPS Audiovisual (ver enlace) y expresó, entre otros conceptos: «Tengo cuatro hijos que se dedican al cine -o lo que se llamaba cine, que ya no se llama más así, creo-. Por suerte son reconocidos y no han parado de filmar. Aunque estén filmando lo que ahora se llama series, para las plataformas. Con mucho esfuerzo, pero han conseguido filmar y no parar de filmar. Como todos los que surgieron después de la Ley. Me cuesta decir «gracias a la Ley» porque sería como arrogante, pero la Ley permitió una generación de grandes directoras y directores».

Su trayectoria en cine
Luis Adalberto Puenzo había nacido en Buenos Aires el 19 de febrero de 1946. Desde chico se interesó por el séptimo arte. Sus padres le regalaron una cámara 16 mm para un cumpleaños. Tras ser expulsado de la escuela militar, empezó a trabajar en una empresa de publicidad como dibujante.
Debutó como director y guionista en 1973 con Luces de mis zapatos, una película infantil protagonizada por Norman Briski. Poco después participó en la dirección del segmento Cinco años de vida, dentro del filme colectivo Las sorpresas (1975).
En esos años, como otros realizadores, ejercían su vocación en el ámbito de la publicidad. Fundó su propia productora, Luis Puenzo Cine, donde realizó cortometrajes y piezas comerciales que marcaron el inicio de una carrera que luego alcanzaría proyección internacional. Había dirigidos spots comerciales que se hicieron famosos para marcas como Peugeot 505 (rodado en París) Cinzano y en 1976, de tienda La favorita de Rosario, protagonizado por la entonces modelo Adriana Aguirre.
Puenzo fue el arquitecto de un momento fundacional: en 1985 estrenó La historia oficial, la película que puso los ojos del mundo sobre las heridas abiertas de Argentina. Protagonizada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, el filme abordó con una crudeza inédita la desaparición de personas durante la última dictadura militar, la apropiación de bebés nacidos en cautiverio y la incansable lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Además del Oscar, cosechó el Globo de Oro y distinciones en el Festival de Cannes, consolidando a Puenzo como un referente internacional.
Tras ese hito, Puenzo continuó su carrera con títulos de proyección internacional como Gringo viejo, basada en la novela de Carlos Fuentes y protagonizada por Jane Fonda, Gregory Peck y Jimmy Smits; La peste, adaptación de la obra de Albert Camus, con un elenco encabezado por William Hurt, Robert Duvall y Raúl Juliá y La puta y la ballena, una coproducción entre Argentina y España protagonizada por Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón.
La historia oficial hace historia

La historia oficial generó una inmediata conmoción desde el mismo momento de su estreno, el 3 de abril de 1985, menos de dos años después del regreso de la democracia. El público no salía de la sala igual a como había entrado. Muchos, por primera vez, escuchaban en voz alta lo que las paredes de sus casas les habían susurrado durante años: que el horror no había sido exageración.
-Antes del golpe del 76, se podría decir que había filmado una película y media, “Luces de mis zapatos” (1973) y un episodio de “Las sorpresas” (1975). No me había ido nada bien. Aunque me gustaba mucho el cine, para mí no tenía más sentido filmar. Pero cuando comenzó la guerra de Malvinas, empecé a querer filmar sin saber bien qué. Hacer una película sobre lo que nos pasaba, sobre todo al final de la guerra, cuando los chicos volvieron y se empezaron a saber todas las atrocidades que habían hecho los milicos. Empecé a investigar y estudiar cómo era la película que quería hacer. Y me fui acercando al tema de los niños desaparecidos, que me parecía uno de los temas más atroces del proceso, y al que yo podía estar más cerca por mis propias circunstancias. Porque no me había exiliado, estaba en Argentina, tenía tres hijos muy chiquitos y uno casi adolescente. Terminé de escribir ese primer cuento y a fines del 82 la llamé a Aída Bortnik, que había vuelto al país. Cuando le conté de qué se trataba la historia, me dijo que no se quería volver a meter con esos temas. “Aída, esto es lo que pasa”, le dije. Costó nada. Se enganchó de inmediato, reveló Puenzo a Julia Montesoro para La Nación.
Transcurre en 1983. Alicia, madre de la pequeña Gaby, da clases de historia en un instituto de Buenos Aires. Sus encuentros se dan en una situación muy favorable. Pero tras un encuentro con un amigo desaparecido en aquel entonces, Alicia comienza a dudar del régimen imperante, y sus certezas se tambalean… Emprende un lento y doloroso viaje en busca de la verdad que podría llevarla a la ruina. Sublimado por una pose escénica y una fotografía magistral, este drama político es una clara muestra de un premio de conciencia tardía, que le valió a Norma Aleandro el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes. Participan además Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe y Analía Castro.
La historia se desarrolla en los años finales del régimen militar. Alicia, casada con Roberto, interpretado por Héctor Alterio, un empresario enriquecido durante la dictadura comienza a dudar sobre el origen de su hija adoptiva. En paralelo, una amiga que vuelve del exilio, interpretada por Chunchuna Villafañe, le confiesa que fue torturada por tener una relación con un supuesto “subversivo” y que fue testigo del robo sistemático de bebés a mujeres detenidas. La sospecha de que Gaby podría ser una de esas pequeñas apropiadas se convierte en el centro de la trama, mientras la protagonista se enfrenta a su marido, a sus creencias, y a una verdad que no puede seguir negando.

El rodaje había comenzado en 1983, cuando todavía gobernaba la dictadura. El equipo era reducido y el ambiente, tenso. Además, circulaban rumores inquietantes: que hablaban de bebés apropiados, que los servicios de inteligencia seguían de cerca la producción. Algunos integrantes del elenco recibieron amenazas.
En 1986, un año después de su lanzamiento, La historia oficial reescribió su propia historia. La película, protagonizada por Norma Aleandro, Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe, Hugo Arana, Patricio Contreras y Chela Ruiz, en los roles centrales, más la niña Analía Castro y Pablo Rago ganó el premio más importante al que podía aspirar el cine argentino por primera vez en toda su historia.
«Muchos sentimos la necesidad de ayudar con lo que sabíamos hacer. Yo sabía hacer cine: había filmado Luces de mis zapatos y Las sorpresas. Pero estaba como retirado. Suena gracioso, porque era muy joven todavía. Pero en el Instituto había un comodoro, alguien que había entrado por la ventana -una situación parecida a la de ahora- y ya no quise filmar más. En el 76 había que llevarle un proyecto, un guion, a un comodoro. Y yo había decidido retirarme. Era un retirado de 30 y pico de años. Hasta que en el 82, durante la Guerra de las Islas Malvinas, pensé que tenía que volver a filmar. Fue como volver a algo que había abandonado. Y me puse a escribir la historia. En ese momento, sin ninguna intención o impresión de que podíamos exceder los límites naturales de una película muy chiquita, que además originalmente estaba pensada para hacerla clandestinamente», reveló Puenzo a GPS Audiovisual.


