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DIRECCION EJECUTIVA: JULIA MONTESORO

Agustina Pérez Rial, Mejor Dirección en Mar del Plata por «Danubio»: «Hicimos una película de espías para contar mejor lo que queríamos narrar»

Danubio, de Agustina Pérez Rial, ganó el Premio José Martínez Suárez a la Mejor Dirección en el 36° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El jurado justificó el premio “por la original forma ensayística que minuciosamente enlaza y reconstruye tramas políticas ocultas durante una edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, más parecida al escenario de una película de espionaje.”

Con producción de Fiørd estudio y En otro orden de cosas, Danubio está situada en plena Guerra Fría. La dictadura de Onganía organiza el Festival de Cine de Mar del Plata como una manera de mostrar una imagen de apertura hacia el mundo, mientras continúan en el país la represión y la censura. A partir de un profundo trabajo de investigación que recopila los informes de inteligencia de la época y de un amplio material de archivo audiovisual, Danubio recrea, desde los documentos y la fantasmática de la vigilancia estatal, la historia de una resistencia secreta: una sociedad cultural de comunistas eslavos creada para infiltrarse en el Festival y establecer contacto con las delegaciones de los países socialistas. Al frío burocrático de los informes la película contrapone la calidez de una voz que da cuerpo a esos inmigrantes silenciados, a la vez que nos recuerda que ni la historia del cine ni la de este mismo Festival pueden entenderse si permanece anulada la memoria de quienes fueron perseguidos.

¿Cómo fue el proceso de investigación para la película? ¿En qué momento pensaron que podía dar lugar a un relato híbrido de docu-ficción?
En el año 2015 la guionista, Paulina Bettendorff, me compartió un primer material desclasificado de la DIPBA, la Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires: el LEGAJO N° 381, CARPETA N° 12, “IX FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE – VARIOS”. En ese legajo se hablaba de las persecuciones que, en plena Guerra Fría, había realizado el servicio de inteligencia sobre lxs delegadxs que venían del otro lado de la Cortina de Hierro, y también se narraba un hecho muy concreto y sugestivo: la realización de una fiesta para agasajarlos por parte de militantes comunistas y de un grupo de inmigrantes eslavos marplatenses, la Sociedad Cultural Danubio. En ese momento se inició un proceso conjunto de investigación que se extendió más de cinco años mientras, en paralelo, el hallazgo de fotografías, materiales televisivos y fílmicos en diferentes formatos y de distintas procedencias nos devolvió una visualidad sobre los años 60 y el Festival que desconocíamos y que cada vez nos fascinaba más. Fue durante ese proceso de encuentro con los materiales cuando decidimos hacer de Danubio un relato híbrido docu-ficcional realizado íntegramente con materiales de archivo.
Más allá de su carga documental, hay una estructura casi de película de espías y se mantienen las intrigas hasta el final. ¿Por qué decidieron darle esta forma?
La construcción de Danubio como una película de espías fue producto de la decantación de diferentes pruebas –más o menos fallidas– para poner en escena la historia que queríamos narrar, para la que sentíamos que un formato documental tradicional no resultaba la mejor opción. La película está construida como una ficción de época hecha con fragmentos de archivos y una voz en off femenina que los hilvana y cuenta una historia posible –no verdadera pero sí verosímil– de una joven eslava en los años 60 que se interroga sobre su condición de migrante, su militancia política, sus colectivos de pertenencia. En ella convergen una época y algunas preguntas que siguen resonando en el presente: las tensiones entre el peronismo y la izquierda, la relación entre cine y política, la inteligencia y las paranoias que cada estructura de poder construye y alimenta. La antagonista en la película, la DIPBA, fue construida a través no solo de extractos de los informes de inteligencia, sino también del trabajo minucioso de Manuel Embalse, responsable del diseño sonoro del film. El espionaje en el film no se construye siguiendo la lógica de un imaginario a lo James Bond: en Danubio el espía es un burócrata que junta y recopila papeles, que anota datos banales que luego se “usan” desde lugares de poder. 
Hay un trabajo muy rico en el diseño sonoro y en la narración en off. ¿Cuál fue la búsqueda en ese sentido?
Al trabajar con archivo mudo y fotografías fijas la mayor parte de la película, surgieron muchos interrogantes sobre qué información sonora dar y cuál no, particularmente sobre cuán extraña o cuán literal y realista debía ser la atmósfera de las imágenes: ¿cómo sonaba y qué se decía en las calles de Mar del Plata en 1968? ¿Cómo se escuchaban los radiotelegramas que se enviaban desde una casa en Falucho y Arenales hasta una oficina oculta debajo del Casino del Hotel Provincial? ¿Qué música se escuchaba en un cóctel organizado por el embajador ruso? Algunas preguntas tuvieron respuesta, otras nos llevaron a imaginar y construir hipótesis desde el diseño sonoro de la película. Abordar la película desde la ficción nos permitió jugar con la historia sonora de un momento particular del país. Realizamos jornadas de foley en el espacio de un coleccionista privado de fílmico y proyectores, Ariel Castro Ferro, trabajando con materialidades de la época: proyectores de 35 mm, grabaciones de cinta de escuchas telefónicas anónimas en Mar del Plata en los 60, magnetófonos de alambre y descartes de películas censuradas. Para hilvanar lo documental de los archivos de la vigilancia policial y el personaje ficcional construido fue necesario partir de la idea de estar dentro suyo, como mujer inmigrante, eslava y traductora, y desde ahí restituir su memoria sonora sensible, estar con ella es una invitación a les espectadores a vivenciar ese IX Festival de 1968.

(Entrevista: sitio oficial del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata)

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