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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Alejandra Almirón (directora) y Sergio Criscolo (productor) presentan «Llamarada» en el FIDBA: «Tratamos de contar una distopía y nos atrapó otra»

Llamarada, de Alejandra Almirón, tuvo su estreno mundial en el marco del 9º Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires, FIDBA9, dentro de la Competencia Argentina. Se trata de una coproducción entre Argentina y Noruega que tiene como punto de partida la pregunta acerca de qué pasaría si una tormenta solar similar a la que se produjo en 1859 (y que se denominó “el evento Carrington”) sucediera en nuestro mundo actual, tan dependiente de la tecnología.

Almirón vivió en carne propia una serie de apagones eléctricos en su casa del barrio porteño de Almagro, y a partir de allí, comenzó a reflexionar y se encontró con un tema apasionante e intrigante que la llevó a indagar más allá: las tormentas solares. 
Llamarada es un viaje personal y cinematográfico, introspectivo y catártico, de una montajista de cine que sufre cortes de luz en Buenos Aires y que se adentra en una distopía futurible y cercana.  En su búsqueda, descubre personajes que de alguna u otra manera están afectados por el tema. Y para ello viaja por Argentina, España, Países Bajos y Noruega. El productor es Sergio Criscolo, realizador de Volver a Boedo.
La película puede verse gratis y online hasta el Lunes 10 a las 20hs. en este enlace.

-Ayuda mucho a la mitología sobre Llamarada imaginar que el origen tiene que ver con los cortes de luz en la ciudad de Buenos Aires. ¿Cuánto hay de cierto?

Alejandra: Fue así. La génesis viene de cuando empecé a tener cortes de luz. Tengo mi oficina en casa; edito en casa y los cortes empezaron a inquietarme. Hay una parte de la película donde digo que no me lo tomo como una persona normal, porque siempre dramatizaba respecto de esos cortes. Por eso empecé a llevar un diario. A partir del gran apagón que hubo en el verano 2013/2014 -una ola de calor muy grande en Buenos Aires-, la zona de mi barrio estuvo casi un mes sin electricidad. Pasé casi un mes viviendo en hoteles porque mis familiares y mis amigos cercanos estaban sin luz. Decidí que eso debía ser un proyecto: hice un cuaderno al que titulé “Proyecto eléctrico”. En 2017 nos pusimos a trabajar con Sergio Criscolo y empezó a tomar forma asociar los cortes con las tormentas solares.

-¿Qué sabían hasta ese momento del Evento Carrington que, por otra parte, es el eje de la película?

Sergio: Fui productor de los documentales que realicé, pero no de la manera en que Alejandra me lo solicitaba, que era de una manera más profunda y con un proyecto que tenía perspectivas de ser una coproducción internacional. Cuando me lo propuso me sonó medio raro, pero creía en el proyecto y me parecía interesante, desde el punto de vista profesional, meterme con ese tema. Confiaba plenamente en lo que ella planteaba. Lo que me pasó fue que, a medida que íbamos produciendo la película e inclusive filmándola, cada vez que me iba enterando de más cosas me empezó a dar más miedo, porque lo que parecía algo super lejano o teórico empecé a sentirlo muy cercano y probable.

-¿Qué esperan transmitir al público a partir de este estreno en el FIDBA?

Alejandra: La película siempre fue una reflexión sobre nuestra fragilidad. Damos por sentado que en una ciudad toda nuestra vida es cómoda y tenemos todo a mano y, en realidad, no tenemos nada. Nada depende de nosotros y somos todos bastante inútiles para conseguir nuestros alimentos o para sobrevivir. Y, también, plantea una contradicción basada en mi personaje (y quizás, también en el de Sergio), que es hasta qué punto podemos aceptar irnos de la ciudad y vivir en el campo o dejar de lado este mundo digital tan cómodo. Yo, realmente, me planteo si vale la pena esa vida. Soy muy apegada a la tecnología. Casi que ni me acuerdo como era la vida antes, a pesar de no ser una “nativa digital”. Hay muchas personas a las que les parece más romántica la idea de estar en contacto con la naturaleza. No es mi caso. Pero me resulta pesadillesco que una ciudad deje de funcionar. Y en pandemia dejó de funcionar un poco. Esa sincronía nos asustó bastante a los dos: nos pareció muy loco que estábamos tratando de contar una distopía y fuimos atrapados por otra distopía. Estábamos a punto de ir con un Work In Progress a Málaga Wip: teníamos que estar el 16 de marzo. En esos días se desató la vorágine del encierro y todo se deshizo.

-Hemos llegado a un punto de alto desarrollo y alta dependencia de la tecnología, pero también de cierta peligrosidad, ¿o no?

Alejandra: Sí, porque todo depende. En realidad, cuando se corta la luz se acaba todo. Cuando una persona tiene un corte largo y vive en un edificio se queda sin agua y sin nada y, normalmente, se tiene que ir de ese lugar o sufrir mucho. Y si es un corte masivo desaparece todo: si no hay luz desaparece todo nuestro estilo de vida que implica tener dinero, alimentos, salud. Quedaríamos sin nada.

Sergio: Así como lo estamos relatando, parece una película de sesgo científico. Y creo que el gran talento que tiene Alejandra permitió lograr el punto exacto para que sea una película de autor, documental, con cierto sesgo ensayístico pero, a su vez, con información de algo desconocido. Cualquier historia en general debe tratar de lograr hacer descubrir mundos y, en este caso, me parece que la intención no es alertar a la población de que tiene que preocuparse de algo que no conoce, pero sí pasa por esta reflexión que dice Alejandra de cuánto damos por sentado cosas.

Cuando se corta la luz lo primero que uno piensa es en el ascensor, el agua y el wifi, pero tampoco sale nafta de los tanques. El que tiene un cuarto de tanque de nafta, va a tener un cuarto de tanque de nafta. Y así infinidad de cosas en que ni siquiera somos conscientes que depende de la luz.

Alejandra logró transmitir una reflexión de autor y una escritura de autor en la película, mezclada con información que es difícil de transmitir sin que parezca una película científica.

No es un documental hermético, en ese sentido. En todas las partes del mundo se está viviendo esta situación que tiene que ver con la realidad y hasta dónde estamos llevando las cosas. Alguien, en uno de los testimonios, lo comenta, ¿no?

Alejandra: En general, todos los personajes reflexionan -algunos más románticamente y otros más duramente-, en lo que sería un antes y un después. La película intenta que podamos ser concientes de las cosas que tenemos y las que podemos perder y, de algún modo, la vida automática que todos llevamos y que está muy lejos de lo humano.

No pretendo demonizar lo tecnológico, pero descubrimos a partir de 2020 que es un mundo atado con alambre. Aún en el Primer Mundo: cuando empezamos a hacer Llamarada, para mí ese Primer Mundo era algo sólido, que tenía todo garantizado. Nosotros éramos el Tercer Mundo, donde llovía y se apagaba la luz. Después descubrimos que todo el mundo está atado con alambre. Ahora en Europa se habla de los apagones, reconocen que tienen un sistema frágil. Por cuestiones geopolíticas pueden tener falta de gas y de energía. Es un mundo frágil y somos un poco engañados: no somos conscientes de lo que está arriba nuestro.

-¿Qué representa el FIDBA para ustedes?

Alejandra: A los dos nos gusta el festival. Yo estrené mi anterior película, Equipo verde y Sergio también exhibió la suya, Volver a Boedo. Me gusta un festival que se especialice en documentales: son festivales más cariñosos con el género, no es que están metidos en una vorágine de películas. Me gustó la idea que se estrene, me siento bastante adaptada. Entendemos que en una situación normal hubiéramos estrenado en salas.

Sergio: Tenemos la suerte que nos han seleccionado para la Competencia Argentina, donde hay muy buenas películas, y es un orgullo que podamos estar ahí siendo observados. La película ya dejó de ser de uno. Cada espectador la verá con una mirada propia, que uno ni se imaginó en el momento de la realización. Eso es lo mágico del cine.

Julia Montesoro

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